Cordobés inalterable, sampedrino por adopción, Héctor A. Fioriti aceptó la sugerencia de su hermana M. Azucena, que vivía en San Pedro, y atrapado por su paisaje y su gente formó aquí una familia, abrió un estudio fotográfico y alternando sus veranos en Córdoba, su ciudad natal, decidió instalarse en San Pedro. Su hija, Ana Fioriti, le rinde homenaje a 36 años de su muerte, con la presentación de sus mejores imágenes en la Sociedad Italiana. La cita es el próximo domingo a partir de las 18.00.
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