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    #JuanitaReportera presenta: Nelson Biglieri se retira de la medicina

    El reconocido pediatra convocó a Juanita para, a través de ella y de La Opinión, contarles a varias generaciones de pacientes que, tras 50 años de profesión y ya jubilado, el proceso de recuperación tras una cirugía le demandará un tiempo prolongad por lo que tomó la decisión de retirarse definitivamente del trabajo al que le dedicó toda la vida.

    6 de marzo de 2020 | 18:37
    #JuanitaReportera presenta: Nelson Biglieri se retira de la medicina

    Por Juanita Lafalce

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    Nelson Bilgieri es mi pediatra y fue mi primera entrevista como Juanita Reportera, en junio de 2018. Un año más tarde, junto a sus colegas de Infantia, le dimos una sorpresa para celebrar sus 50 años como médico. Ahora, me convocó para contarme y contarles a todos los sampedrinos que, finalmente, tomó la decisión de dejar de trabajar.

    Me recibió en su casa. Emocionado y agradecido, reveló por qué ya no podrá seguir trabajando en la profesión que ama y a la que le dedicó toda su vida.

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    Sentados en su mesa, le pregunté cómo se encontraba y me dijo que “bien, relativamente”. Entonces, me contó: “Me pasó algo que me determina que quiera avisarle a la gente que no voy a seguir trabajando. Porque me operaron en noviembre”. Lo dijo emocionado y agregó: “A los tres o cuatros días de la operación, que no fue una mala praxis, sino que por la postura por la cirugía que duró cuatro horas a los días no pude empezar a mover el brazo”.

    Los médicos le informaron que eso “se llama paresia de la quinta raíz cervical”. Algunos profesionales le dijeron que “en seis meses, un año se puede recuperar” pero otros  no fueron tan optimistas: “Me dijeron que no me haga ilusiones de recuperar todo. De hecho recuperé bastante pero me falta muchísimo”, señaló.

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    En principio, el doctor Biglieri tomó licencia por enfermedad, pero luego tuvo que asumir que, ya jubilado y con 50 años de profesión, era tiempo del retiro. “Estoy tomando la decisión de no volver a trabajar porque, como esto es lento, me voy a jubilar definitivamente y como a la gente le decía que yo no me iba a jubilar porque estaba muy tranquilo con mi trabajo, les quiero avisar porque no es que yo les mentí, sino que fue algo totalmente imprevisto”, comentó.

    “Me hiciste un reportaje cuando yo cumplí, el 13 de agosto, 50 años de pediatra y en San Pedro acabo de cumplir, en febrero, 44 años. Empecé como pediatra el 16 de febrero del año 76”, recordó el reconocido médico.
    “Por un lado quiero avisarle a la gente y por el otro tengo un montón de gente que ha confiado varias generaciones en mi trabajo médico y la verdad que estoy totalmente agradecido a San Pedro en ese aspecto, porque tuve una suerte increíble”, aseguró.

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    Biglieri rememoró aquel 16 de febrero de 1976 en el que comenzó a trabajar en la ciudad. “El primer caso fue puesto como a medida: un chiquito que derivaron al Hospital del Niño Gutiérrez y no había cama ni en ese ni en otro Hospital. Estaba una médica interna de ese Hospital que había sido compañera mía y le dice: ‘¿Usted de dónde viene?’.  ‘De San Pedro’. ‘Bueno, vuélvase a San Pedro, que allá la va a atender el doctor Biglieri’. ¡La gente ni sabía que había un doctor Biglieri!”.

    El paciente llegó a San Pedro y el médico ordenó que le practicaran todo tipo de análisis. “Descarté meningitis, septicemia, todo tipo de enfermedad de recién nacido con fiebre”, contó y reveló: “Me animé a hacer algo que hoy no haría: no le puse antibióticos ni nada para bajarle la fiebre y le dije a la madre en tres o cuatro días desaparece la fiebre o le aparece algún brote”.

    “Los dueños de la clínica tampoco sabían a quién habían traído a San Pedro. Estaba el chico internado con la madre en la habitación 15 y yo descansaba en la 16, porque no tenía casa”, contó Biglieri. Entre carcajadas, recordó que los titulares del sanatorio, los médicos Eslaco Frisch y Eduardo Liljesthröm, le preguntan a la madre del niño qué le había recetado el pediatra. “Nada. Que lo bañe y le baje la fiebre”, fue la respuesta. “Cuando sale de ahí, Frisch le dice a Liljesthröm: ‘Este que trajimos es más loco que yo o sabe en serio'".

