Hubo gastos del Municipio cuestionados por la oposición
El jueves, gracias al voto doble del Presidente del Concejo, quedó aprobada la rendición de cuentas del ejercicio 2009, con las reasignaciones y readecuaciones de partidas dispuestas por el Ejecutivo. Las críticas estuvieron centradas en ítems que no especifican en qué se gastó una importante masa de dinero en un año electoral como el que pasó.
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El presupuesto es uno de los hechos políticos por excelencia de los gobiernos. En él, el oficialismo plasma nada menos que sus decisiones políticas más importantes, ligadas esencialmente a cómo distribuirá el capital existente en la comuna.
También lo es para la oposición, que tiene la posibilidad de validar ese lugar que ocupa, al plantear diferencias, caminos alternativos, espacios de diálogo y acuerdo. Todo eso en un marco ideal y con dirigentes que estudien y se interioricen en el cuidado extremo de los dineros públicos.
Además, los presupuestos son votados por la Asamblea de Mayores Contribuyentes, un órgano más de representación de los intereses de la ciudadanía. También en situación ideal y con ciudadanos que estén estrechamente ligados al compromiso de defender los intereses de la población.
De la misma manera, la rendición de cuentas es uno de los hechos políticos más relevantes, ya que en esa instancia aparece uno de los más importantes momentos en el ejercicio de contralor que debe llevar adelante el Concejo Deliberante.
En San Pedro históricamente y ahora en la era Barbieri, 1999 a esta parte, los presupuestos vienen siendo aprobados sin el consentimiento de la oposición. Lo mismo sucede con las rendiciones de cuentas.
La nueva conformación del cuerpo no escapa a esa lógica, en la que parece imperar la posibilidad de capitalizar políticamente futuros errores, desvíos o readecuaciones, que, como el jueves pasado en la última sesión del Deliberativo, se aprueban con los votos propios de un oficialismo que, hoy, llega justo con el voto doble del Presidente del Concejo, Sergio Rosa.
Reasignar partidas del presupuesto es una potestad del oficialismo y es algo en que la oposición, en su mayoría, acuerda. Se sabe que los presupuestos tienen cierta laxitud y que siempre habrá contingencias que harán necesario mover dineros dispuestos para tal o cual destino hacia otro que, decisión política mediante, implique una necesidad de ejecución producto de la coyuntura particular en la que se desenvuelva el ejercicio en cuestión.
Aun cuando el manual de la Escuela de Asesoría Provincial diga que “los gastos deben ser imputados a la partida que le corresponda, de acuerdo al presupuesto aprobado, no pudiendo imputar gasto alguno a otras partidas que no sean las previstas, aún cuando existan economías por no haberse utilizado los créditos autorizados”, la realidad, por suerte, se mueve; y aquello que se planificó en noviembre para el año entrante seguro deberá ser modificado en el andar, producto de las vicisitudes propias de algo que bajo ningún punto de vista puede ser considerado como estático: la sociedad y, con ella, lo político y la política.
Por ello las discusiones sobre las readecuaciones presentan un cúmulo de decisiones políticas que es necesario analizar en tiempos donde la chicana está a la orden del día, en una ciudad que cambió abruptamente el gobernante electo por uno que no lo es pero que gana simpatía en la sociedad por establecer ciertos guiños que lo diferencian de ese lastre heredado.
En la propia oposición hay mucho de ello. Entre los peronistas hay quienes consideran que Pablo Guacone tiene mucho para dar en la medida en que decida separarse de aquellos que lo ungieron como Concejal y lo llevaron al sillón de la calle Pellegrini. Extrañas paradojas del universo político local.
Así las cosas, aparece el debate sobre las readecuaciones, que viene desde diciembre del año pasado, cuando fuera presentado el proyecto en el Concejo y recibiera múltiples críticas en el recinto el día en que ingresó para su tratamiento.
Fiebre de jueves por la noche
Las críticas del jueves estuvieron sentadas en lo mismo que en diciembre. Hay un problema propio del ejercicio del control de las rendiciones y tiene que ver con que la documentación ya no llega como en otros tiempos completa al Concejo, para que sus miembros cotejen factura por factura, peso por peso el gasto y establezcan criterios para su análisis.
Ahora hay que ir por ellas. Lo que implica pedir con anticipación al Ejecutivo, que sabrá de antemano qué se desea controlar y cómo, lo que da cierta ventaja, pero no deja de ser parte de las reglas propias del juego democrático.
Así, el “detalle” es una complejidad en sí misma que atenta contra el control de los representantes del pueblo, que menos aún tienen acceso a ese control. Basta con echar una mirada sobre la planilla de readecuación para comprender de qué se habla: las dificultades para entender en qué se gasta lo que se gasta y lo que se readecúa son grandes para quien aborda esos números desde la simple mirada de un ciudadano interesado en saber qué hacen con el dinero público aquellos a quienes se ha delegado su administración.
