Huerta Niños: Sembrarás la indiferencia y cosecharás tu vergüenza
El pasado viernes se realizó la cena organizada por la Fundación Huerta Niños con el objetivo de recaudar fondos para cultivar un terreno cedido por la Municipalidad a la que asistieron menos de 30 personas. El cocinero Martiniano Molina que trabaja para la ONG cocinó para 150 personas, pero insistió en una revancha; un segundo encuentro para juntar el dinero.
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La fundación que cuenta con 80 huertas en todo el país y nació hace una década, empezó a trabajar en San Pedro a través de una ciudadana que se comprometió con el proyecto al conocer el trabajo de Huerta Niños en Argentina. Así nació la idea de emplazar una quinta de verduras y hortalizas que sea trabajada para proveer de alimentos a niños de bajos recursos que, con el trabajo de su familia, puedan disponer de una mejor alimentación y por ende una mejor calidad de vida.
Es obvio que la iniciativa además les significa una mejora en el rendimiento escolar ya que está comprobado que el aprendizaje se deteriora por los problemas de alimentación.
La posibilidad de concretar aquella idea, quedó lejos, pero no tan distante como la solidaridad y compromiso de “algunas personas” que ven desde otro lugar una realidad que avanza y pide a gritos pronta solución: asistir a menores en riesgo combatiendo la pobreza con trabajo y educación y reemplazar las “soluciones rápidas” que afloran en épocas de campañas, donde renuevan a través de las promesas la ocupación y preocupación por los sectores más débiles económicamente y culturalmente hablando (o escribiendo).
Papelón con Martiniano y bolsillos esquivos
A la cena, que se realizó en el Club Náutico para recaudar fondos para la huerta sampedrina tan sólo asistieron 20 ciudadanos, es de considerar el precio de la tarjeta que costaba 150 pesos -un monto significativo para una gran parte de la clase trabajadora- pero para algunos de los que faltaron, aún habiendo anunciado su presencia, resulta una “cuota de gentileza” para los más desfavorecidos. El reconocido Chef Martiniano Molina que levanta la bandera del compromiso social, es uno de los integrantes de Huerta Niños y participa de todas las cenas a beneficio. En está ocasión preparó una cena para 150 personas que sólo fue degustada por un pequeño grupo de 20 entre los que estaban presentes parte del equipo de la ONG, el Intentende Pablo Guacone y su familia, que se sentó junto al Subsecretarario de Salud, Dr Julio Caraballo y su esposa Margarita Frisch, y el Dr. Juan Benseny y su mujer.
Tiempo atrás habían sido entregadas 60 tarjetas en el Municipio, de las cuales 10 fueron vendidas por el mismísimo intendente Municipal, el resto brilló por su ausencia pese a que de palabra hubo algunos compromisos asumidos. Vale decir que no sólo los funcionarios y concejales podrían haber pagado ese precio.
Para continuar con una lista de situaciones inexplicables, un grupo de 20 niños del CIC habían preparado un tema para cantar durante la cena para que se involucren en algo que a futuro sería para ellos, pero autoridades del Centro Integrador decidieron que era inadecuado que participen sin tener buzos iguales con el nombre de la institución. A cambio le ofrecieron a la organización responder por el pago de un pianista que se presentaría en la cena pero que terminó siendo remunerado por una persona que disfrutó de los exquisitos platos pero que terminó colaborando por partida triple ya que debió prestar 650 pesos porque la responsable del área de Desarrollo Humano que se había comprometido no asistió ni mandó el dinero; dijo que será devuelto esta semana.
Para retomar los inicios de este proyecto, se realizó un convenio con el INTA San Pedro para coordinar la parte de capacitación a los responsables de la puesta en marcha de la huerta.
La posibilidad se le ofreció en un principio a algunas escuelas rurales, tal como lo realiza la ONG en el resto del país, en algunas se imposibilitaba por la cantidad de alumnos y en otras hubo respuestas tales como “no tenemos tiempo para hacer la huerta estamos preparando los actos del bicentenario”, según comentaba a La Opinión uno de los nexos fundamentales de la ONG con San Pedro. Por ello durante el verano se realizaron las gestiones pertinentes para que el Municipio ceda un terreno donde se pueda ejecutar la iniciativa. Así fue que en una charla informal se le pidió al intendente el predio y a través de Desarrollo Humano fue entregado a los emprendedores.
Una vez dispuesto el lugar, la próxima instancia era concretar la cena de donde se obtendría el dinero para solventar los gastos que oscilan en los 20 mil pesos, entre alambrado, postes, riego por goteo, herramientas, etc, la entrada se podía pagar en cuotas o con tarjeta de crédito.
Promediando la cena, Martiniano Molina aseguró estar defraudado por la respuesta: “Esto nunca me paso en la vida”, pero además dijo estar convencido de seguir trabajando y de no bajar los brazos. Ahora la apuesta solidaria es hacer otra cena para juntar el dinero que permita realizar la huerta para los niños.
Quizá para la próxima sea considerada la importante de que los chicos en etapa de crecimiento tengan comida en sus platos que no sólo llene el estómago sino que los alimente sanamente y los ayude a creer que trabajando se puede construir una mejor calidad de vida.
Lo sucedido es una vergüenza en pleno centro de una zona de activistas de piquetes agrarios que con sólo aportar sus conocimientos deberían liderar procesos que mejoren la calidad de vida de sus vecinos como, por ejemplo lo hacen en Azul donde los tamberos donan la leche de los comedores. Todo nos deja una pregunta que ojalá encuentre respuesta: ¿Qué nos pasa como ciudadanos cuándo desde la sociedad civil se abordan iniciativas que elevan la posibilidad para que los niños aprendan a autoabastecerse junto a sus padres?.
