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San Pedro
sábado, septiembre 25, 2021
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Homenaje a una parte de nuestra historia… a un hombre, a un lugar…

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Si, hablo de Américo José Otero, nacido un 12 de Octubre de 1930 en el barrio de Las Canaletas, hijo de un inmigrante oriundo de Lugo (Eduardo Otero) y de una inmigrante venida de Navarra, vasca de pura cepa (Albina Ilundain) de profesión sastre… ¿Sabría la sociedad de San Pedro de quién estoy hablando? Quizás algunos pocos sí, pero la gran mayoría de los que alguna vez estuvimos cerca de él, no conoceríamos que este señor de apellido Otero, es nuestro querido “Gallego Otero”. Sí, el mismo que luego de 47 años cerró las persianas de ese ya mítico kiosco, de Salta y Gral. Las Heras.
Es entonces donde esta nota empieza a escribirse sola, donde cada letra, cada palabra y cada oración, buscarán cuidadosamente el significado justo para expresar lo que este humilde cronista, quiere dejar plasmado.
“Lo del Gallego”, siempre se convirtió en un centro de reunión, donde cada uno, encontraba su momento para disfrutar y compartir. Quien escribe, siempre se las ingeniaba para leer de “ojito”, las fabulosas aventuras de Martín Toro, El cabo Savino, el parco Jackaroe y ese legendario guerrero originario de Lagash al que llamaban Nippur. Nos sentíamos espías pero con un tono localista, al elevar a las más altas jerarquías a Pepe Sánchez. Así pasaban por estas manos, El Tony, Fantasía, Intervalos, Nippur y El D’Artagnan.
Verdaderas joyas de la literatura con las que nos reíamos unas veces y otras, sorprendidos, aprendiamos de nuestra historia y de las de otros. Quién no recuerda La Farmacia de Cataldi en “Cuentos de Almejas”, con sus célebres personajes El Viejo, El Alemán y Malvina….
O de la pluma magistral de ese guionista cuyo seudónimo era Robin Hood y dibujos de Carlos Vogt, un perro llamado Tom, ironizaba sobre la conducta de su amo, en esa tira tan graciosa que fue “Mi novia y Yo”.
Y así se deslizan en esta suerte de revisionismo, todos los personajes de las revistas que leíamos y que al grito de “las revistas son para comprarlas….” El querido gallego, nos determinaba que ya era más que suficiente el tiempo que habíamos leído de prestado.
Sí, ese era el Kiosco del “Gallego”, con pisos de pinotea gastados por el interminable correr de los años y de las miles de pisadas de chicos, jóvenes y adultos que pasaron por ahí.
Pasó el tiempo y “el gallego” se modernizó. Compró mobiliario nuevo, y puso en la vereda de Salta el puesto de diarios… de plástico. Los que estábamos acostumbrados a retirar el diario del banco de madera que estaba a la entrada, nos sorprendimos. Pero bueno era la época de la modernización.
Nuestro querido personaje en el cual esta nota actúa como un pequeño homenaje, se había actualizado, pero algo del mobiliario quedaba como estandarte de la fundación del kiosco allá por 1961…. El BANCO Usted lector creerá que es cualquier banco. Pues no, es un banco especial. ¿El material? De madera, común y corriente. Pero no, le repito, no es cualquier banco. Este guardará para siempre miles de anécdotas, confesiones de épocas pasadas, de verdadero compañerismo, y en algunos casos de secretos inconfesables.
Sí estimado lector, este banco, es más que importante, porque era el banco DEL KIOSCO DEL GALLEGO.
Quiénes fueron los primeros que pasaron? Quizás en el recuerdo queden nombres como Roque y Fito Mórtola, nuestro querido poeta de brocha gorda Don Aníbal y así se siguen sucediendo nombres que fueron los primeros que usufructuaron dicho banco, como Fito Rasio, Tachur Lojek, Lanzorena y tantos otros….
Cada grupo, tenía su horario para ocupar ese viejo trozo de madera, donde el color blanco se había saltado en algunas partes. La media mañana, el medio día, la media tarde y la tardecita….distintos momentos donde esa parte indisoluble del Kiosco, era ocupada por el vecino, por el amigo…
Pero todo llega a su fin y quizás los últimos caballeros de la Orden del Banco del Kiosco del Gallego, fueron entre otros: el querido Maroli, dejando su bicicleta apoyada en el cordón de la vereda, Juancito Rolla, Don Mársico, uno al que llamaban Francisco y el gran Lito Martínez…, pero el Gallego vendía el boliche y el banco?????
Hoy como mudo compañero de rutas, ya en sus cuarteles de invierno y protegido de lluvias y calores extremos, Don Yiyo Carducci lo guardará en su negocio.
Pasaron los meses, los años y nuestro querido gallego junto a su esposa Emma pensaron que era hora de retirarse, de dejar para otro San Pedro, con tecnología de punta, escaparates de otros materiales más vistosos, que se ocuparan del lugar que ellos por 47 largos años habían construído.
El tiempo sigue su paso y como todas las cosas los Kioscos también cambian de dueños y se modifican. Este no podía escapar a las generales de la ley, pero para quienes crecimos junto a vos Gallego y tu Kiosco, será muy difícil que nos olvidemos. Recordar solamente cuando un viernes a la noche, corríamos a buscar alguna historieta y un chocolate y así meternos en la cama y viajar con la imaginación a remotos lugares y ser todos los personajes a la vez. Es ahí donde me compraron ese fabuloso juguete que se llamaba “El cerebro Mágico”, los Rasti y Mis Ladrillos, que me enseñaron a fabricar coches, casas y todo lo que no se podía construir y sí lo hacia el Mecano…..
En fin……el tiempo dijo basta y bien merecido que lo tenés ganado, querido Gallego. Pero nosotros los que pintamos ya algunas canas seguiremos diciéndote gracias por permitirnos ser parte de la historia de esa esquina.
Con afecto….

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David Juan Pujol

PD: los nombres que aparecen en esta nota, fueron aportado por el mismo Gallego Otero… y el banco, seguirá su destino de alojar a más sampedrinos??? Esa es otra historia como diría Rudyard Kipling.

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