Finalizó “Del socavón”, la muestra de García Curten
Durante casi un mes estuvo abierta al público la exposición del escultor y dibujante en el Centro Cultural Borges. Pasó veinte años sin exhibir sus obras fuera de San Pedro y el resultado fue una profunda caricia al alma.
El desgarro, el impacto, la conciencia de la finitud y su excitante consecuencia en el renacer de la basura poblaron las paredes del Centro Cultural Borges.
Si veinte años no es nada; la nada justifica ese paso del ermitaño tiempo que el artista utilizó para enterrar en su casa museo el deseo de la trascendencia vanal para transformarla ahora en un contundente puñal al corazón expresado en tinta, dibujos a lápiz y un blanco y negro estemecedor que aguarda en los escasos grises ese hueco que pretende desesperadamente llenarse de la sensación de la existencia.
El humano frente a la creación muestra siempre sus aristas más sensibles y eso fue lo que sucedió con García Curten en la exposición. Mientras algunos huían de la escena otros la contemplaban extasiados hasta encontrarle el significado interno que esconden los trazos que el alma extremadamente sensible logró plasmar en ese atelier natural que es su propia casa.
Para muchos vecinos que lo admiran sin entender esa extraña pasión por su vestimenta oscura y su hosco carácter, la muestra fue una anécdota frente a la alegría de verlo llegar con sus cuadros a un lugar público y con público. Al menos así sucedió con quienes hacemos La Opinión y sabemos de las fisuras que como en el techo deteriorado por la negligencia de quienes siempre tardan en reparar aquello que se deteriora, se profundizan en el corazón de esta familia de artistas que le ha entregado la vida a un modo particular de recorrer ese instante que separa el nacimiento del último suspiro.
En Buenos Aires
El libro de visitas dice mucho más de lo que quedó escrito y fue un excelente indicio de la gran convocatoria que generó el prestigioso y singular artista.
Entre las destacadas personalidades que pasaron por la exposición, le derrocharon elogios y significativas palabras, grandes personalidades de la cultura.
Sylvia Iparraguirre, la esposa del escritor Abelardo Castillo manifestó “Fernando dejó su cuerpo en su obra”. Liliana Hecker convocó a la gente del arte argentino para que impulse esta obra de asombrosa intensidad hacia el reconocimiento nacional e internacional que se merece y agrega, no por Fernando que parece que no le importa sino por la Argentina.
El mismo Stupía manifestó haber encontrado un emparentamiento entre su obra y Goya o Berni, además de compararla con la nueva figuración tanto local como internacional.
Del socavón
y otras buenas
El nombre que tomó la exhibición, tiene que ver con el socavón de las minas de Asturias donde su abuelo paterno fue minero. El escultor ha rendido, a través de estos dibujos y especialmente un collage en el que es protagonista, un homenaje a su abuelo Leonardo García, quien quedó prácticamente sordo luego de tantos años en la actividad minera.
Otra grandeza que destaca el artista sobre la presentación, es que dentro del espacio “La línea piensa” en el Centro Cultural Borges, coordinado por Luis Felipe Noé y Eduardo Stupía, es la calidad de los expositores, por ejemplo el espacio fue cedido al popular dibujante Luis Scafatti quien ha sido ilustrador de la revista Humor, y en una próxima muestra se presentarán trabajos nada menos que de Francis Bacon.
A partir de esta exposición se han abierto nuevas posibilidades y evalúan algunas presentaciones en la provincia de Buenos Aires y una muestra más grande aún en la provincia de Córdoba en el Museo Emilio Caraza. Nada está definido, pero las probabilidades están y son sus hijas Fernanda y Rosaura quienes se ocupan de concretarlas.

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