La aventura de los sampedrinos que sobrevivieron en un cráter
Un grupo de amigos partió a La Rioja para conocer Corona del Inca. Algunos quedaron en el camino y dos debieron pasar más de 20 horas con 15 grados bajo cero esperando ser rescatados. La camioneta en la que se trasladaban aún permanece dentro del cráter.
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Partimos cinco camionetas con la idea de pasar de La Rioja a Catamarca”, relató a La Opinión el ingeniero y mecánico sampedrino Martín Iturburu, quien junto al bioquímico del Hospital Adrián Spotti pasó toda la noche dentro de su camioneta a más de 5000 metros sobre el nivel del mar y a la espera de ser rescatados por Gendarmería.
Habían ido junto a 17 amigos más hacia La Rioja para conocer el cráter Corona del Inca, una de las vistas más bellas de esa región, en la cima de la cordillera de Los Andes y en medio de un grupo de volcanes.
Los amigos salieron en sus 4×4 para alcanzar ese lugar, desde donde puede apreciarse un lago de un azul único. Arena blanda, ceniza volcánica y piedras forman parte del camino.
“Había llovido mucho, la gente empezó a transitar por el lecho del río y se encajaron”, contó Iturburu y agregó: “Tres camionetas quedaron enterradas hasta el eje, cuando quise volver a ayudar me congelé”. Por ello, rápidamente decidió volver a su vehículo y continuar con el viaje, por la hora.
Corona del Inca es un lugar donde recomiendan llegar al mediodía, preferentemente con guía y tras avisar a los puestos de Guardafauna y Gendarmería de la zona.
El sampedrino que relató a La Opinión su odisea ya había ido hace cinco años allí, junto a su familia. “Llegás y desde un balcón ves el fondo del lago, una hermosura”, describió. Sin embargo, en esta oportunidad el panorama era otro: una nube tapaba todo, tanto que les impidió ver que habían traspasado el balcón y estaban transitando el descenso hacia el cráter.
Iturburú relató que cuando se dio cuenta que estaba recorriendo ese camino tan arenoso intentó volantear para no seguir bajando, pero su Nissan Terrano II se fue de costado, con riesgo de volcar, por lo que decidió dejarla caer hasta que se encaje en algún lugar y una vez sucedido ello tratar de sacarla.
“Intentamos destrabarla dos veces, pero el esfuerzo físico era enorme, no te da la respiración”, expresó y agregó: “La última vez me encaje muy mal, y decidimos prepararnos para pasar la noche”.
La hora más difícil llegó cuando cayó la noche y todo se oscureció. Se abrigaron bien, ya que habían llevado frazadas y ropas de abrigo; armaron un cronograma para encender la camioneta cada media hora, accionar la calefacción y evitar dormirse.
Fue tanto el frio que hacía en el lugar en ese momento que para que todos tomen idea Martín contó que “se formó hielo del lado de adentro del vidrio de la camioneta”. El termómetro marcaba quince grados bajo cero.
Fue allí cuando empezaron a pensar en todo lo que habían estudiado para estar bien de salud allí: beber mucha agua, comer unas barras de cereal y tomar algunos analgésicos, “porque el cerebro se te hincha por la gran presión”, contó.
Unas veinte horas después lograron hacer contacto con el resto de los sampedrinos que habían quedado en otro sector y ellos se comunicaron con Gendarmería para que los rescate. “Nuestro error fue que cuando salimos no le avisamos a nadie”, reconoció Iturburu.
Cuando fueron rescatados por Gendarmería vivieron lo peor: “Quise volver a sacar una vez la camioneta y allí nos agarró el viento blanco”, señaló. Se trata de la caída de nieve en las zonas de altas latitudes, que arrastrada por el fuerte viento ciega la vista y es capaz de sepultar todo a su paso.
La tormenta los obligó a retornar de a pie y dejar la camioneta en el cráter. La caminata fue dura: “Hacíamos cinco pasos y parábamos cinco minutos a respirar”, precisó y añadió: “Nos llevó una hora y media hacer 1.200 metros”
La Nissan Terrano II quedó “en La Rioja dentro del cráter, el guía y otro muchacho, muy bien dispuestos, dijeron que iban a sacarla”, contó Iturburu y por ello decidió volver a San Pedro, ya que para intentar sacar el vehículo de allí deben esperar a que pase la época de temporales.
“No tuvimos miedo, pero no sé si fue por la inconciencia de uno o qué… pero estoy acá y todavía no caigo”, dijo Martín. “Cuando vi que dentro de la camioneta la pasábamos bien me relaje”, agregó.
Disfrutar del paisaje
“La belleza que tiene es difícil de describir con palabras”, sostuvo Iturburu y por eso, pese a la situación que estaba viviendo, no dudo en salir de la camioneta para apreciar el paisaje.
“Pude apreciar la claridad del cielo, se ve una infinidad de estrellas”, comentó y aseguró que aunque no tenía el mejor de los ánimos lo que vivió en ese momento es indescriptible. “Camine hacia el lago a las 9.00 de la noche, justo antes de que oscurezca”, contó y agregó: “Gabriel me tenía que gritar desde arriba porque no veía nada”, demostrando que realmente estaban en una situación complicada.
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la experiencia
Más de un año estuvieron para preparar este viaje, que terminó con una anécdota que podrán compartir toda la vida con quienes los acompañaron en esta experiencia. Además de Martín Iturburu y Adrián Spotti, algunos de los sampedrinos que viajaron fueron: Pablo Amorena, Sergio Martín, Fernando Fontella, Eloy Camacho, Alejandro Páez, Germán Chunco, Hugo Pingray, Mario Rojas y su hijo Cristóbal, Sergio Ocampo, “El Cabezón” Rolfo, Juan Novo, “El Gallego” Mahón y Facundo Giuliano.
