La barra del “Cascarita”
Un grupo de ocho amigos adquirió en Septiembre de 2003, un viejo colectivo con la idea de acondicionarlo para viajar juntos a las carreras de Turismo Carretera, una pasión que todo el grupo comparte. Entre mates y decenas de asados trabajaron para poner en condiciones la vieja unidad que, cuando la compraron, estaba completamente descascarada y por ese motivo decidieron bautizarlo “Cascarita”.
:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/media/2020/07/127225791923248.jpg)
La pasión que comparten por el Turismo de Carretera, la competencia automovilística más importante del país, los llevó a pensar en un proyecto compartido para poder movilizarse todos juntos.
Una noche, un integrante del grupo de ocho amigos, que se conocen desde la infancia y del secundario, comentó que un vecino vendía un viejo colectivo Mercedes 911 modelo 1959 y que por las características, se acercaba a lo que estaban buscando. Sin más que pensar, fueron a verlo y terminaron comprando el descascarado micro pintado de un deslucido celeste y gris por 5.000 pesos.
La compra se concretó en Septiembre de 2003 y solamente ellos imaginaron cómo quedaría restaurado. A la distancia aún se ríen recordando la cara de sorpresa del resto de los “socios” que no tuvieron reparos en decir que estaban locos por haber comprado “chatarra”, porque por su estado, estaba a un paso de ir derecho a un desarmadero. No les importó y días después planificaron cómo sería la restauración.
Mientras tanto Facundo, Cristian, César alias “Chicho”, Graciano, Agustín, Mariano alias “Chapa”, Andrés y Mariano alias “Topo”, siguieron viajando a cada uno de los circuitos de competencias en sus autos y dormían en carpas en los predios de los autódromos, aunque siempre pensando que en poco tiempo más, lo harían en el remodelado colectivo.
Inmediatamente lo bautizaron “Cascarita” y la barra comenzó a trabajar.
Pactaron juntarse dos o tres veces por semana hasta ponerlo en condiciones para el primer viaje y respetaron esa organización hasta el último día. Es así que, luego de sus trabajos, los ocho amigos y otros que también se sumaron, emprendieron la ardua tarea de desarmar pieza por pieza para poder restaurarlas.
Como se habían quedado con poco dinero, de a poco fueron comprando los repuestos y todos los accesorios necesarios para poner el ómnibus en marcha. Lo que no podían comprar, trataban de conseguirlo a través de otros conocidos y así fueron sumando una gran cadena de colaboradores.
Las jornadas de trabajo fueron amenizadas con buenos asados, a los que se sumaron, con el tiempo, otros allegados que también dieron una mano para concretar el emprendimiento. Algunos cortando, otros pintando y la mayoría, siempre encargados de preparar la comida.
Cuando todo estuvo listo, lo pudieron pintar con las latas y colores que encontraron cada uno en sus casas. Actualmente, “El Cascarita” está pintado de blanco con rayas en diagonal color azul, gris y roja.
Listo para salir
De a poco el viejo colectivo, que durante muchos años realizó viajes transportando frutas y verduras, fue tomando color y el sueño de estos emprendedores empezaba a visualizarse. La meta que se fijaron fue la de estar presentes en la competencia de TC del 3 de Julio de 2005. Y así fue como trabajaron contra reloj para embarcarse en el primer viaje.
Cuentan algunos amigos que tuvieron miedo de que el colectivo los dejara en la ruta, pero afortunadamente esta situación nunca se dio desde que lo pusieron en condiciones y siempre pudieron arribar a destino sin desperfectos mecánicos.
“Cascarita” fue preparado con todas las comodidades, entre ellas mullidas butacas, cuchetas para poder dormir y luz proporcionada por un generador que alguien les prestó.
Desde la puesta a punto, la barra no se perdió ninguna carrera y estuvo presente en las competencias de Rafaela, Paraná, Río Cuarto, Buenos Aires y 9 de Julio para alentar a los corredores.
El micro no parte desde San Pedro sin cargar las provisiones para pasar los tres días que dura cada viaje. No faltan los asados, pollos y el tradicional disco para poder cocinarlos. Hasta se han asado lechones frente a las miradas y sana envidia de otros seguidores de las marcas que compiten.
“Cascarita” ya es famoso en todas las carreras; en muchas oportunidades la barra fue fotografiada y hasta lograron ser reporteados por medios de las ciudades donde permanecen.
La barra del Cascarita ya recorrió miles de kilómetros y dicen que aún no se animan a viajar más lejos.
Entre las anécdotas, este grupo de amigos recordará la vez que por equivocación terminaron dentro de la pista del autódromo de la ciudad de Rafaela. Les habían indicado la salida, pero por error tomaron un camino que los condujo directo al circuito y no lo dudaron. Como si hubieran ganado la carrera, dieron una vuelta completa ante la mirada de todos los que se encontraban presentes en las tribunas. Las fotos de ese momento atestiguan la hazaña y las miradas atónitas de quienes no podían creer que un viejo colectivo, con más de 10 amigos a bordo se diera el gusto de recorrer el circuito donde minutos antes habían visto a sus ídolos coronarse en los primeros puestos.
