• Portada
  • Lo último
  • Información General
  • Policiales
  • Deportes
  • Reporte Ciudadano
  • Política
  • Cultura y Espectáculos
  • Empleos
  • Servicios
miércoles 19 de agosto de 2026
  • Archivo de ediciones
  • Radio sin galera
  • Radio sin galera
  • Archivo de ediciones
La Opinión Semanario

SECCIONES

  • Últimas noticias
  • Información general
  • Policiales
  • Sin Galera
  • Deportes
  • Localidades
  • Cultura y Espectáculos
  • Turismo
  • Reporte Ciudadano
  • Servicios
  • Sociales
  • Empresas y Negocios
  • Clasificados
  • Defunciones
  • Política
  • Opinión
  • Videos
  • Archivo de ediciones
  • Radio sin galera
  • Ads
    Salud y BienestarAñadir como fuente en

    ¿Hambre o ansiedad? Cuando las emociones también influyen en lo que comemos

    Aprender a reconocer las señales del cuerpo y entender el vínculo entre las emociones y la alimentación es clave para construir una relación más saludable con la comida. La columna del nutricionista Juan Pablo Corleto.

    19 de agosto de 2026 | 18:26
    La columna del nutricionista Juan Pablo Corleto.
    La columna del nutricionista Juan Pablo Corleto.

    En los últimos años se volvió cada vez más frecuente escuchar frases como “como por ansiedad y no por hambre”. Y aunque comer en respuesta a las emociones es algo que puede suceder, no necesariamente representa un problema. 

    Ads

    La dificultad aparece cuando esta conducta comienza a alterar el funcionamiento normal del organismo, los hábitos alimentarios o el bienestar general de la persona.

    Para comprender esta diferencia es importante distinguir entre el hambre fisiológica y el hambre emocional.

    Ads

    El hambre fisiológica es una respuesta normal del organismo. Todos podemos reconocer algunas de sus manifestaciones: ruidos en el estómago, sensación de vacío, ligero dolor de cabeza, irritabilidad, debilidad o falta de energía. Son señales que indican que el cuerpo necesita incorporar alimentos.

    El hambre emocional, en cambio, es más compleja. Comer no es solamente un acto fisiológico: también está relacionado con nuestras emociones, experiencias, vínculos y costumbres. Comemos para disfrutar, para compartir, para festejar y también, en determinadas situaciones, para sentirnos mejor.

    Ads

    El problema aparece cuando la comida comienza a utilizarse principalmente para intentar llenar un vacío emocional y no para responder a una necesidad fisiológica. Esto puede llevar a alterar los ciclos habituales de hambre y saciedad, saltear comidas, comer a deshoras o atravesar episodios de ingesta excesiva.

    La ansiedad puede entonces incorporarse al acto alimentario. En lugar de aparecer una sensación real de hambre, surge el deseo de comer como una forma de disminuir el malestar emocional. Y comer puede generar momentáneamente una sensación de alivio, especialmente cuando se alcanza la saciedad. Sin embargo, ese alivio puede ser transitorio y no resolver la causa de fondo.

    Comer algo rico cuando atravesamos un momento difícil también puede ser una experiencia saludable y reconfortante. El problema no está en disfrutar de la comida, sino en que comer se convierta en la única estrategia para afrontar el aburrimiento, el estrés, la tristeza o la ansiedad.

    Ads

    También es importante evitar la culpa y la vergüenza después de comer. Estos sentimientos pueden alimentar un círculo difícil de romper: aparece la ansiedad, se come para intentar reducirla, luego aparece la culpa y nuevamente aumenta la ansiedad.

    La ansiedad se ha convertido en una problemática cada vez más relevante a nivel mundial. El contexto social actual, caracterizado por la inmediatez, la exposición permanente a las redes sociales, las dificultades económicas y distintas situaciones de incertidumbre, puede favorecer la aparición de este tipo de malestar. 

    Cuando comer como respuesta a la ansiedad se vuelve frecuente y sostenido en el tiempo, puede tener consecuencias negativas sobre la salud física y emocional. Por eso es importante prestar atención a las señales del cuerpo, especialmente durante la infancia y la adolescencia, y aprender a reconocer nuestros propios patrones de alimentación durante la adultez.

    La alimentación y las emociones están estrechamente relacionadas, pero ninguna persona debería atravesar sola una situación que le resulte difícil de manejar. Ante conductas alimentarias que generan preocupación o interfieren con la vida cotidiana, es recomendable recurrir a profesionales de la salud, como psicólogos y licenciados en nutrición.

    Aprender a diferenciar hambre de ansiedad no significa dejar de disfrutar de la comida, sino comprender qué necesita realmente nuestro cuerpo y encontrar herramientas saludables para responder también a nuestras emociones.

    Puede interesarte
      Temas
      • alimentación saludable
      • Salud Mental
      • Columna Nutrición
      • nutricionista
      • Sin Galera Tv
      AUTOR
      Foto de La Opinión SemanarioLa Opinión Semanario
      Comentarios

      Para comentar, debés estar registradoPor favor, iniciá sesión

      INGRESA
      Ads
      Ads
    La Opinión Semanario
    Añadir como fuente en
    NUESTROS MEDIOS
    • Sin Galera en vivo
    • Archivo de ediciones
    • La Noticia 1
    SECCIONES
    • Información general
    • Policiales
    • Sin Galera
    • Deportes
    • Localidades
    • Cultura y Espectáculos
    • Turismo
    • Reporte Ciudadano
    • Servicios
    • Sociales
    • Empresas y Negocios
    • Clasificados
    • Defunciones
    • Política
    • Opinión
    • Videos
    2026 | La Opinión Semanario | Todos los derechos reservados: www.laopinionsemanario.com.arRegistro de Prop. Intelectual Nº 53002088 · Edición Nº 12551 - Propietario: La Opinión Semanario SRL - Director Responsable: Lidia Inés Berardi - Liniers 71, San Pedro, Buenos Aires.
    Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
    Powered by
    artic logo