“En economía no hay nada misterioso ni inaccesible al entendimiento del hombre de la calle”, escribió Arturo Jauretche. Pues bien, la máxima parece alejada del campo de lo real en los gobiernos que nos tocan, aunque no sólo en este tiempo.
Una de las principales críticas que fueron esgrimidas por la oposición a la readecuación presupuestaria del ejercicio 2009 tiene que ver con un extraño ítem que se lleva unos dos millones de pesos en la “ampliación” del presupuesto. Dice “Otros”. La pregunta que no cesó de estar presente fue “¿Qué son esos ‘otros’?”.
“Hay muchas cosas que no se entienden. Las readecuaciones son un instrumento para gobernar, eso está bien, pero no se puede hacer ampliaciones del presupuesto en cosas que no se sabe qué son”, opinó el Presidente del bloque Justicialista Daniel Monfasani. “Hay un ítem que dice “ayuda social”, ¿qué significa eso en un año electoral?”, se preguntó el edil y agregó: “Si vamos a aumentar el presupuesto destinado a ayudar a la gente que lo necesita hagámoslo todos los años, no solamente en el año en que hay elecciones”.
El análisis presentado en varias oportunidades en el recinto del Concejo y repetido ante un cronista de La Opinión por parte de Monfasani es completado con una afirmación que roza la acusación: “Si va cualquiera a pedir una garrafa, no se la dan. Entonces, ¿cómo es?, ¿a quiénes le dan? A los que tienen cautivos, eso es así”, afirmó.
Las readecuaciones presupuestarias que sobrepasan el monto estipulado despiertan sospechas cuando fueron realizadas en años electorales. La maquinaria del Estado a disposición de quien gobierna para sumar votos no es un pecado ni deja de ser parte de las reglas con las que se dirimen las contiendas políticas. Quien gobierna puede mostrar obras, hechos, promesas cumplidas; la oposición sólo puede marcar errores, recordar viejas épocas en las que gobernó, proponer un futuro más venturoso. En el debate sobre las readecuaciones aparecen esos condimentos.
El titular del bloque Unión Pro también levantó la voz contra la reasignación de partidas. Con un plafond experiencial menor que el de Monfasani, pero con mayor proyección, su camino también es el de la crítica para dar pasos hacia adelante.
“Nosotros desde hace tiempo venimos diciendo que las modificaciones al presupuesto mientras se van ejecutado hay que hacerlas de otra manera, y no después de cinco meses de ejecutado el presupuesto. Si bien sabemos que el presupuesto se puede ir modificando de acuerdo a las necesidades, la Ley Orgánica establece procedimientos para que el Concejo intervenga en tiempo y forma. Si nos piden que le aprobemos el presupuesto, también pueden pedir que aprobemos las modificaciones, y si no lo hacen anticipadamente, al menos informar dentro de los quince días”, propuso el edil de Unión Pro.
Lo mismo plantearon desde el PJ: “Cada tres meses pueden ir diciendo ‘estas son las reasignaciones’ y pedir que el Concejo las apruebe, es lo más lógico”, sostuvo Matías Monfasani, que aunque en el Concejo deja la palabra a su padre, participó de la entrevista que La Opinión realizó con éste para la elaboración de esta página.
Por su parte Casini insistió con algo que planteó en el recinto: “De los 60 millones que tenía aprobado para gastar, más del 25 por ciento, es decir más de dieciséis millones, lo gastó como quiso y cinco meses después nos piden que le autoricemos eso”.
La forma del Rafam
Para el oficialismo eso es “una cuestión de forma”. Tras la sesión, el justicialismo debatió si los argumentos esgrimidos por Casini no derivaron en esa “discusión formal” soslayando la importancia de que no hay quien comprenda los números e ítems detallados en el expediente, hoy ordenanza 5.583 cuyo detalle en la web del HCD, al menos al cierre de esta edición, en lugar de contener el cálculo de la ampliación de presupuesto y reasignación de partidas tenía una ordenanza con fecha 11 de agosto de 2006 sobre “La donación de un vehículo parcialmente equipado como ambulancia de alta complejidad, efectuada por la familia de Dn. José Pedro Farré”.
Hay que decirlo: No sólo no se publican las ordenanzas en Boletín Oficial, sino que lo único más cerca a ello para que la comunidad tenga acceso a lo que se vota en el Concejo se transcribe por error y deja al vecino ya no sólo imposibilitado de comprender el tratado numerológico de la readecuación, sino además sin siquiera por lo menos animarse a desmenuzarlo.