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    “San Pedro en ese aspecto me trató, de entrada, muy bien. No pagué derecho de piso. Al mes, mes y medio, estaba trabajando con el consultorio a pleno, después en la clínica San Pedro, estuve en el Hospital muchos años, estuve en los centros de salud, terminé el último centro de salud en La Buena Moza, en todos lados me trataron de forma excepcional, ya llevo tantos años, 44 años, así que me siento un sampedrino más y totalmente agradecido con la gente y a todo lo que me pasó acá, que fueron todas cosas buenas”, recordó entre emociones.

    Pregunté a quién estaba agradecido y enumeró: “Hay un grupo de gente fundamental de estos últimos tres años, divinas, las chicas de Infantia, todo el grupo, secretarias, empleadas, y las pediatras, unas genias, porque me hicieron el trabajo a mí muy, muy fácil. Me mimaron, me atendieron, me cuidaron, prácticamente trabajaba dos horas a la mañana y tres horas a la tarde, hacían las guardias, la atención a los recién nacidos, pediatras muy bien formadas y divinas personas, sin egoísmo, sin celos, una cosa que no la viví en ningún lado, es excepcional, cuatro pediatras más la doctora Morales, unas genias, a las cuales les tengo que estar muy agradecido”, dijo.

    También agradeció a las distintas generaciones que confiaron en él y destacó la carga afectiva que la gente le brinda, haciéndole notar el cariño y el afecto. Reconoció que trabajar con niños es divino, porque van y lo saludan con alegría ya sea en la calle o el club. “Es muy reconfortante, muy lindo y creo que lo voy a extrañar mucho”, aseguró.

    Al consultarle sobre la determinación que tomó, me di cuenta de que no fue fácil. “Es una decisión que no fue pensada. Siempre creí que me iba a preparar para la jubilación y a raíz del post quirúrgico se aceleraron los tiempos y se me hace mucho más difícil, porque es una decisión que no maduré. Como te dije anteriormente, la vida es algo que uno planifica mientras transcurre ella por otro lado. Bueno, así me pasó siempre”, me explicó con voz entrecortada. “Fue una decisión mía, porque no quiero ir a trabajar en estas condiciones”, agregó mientras me mostraba que a uno de sus brazos aún le falta recuperar movilidad y, según él, le demandará un largo tratamiento.

    Para cambiar un poco el ambiente decidí preguntarle por algunas historias que vivió, porque tras estos 50 años de médico debe tener un montón de anécdotas. “Esa que te conté de mi primer caso es una, y después me han ocurrido un montón de cosas, que no las tengo anotadas pero me voy acordando. Te voy a contar una muy graciosa: una vez me llaman a las tres de la mañana por un chiquito en la clínica”, contó y reprodujo el diálogo con la madre:

    –¿Qué le pasa?
    –Tiene diarrea.
    Biglieri contó que el niño tenía “los ojos medio hundidos” y se lo veía deshidratado.
    –¡Pero señora! ¿Cuándo empezó esto?
    –Y, hace tres días.
    –¿Cómo no consultó antes?
    –A la tarde yo lo llevé a la señora y como no seguía bien se lo traje a usted.
    (“La señora” era la curandera, advirtió Biglieri)
    –Bueno, haga una cosa: la próxima vez haga al revés. Me ve a mí a las cinco de la tarde y a tres de la mañana a la curandera.
    –No, no. Ya me dijo la señora que a las nueve de la noche se le van los poderes.

    Nos reímos y al despedirme le agradecí por brindarme mi primera entrevista y le dije que me alegraba haber podido festejar sus 50 años en esta profesión, de haberlo conocido y que también haya sido mi pediatra.

    Todo el que esté leyendo esta nota sentirá la nostalgia de un pediatra que no era sólo eso, sino que te hacía sentir la confianza y el cariño de un amigo. Él logró el reconocimiento y cariño de un montón de sampedrinos, ya sea que haya sido su pediatra o no, porque seguramente a algún conocido o familiar Nelson ha atendido. Espero su pronta recuperación así puede disfrutar su jubilación, como  merece.

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