Hay que habilitar para que vuelvan los bailes en los clubes
Las clausuras de los tradicionales shows de La Esperanza e Independencia pusieron en evidencia las dificultades para la habilitación de ese tipo de espectáculos. Otras instituciones saben que corren el mismo riesgo, aun cuando todavía no fue aprobada la nueva ordenanza sobre seguridad en locales nocturnos.
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El primer fin de semana de abril, autoridades municipales dispusieron la clausura de los bailes para adultos que organizan los clubes La Esperanza e Independencia, ante la falta de habilitación comercial de ambos para ese rubro. El tema generó debate dentro del gabinete. La posición de “respetar la ley, sea quien sea” es la que primó, aun cuando no están dadas todas las condiciones para que esas y otras instituciones que brindan espectáculos puedan tener un trato diferenciado.
La Esperanza, Independencia, el Club de Jubilados de Salta y 9 de Julio, Agricultores de Gobernador Castro, entre otras instituciones son las que habitualmente organizaban este tipo de bailes, destinados a un público que no tiene espacio en los boliches, orientados a los más jóvenes.
La clausura de los dos más grandes provocó retracción en el resto. A diez días de los operativos de Inspección, no hubo movimiento de expedientes en cada caso respecto de la habilitación comercial.
En el gabinete hay posiciones encontradas, pero por lo pronto prima las que comparten la Dirección de Rentas, la de Seguridad, Tránsito y Nocturnidad y el Juzgado de Faltas: que la ley sea pareja para todos.
La mala costumbre de dejar hacer
Históricamente, estos bailes tenían lugar sin la habilitación comercial municipal, que los obliga a declarar el espectáculo como si fuera un boliche bailable, algo que, sin ir más lejos, es a lo que se asemejan.
Bastaba con que tuvieran seguro de responsabilidad civil y un informe de Bomberos de la Policía que diera cuenta del cumplimiento de las condiciones de seguridad.
Al resto de los locales de diversión nocturna se les exige lo que mandan la ley de Nocturnidad y de venta de bebidas alcohólicas; a cualquier espectáculo público habilitado para cobrar entradas, el 10 por ciento del total vendido, con tickets timbrados por el Municipio.
Hay una distinción entre la organización de un baile por parte de instituciones de la sociedad civil sin fines de lucro y las empresas dedicadas al rubro, pero se presta a confusión si las entidades aprovechan la oportunidad para mejorar sus ingresos a partir del “alquiler” no declarado para que su salón de convierta en un boliche.
Por momentos, el Estado pretende tratar a los clubes de la misma manera que a un emprendedor que busca ganancias; en mucho casos, los propios empresarios de la noche suelen aprovechar el guiño para con las organizaciones sociales para sortear el pago de gravámenes.
En el Concejo Deliberante tiene dictamen un proyecto de ordenanza que fue elaborado a partir de la iniciativa ciudadana de la madre de una adolescente víctima de abuso sexual durante un cumpleaños de 15 en un salón de fiestas.
El proyecto volvió dos veces desde el recinto a las comisiones, para recibir ajustes. Sin embargo, hasta el momento, y al igual que los trámites de habilitación, no contempló distinciones entre empresas y organizaciones sin fines de lucro, entre emprendimientos sociales o culturales y negocio propiamente dicho.
Cómo habilitar un baile
Las clausuras de La Esperanza e Independencia fueron por falta de habilitación municipal. Para obtener la autorización –paso previo a la actividad, algo que no suelen cumplir los emprendedores locales– hay que ir a la Oficina de Comercio de la Dirección de Rentas.
Hay que llevar documentación del responsable, la inscripción en monotributo o IVA, la escritura del local o el contrato de alquiler con firmas certificadas, el plan aprobado por Obras Públicas y libre deuda de tasas.
Como se trata de actividades con “concentración de personas”, debe constar el final de obra en materia de seguridad contra incendios que otorga Bomberos de San Nicolás, la póliza del seguro de responsabilidad civil.
Además, como están incluidos en la ley de Nocturnidad, deben instalar cámaras de video y el decibelímetro que corta la música cuando el volumen sobrepasa lo permitido. También es necesario un “informe de ruidos molestos al vecindario, emitido por un profesional idóneo matriculado”.
Teniendo en cuenta que se expenderán bebidas alcohólicas, hay que obtener el certificado de Reba.
El inicio del trámite tiene un costo de 94 pesos. La habilitación para una “confiterías bailables y similares” cuesta 15.435 pesos. En concepto de tasa de seguridad e higiene, el rubro paga por mes 9.435 pesos, que es el mínimo establecido por ordenanza fiscal, aunque los clubes pueden pedir la exención de ese gravamen, por su condición de entidad social.
“Un club tiene un fin social, por lo tanto está exento por su actividad social en su conjunto, no va a pagar tasa de seguridad e higiene”, explicó el Director de Rentas, aunque aclaró que quien tenga concesionada la cantina, bar o restaurante sí pagará.
En el Gobierno trabajan además para evitar que la posibilidad de no pagar seguridad e higiene no implique un aprovechamiento de empresarios para fomentar el desarrollo de actividades nocturnas en los clubes, a los que cualquier ingreso siempre les hace falta.