En el oficialismo también gustan endilgarle al bendito RAFAM los problemas de la aparición de “cosas raras” a la hora de detallar los gastos. Se trata de la Reforma de la Administración Financiera en el Ambito Municipal, que todos llaman como masculino por la elipsis de “el sistema de la Reforma, etc”.
Este nuevo sistema de ingreso de los detalles de gastos y recaudación ha causado dolores de cabeza en muchos municipios que habían encontrado un camino para llevar sus cuentas de la manera más prolija posible, especialmente aquellos cuyos gobiernos llevaban más de un período de gestión y comenzaban a aceitarse.
Otros opinan que la RAFAM, “ordena el manejo presupuestario de los municipios con un grado de detalle mucho mayor que el sistema anterior: en determinados insumos, gastos e inversiones, el detalle es absolutamente minucioso, no deja lugar a errores, aunque hay que reconocer que tiene sus cosas raras”.
Entre las “cosas raras” está el ítem “obras de arte”, en el que nadie sabe bien qué ubicar y en muchas votaciones de rendiciones de cuentas a lo algo de la provincia ha generado sendas discusiones sobre si los funcionarios estaban ornamentando sus oficinas con originales de Picasso, Van Gogh, Millais.
La RAFAM implica un sistema mucho más detallado y más analítico, pero que genera un grado de laxitud poco elástico que impide la reacción pronta ante coyunturas insalvables como los casos de emergencia que pueden producirse, por ejemplo, durante una creciente, que implica un grado de movilización de recursos importantes.
La oposición dice que ante eso lo mejor es votar las partidas a reasignar en el Concejo. El oficialismo, al menos el que ejecutó el Ejercicio 2010 –que tiene los mismos brazos ejecutores, por cierto, aunque la figura de líder sea otra y tienda a difuminar esa presencia– parece más inclinado a etiquetar como “otros” allí donde sea necesario.
Seguimos lejos
La sesión del jueves no estableció posibilidades de que haya algún acercamiento en ese sentido. La respuesta final, como siempre, la tiene el Tribunal de Cuentas de la Provincia, que de seguro hacia marzo del año que viene, cuando revise esta rendición que acaba de votarse, y vea que fue aprobada con lo justo y gracias al voto doble, tal vez preste atención.
Aunque las experiencias no son de las mejores en otros distritos. El Tribunal aprueba, emite alguna sanción, cobra multas, “reta un poco”, como lo hizo a la administración Barbieri en marzo de 2009 cuando se expidió sobre el ejercicio 2007, también de un año electoral, y llamó la atención al Ejecutivo por cosas como haber enviado valores excedentes “al ejercicio 2008 sin demostrar la real existencia de los mismos”; hizo observaciones por falta de firmas y sellos en Decretos como el que nombró a Juan Kasta como Director de Estadísticas y Personal; habló de “falta de correlación entre cargos ocupados y presupuestados en diversas categorías de la plantilla municipal”; o de cosas como “reemplazos realizados en el transcurso del ejercicio por el Secretario de Gobierno, Sr. Juan Ángel Almada, en otras Secretarías, desempeñando concomitantemente las dos funciones, en infracción a las disposiciones contenidas en el artículo 181 de la Ley Orgánica Municipal”.
Más aún, el fallo dice: “Habiendo procedido la División Relatora a efectuar un análisis exhaustivo del Estado de Ejecución del Cálculo de Recursos al cierre del ejercicio, se verifica que la ampliación realizada por la Ordenanza mencionada, en relación a las partidas detalladas en informe de traslado, se encuentra erróneamente financiadas, atento a que el ejercicio cerró con un fuerte déficit de recaudación, en la comparativa de lo presupuestado con lo efectivamente ingresado”. Agrega que una serie de subsidios otorgados a organizaciones intermedias no rindieron como corresponde esas facturas. Cosa que deberán analizar nuevamente en el ejercicio votado la semana pasada, que tiene como ítems “transferencias a instituciones” unos 727.839, 83 pesos. Y unas treinta páginas en total que finalizan con la aprobación del rendimiento de cuentas y un “llamado de atención al Intendente Sr. Mario Barbieri, a la Presidente del H. Concejo Deliberante Sra. Norma Mabel Atrip, al Contador del Municipio Sr. Oscar Ramón Corleto y al Tesorero del Municipio, Sr. Héctor Corvalán”.
En los pasillos de muchos municipios dicen que el Tribunal de Cuentas siempre aprueba, a menos que sea muy alevoso. A lo sumo lo que puede haber es multas pecuniarias, que además se descuentan en cómodas cuotas.
La rendición está aprobada. Capítulo cerrado. Larga espera para este 2010 cargado. Habrá que ver qué decide reasignar Guacone del presupuesto que la oposición tampoco le habilitó y hasta intentó (intenta) declarar nulo. Problemas de gestión, que le llaman. De esos que no se solucionan con buena voluntad y mejores intenciones.
