La “Chanchería” Corti cumplió 60 años ofreciendo la mejor calidad
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Hace seis décadas Amadeo y Abel Corti se propusieron crear un emprendimiento que les permitiera vivir de lo que más les gustaba, pero nunca imaginaron que esta iniciativa familiar iba a prolongarse por generaciones, marcando la diferencia y creando la figura de “La Chanchería”.
Hoy Guillermo, junto a su hija Lorena, encabezan este tradicional comercio sampedrino que desde que se fundó estuvo emplazado en la intersección de las calles Obligado y Rivadavia. Desde allí y con un gran esfuerzo familiar siempre se preocuparon por ofrecerle al público la mejor mercadería, la mejor carne, de cerdo en diferentes cortes, embutidos y caseros.
En una emotiva charla Corti resumió a La Opinión todas las etapas que ha vivido, desde que su padre y su tío establecieron su carnicería en 1952. Guillermo recuerda que en aquel momento “tuvieron que hacerse de un matadero de campaña, tenían que ir a buscar los animales a la chacra”, describe y compara con la situación actual en la que todo se maneja con alimentos balanceados, criaderos y creación por genética.
Sentado en un rincón de la carnicería que albergó sus juegos de infancia, recuerda a todos y cada uno de sus clientes y asombrado de lo que pasaba hace 20 años relata: “La hamburguesa, el pollo, la carnicería en sí era una novedad; la gente venía a comprar la morcilla con el plato en la mano y se la llevaban caliente, recién sacada de la olla”.
Siempre trabajando con carnes de primera calidad, con alimentos no perecederos e intentando preservar la calidad, relata que como todos ha vivido momentos difíciles para sostener un comercio que en su creación fue novedad pero luego sufrió embates económicos y la aparición de una competencia menos artesanal. “En la vida hay siempre momentos difíciles por los sistemas económicos que vivimos en este país, cuestan los altibajos, cuesta la competencia pero nosotros siempre competimos con calidad y no con precio”, relata y sonriente agrega “el precio cambia, la calidad nunca se olvida”.
Entusiasmado con todo lo que recuerda y emocionado de saber que ya tiene alguien a quien pasarle la posta, mira a su hija Lorena que lo acompaña cada día en la carnicería y susurra: “Ahora estamos encaminados, mi hija tiene ganas de seguir”, y sonríe sabiendo que los sampedrinos tendrán por mucho tiempo más un comercio en quien confiar a la hora de elegir la especial “sobresada”, el “queso de chancho”, las bondiolitas, la carne para los asados de los domingos, hamburguesas con amigos o unos choripanes de campaña.
Finalizando, Corti se animó a dejar un consejo a los más jóvenes y les recomendó continuar con los emprendimientos familiares, tal como lo harán Lorena y Facundo, “hay que seguir con lo que los padres han hecho porque en familia siempre se puede y siempre se sale adelante”.
