9.6 C
San Pedro
jueves, mayo 13, 2021

Gustavo Segalat “puso” su nombre en la cancha

Publicidad

 

El primer momento cumbre fue, apenas empezada la ceremonia, cuando Fortunato descubrió junto a las hijas de Eduardo Romairone una placa colocada en la pared con el nombre del espacio.

Publicidad

El otro ocurrió a minutos de concluir el cronograma que la Comisión Directiva de Paraná armó para el acto de reinauguración en el momento en que dirigentes e integrantes de la Subcomisión de básquet empezaron a ubicarse delante de una bandera albirroja, una más de las tantas que lucía sobre una de las paredes laterales.

A medida que la tropa se acomodaba y el conductor, describía la situación, cayeron algunas lágrimas de diferentes caras a las que el momento las sobrepasó porque cuando se sacó ese simple “trapo”, que ellos mismos pusieron para dar la sorpresa, la cancha de básquet pasó a llamarse, para siempre, Gustavo Segalat.

Enseguida, sus hijos Samuel y Fausto junto a su esposa Andrea, que desconocían la iniciativa, se acercaron y, como pudieron, contuvieron la emoción ante tamaña situación.

La historia de Segalat con el Albirrojo empezó cuando era un niño, a los cinco años. Fue jugador, socio, presidente y hoy, a sus 51 años, socio vitalicio. Durante su mandato tomó, en 2000, la decisión de construir en el gimnasio una cancha de fútbol 5 con el objetivo de afrontar la crisis que atravesaba Argentina y la mala situación económica del club. Sin embargo, no lo hizo sin antes dejar asentado en acta que cuando la economía se acomode, el básquet debería volver a su lugar de origen, al recinto cubierto que se construyó en 1974 para el Provincial.

La institución resistió, se levantó y creció pero el básquet se mantuvo 19 años en el salón social. Entre medio, fue Gustavo el que alzó la voz un sinfín de veces para recuperar el gimnasio, con mucha oposición al principio y cada vez menos a través del tiempo hasta que a mediados de 2018, con Jorge Schallibaum en la presidencia, se tomó la difícil decisión. 

Fue Gustavo Segalat el que le puso su nombre a la cancha de básquet del gimnasio Eduardo Romairone no sólo porque luchó para que vuelva a su lugar de origen sino también por su vigente trayectoria en el deporte como jugador, entrenador, dirigente e hincha. Las vueltas de la vida hicieron que se ausente porque está jugando el partido más duro de su vida, ese que buscará sacar adelante sin lanzar de triples sino penetrando hacia el cesto, asistiendo al compañero mejor ubicado para que defina y, en momentos cumbres, anotando él mismo.

Publicidad
Publicidad
Publicidad

Lo Último

Lo Más Leído

Publicidad
Publicidad

Otras noticias