Jonathan Galván, el príncipe de los reintegros
El exsecretario Privado y de Prensa del gabinete pasó facturas por reintegros para que le devuelvan dinero que puso de su bolsillo por casi 600 mil pesos.
La Rendición de Cuentas del ejercicio 2017 revela que el exsecretario Privado y de Prensa del intendente, Jonathan Galván, ahora director administrativo del Concejo Deliberante, cobró casi 600 mil pesos de “reintegros” por gastos que hizo para la Municipalidad y pagó de su bolsillo.
Es habitual: el secretario o director pone el dinero que haga falta ante una urgencia o eventualidad, pasa las facturas y cobra luego el reintegro. Lapiceras, combustible, ensaimadas, cualquier cosa que implique un gasto del funcionario relacionado con su tarea al servicio del pueblo.
En el listado de “proveedores” que cobraron sus facturas, Galván aparece con 31 órdenes de pago por reintegros que suman en total 579.798,39.
El gobierno retomó su “política de transparencia” y ahora publica nuevamente los sueldos de sus funcionarios, aunque en lo que aparece publicado faltan las bonificaciones que perciben, que según el último decreto vigente ascendían al 50 por ciento.
En diciembre, último mes de Galván como miembro del Ejecutivo, los secretarios como él tenían un sueldo bruto de casi 60 mil pesos; en promedio, el sueldo en mano era de 43 mil.
Jonathan Galván no tenía otro trabajo. Antes de ser funcionario era un estudiante de Economía con magros ingresos. Es decir que, de acuerdo a las facturas que rindió para cobrar reintegros, gastaba más plata de la que cobraba en cosas por las que luego pedía devolución a la Municipalidad.
En el listado de reintegros al que tuvo acceso La Opinión, y cuyo escandaloso detalle revelará en los próximos días, aparecen devoluciones de diversos montos. Hay facturas de 66.000, 48.000 y 42.000 pesos, también de 22.000, 11.000 y 10.000. Las de menor monto son de 1.500, 3.000, 4 mil, 5 mil y 6 mil pesos.
En el listado hay de todo. La mayoría es por combustible para viajes a ministerios que hizo el intendente –que siempre viaja en su auto o en el de la Municipalidad y nunca en el Volkswagen Gol rojo de Galván–, a veces con otros funcionarios y siempre con “refrigerio” incluido –cuyas fechas de facturación no siempre coincidirían, por cierto– y hasta para “recorridas” por localidades que coinciden con la campaña electoral.
Almuerzos del “equipo de comunicación” o compartidos con el personal de la Privada; cenas en Vicente López donde el sushi era el plato recurrente; presentes para funcionarios de visita o para empleados que se jubilaban y hasta lechones con personal municipal en plena campaña figuran entre sus gastos a ser reintegrados.
Galván tenía además la costumbre de solicitar dinero por adelantado para algunos eventos, cuyo gasto luego rendía. Entre ellas llamaron la atención la gran cantidad de contrataciones a una empresa para hacer sonido en actos, a pesar de que el gobierno tiene personal y equipamiento para esa tarea.

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