JUNTOS repartimos alimentos POR SAN PEDRO
La concejal Sandra Mari estuvo el jueves en el barrio San Miguel para entregar bolsones de mercadería de la Secretaría de Desarrollo Humano, cuyo coordinador es su esposo Néstor “Yayi” Chávez. Los vecinos aseguran que no se trata de asistencia social sino que se lo dieron a cambio de firmar una ficha de afiliación. La situación tuvo lugar a una semana de que el Intendente creara un nuevo partido para competir en las elecciones y para cuya candidatura necesita una importante cantidad de avales.
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Guacone tenía todo para ser el candidato a Intendente, le faltaba partido político y hace unos pocos días creo “Juntos por San Pedro”, contando con el apoyo de Néstor “Yayi” Chávez y su esposa, la concejal Sandra Mari, entre otros. Pero para llevar adelante un partido político y una candidatura se necesita algo básico: afiliados y avales. Allí tomaron un papel fundamental la edil y su marido, quienes fueron al barrio San Miguel a intercambiar mercaderías por firmas en una ficha de afiliación.
Durante la semana pasada una chica de no más de 27 años que vive en la calle Cruz Roja al 1900 le entregó a sus vecinas unas planillas y las invitó para que el jueves vayan a su casa porque iba a ir el matrimonio a entregarles una bolsa de mercadería.
“Dijeron que la planilla era para afiliarnos al partido Justicialista, pero no decía el papel, sólo decía partido y nada más”, relató una de las personas que tuvo en sus manos la hoja y se negó a firmar algo que no sabía de donde provenía. Además, agregó: “Me dieron tres planillas, pero yo no me caso con nadie, no firmo ningún papel para ningún político. Me pidieron la fotocopia del DNI para que hoy me den todo y les dije que no”.
Según relataron los vecinos, la chica que invitó a todos les dijo: “Si no firmás, no te llevás la bolsa de comida”, pero pese a ello quienes en un principio se habían negado a rubricar prometieron concurrir igual e intentar conseguir la mercadería de todas maneras.
Según informó la “puntera” del barrio, Mari estaría llegando al lugar entre las 15.00 y las 15.30 del jueves, y así fue. Pocos minutos habían pasado de las tres de la tarde cuando una camioneta municipal blanca, patente ETT 847, arribó al lugar. Minutos antes, los dueños de casa habían estado acomodando, barriendo y recibiendo a quienes iban a ser los beneficiarios de la dádiva. Se notaba que algo estaba por pasar. Los vecinos llegaban de a poco, algunos en bicicleta otros caminando, hablaban en la vereda, preguntaban si iban a ser puntuales.
Antes de que lleguen, La Opinión averiguó cómo actuarían la Concejal y su marido. La respuesta fue rápida y sencilla: “El auto lo paran de costado, él se queda sentado, ella baja, deja todo y se va rápido”. Fue tan preciso el relato que se notaba que no era la primera vez que estos dos políticos visitaban la zona.
Cuando los dueños de casa y los futuros “beneficiados” estaban por sentarse en la puerta a esperar a las visitas, vieron doblar una camioneta blanca y rápidamente guardaron las sillas, se acercaron al automóvil, saludaron a Sandra Mari y comenzaron a bajar de la chata unas 15 bolsas negras con las que ingresaron al domicilio.
Chávez aguardó en la camioneta mientras que Mari bajó, papel en mano, a intercambiar una bolsa de alimentos por una firma de afiliación. El papel sería una planilla muy similar a las que tienen en Desarrollo Humano para tomar nota de quiénes son los beneficiados y qué se les entrega a cada uno.
En algún lado debía quedar sentado a quién se le entregaron todos esos bolsones de mercadería pertenecientes a programas sociales con los que la Secretaría asiste a personas en situación de vulnerabilidad social y que fueron entregados por una concejal, lo que excede sus funciones. Las primeras bolsas que bajaron tenían unos diez productos: fideos varios, yerba, leche en polvo, aceite, harina, polenta y puré de tomates, todos con la estampa de “Desarrollo Social Buenos Aires La Provincia, prohibida su venta, producto no comerciable”. Los presentes se retiraron con por lo menos una bolsa con estas características. Todos se iban rápido, ya que Sandra Mari no paraba de decir: “Tengo muchas cosas que hacer, estoy apurada”, mientras les pedía nombre, apellido y número de documento para anotarlos en la planilla que en ningún momento dejó de sostener.
Una vez que la mayoría de las mujeres se fueron –no eran más de 6 ó 7–, Mari volvió a la camioneta acompañada por la dueña de casa, que recibió una caja con dimensiones más importantes, más una bolsa que a simple vista se notaba que no tenia la misma cantidad de productos que las bolsas negras repartidas entre los demás.
Dentro de la camioneta, Chávez aguardaba que su mujer termine su trabajo, tal cual habían adelantado diez minutos antes de que lleguen. “El nunca se baja”, habían informado, y así fue. Se quedó en la camioneta, mirando a cada segundo su teléfono celular, se lo notaba incómodo y vigilaba desde el espejo retrovisor como si imaginara que alguien lo estaba observando. Tan incómodo se lo notó que, una vez que su mujer se subió a la camioneta, salió a alta velocidad por calle Cruz Roja.
Esto no es algo nuevo en el barrio y mucho menos los conflictos políticos. Hace unos ocho años en ese mismo lugar dos referentes habrían discutido y hasta habría tenido que intervenir la policía.
Todos los políticos entregan alimentos, colchones, chapas y otros productos durante sus campañas en busca de conquistar el voto de la población, pero llegar al límite de entregar mercadería de Desarrollo Humano para afiliar a un partido político ya es extremo y, para empeorar la situación, en un vehículo municipal y con mercadería que el Estado provincial destina a los que más necesitan como ayuda.
