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Margaritas
Parecen simples y alegres pero esconden el misterio más complicado del jardín: empezando porque no son flores individuales, ni lo que se les arranca son pétalos.
Son cientos de pequeñas flores: unas amarillas en la zona central y otras blancas en la corona exterior.
Como están difundidas por todo el mundo, en todos los pueblos los enamorados buscan respuestas a sus dudas deshojando margaritas.
Podemos pensar que quizás todas tienen un número par o impar de pétalos, o al menos, que hay una mayor probabilidad de que se dé uno de los 2 casos. Y en realidad es así.
¡Se advierte a los románticos: lo que sigue los puede decepcionar!
El número de pétalos de muchas Compuestas, como margaritas, girasoles, gerberas y hasta manzanillas responde a lo que en Matemáticas se llama la sucesión de Fibonacci.
Es una sucesión de números que comienza con 1 y 1 y, a partir de estos, cada término que sigue se obtiene de la suma de los 2 anteriores:
1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144, 233…hasta el infinito.
Como las margaritas siempre tienen más de 8 pétalos y menos de 144, en ese rango sólo hay un número par, el 34. Por lo tanto, comenzando con “me quiere”, 4 de cada 5 veces se termina con “me quiere”
Esta es la explicación del éxito de esta romántica costumbre.
