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    Final para una historia bien calzada

    Durante más de 43 años Calzados Aguilar se ocupó de calzar a los sampedrinos, pero, hace algunos días su dueña, Mary Aguilar, decidió bajar las persianas poniéndole fin a la historia. En el lugar se instalará otra zapatería, cuyo dueño es del Gran Buenos Aires. Mary cuenta cuáles son sus proyectos y las anécdotas después de tantos años de trabajo, afrontando los vaivenes de la situación argentina.

    18 de enero de 2005 | 00:00
    Final para una historia bien calzada

    El pasado sábado 7 de Enero cerró sus puertas la tradicional Zapatería Aguilar, ubicada en Mitre 970, que se encontraba abierta en ese local desde 1962. Su dueña, Mary Aguilar, estuvo repasando, en diálogo con la Opinión, la historia del comercio y los vaivenes económicos que debió enfrentar al frente del mismo. El negocio comenzó en manos de su padre, quien ya tenía experiencia en el rubro. El mismo había abierto, junto a un socio español, un negocio que se llamaba “El Diablo”, y que estaba dedicado al arreglo de calzado en un comienzo, y luego también a la elaboración y fabricación de zapatillas, primero, y después también de botas a medida. El mismo funcionaba en la intersección de Mitre y 3 de Febrero, donde hoy hay una confitería. El negocio fue creciendo, y llegaron a trabajar más de 14 personas de manera simultánea. Tras el fallecimiento del socio, Aguilar comenzó a evaluar las alternativas. Mary comentó al respecto: “Mi papá intentó comprar ese local y le escribió varias veces a los herederos de este señor que estaban en Pergamino pero nunca tuvo respuesta. Entonces decidió buscar una alternativa y consiguió este local que era del Sr. Levin”. En el lugar había funcionado, durante varios años, una mueblería. A Mary también le comentaron que, anteriormente, había allí un cine. Y agregó: “Me gustaría comprobar si eso es cierto porque no lo sé”. Aguilar instaló allí su zapatería, acompañado por su mujer, quien estuvo atendiendo el local hasta el año pasado, cuando falleció a los 89 años. El papá de Mary falleció el 25 de Diciembre de 1964, y dos días después, ella empezó a trabajar en el lugar. Lo hizo de forma ininterrumpida hasta hace algunos días. Fueron más de 31 años de trabajo. Después de tanto tiempo se hace difícil tomar la decisión de bajar las persianas del negocio de forma definitiva. Mary explicó: “La decisión de cerrar el negocio yo ya la tenía pensada desde hace algunos años. Yo sentía que se me estaba yendo de las manos. Es complicado porque esta es una época difícil”. También comentó que no lo había vendido antes porque su madre no quería saber nada con la idea. “Era imposible siquiera pensar en reformarlo: mamá no quería saber nada. A mí me resultó muy difícil tomar la decisión porque son muchos años realmente”.
    Y en todos esos años pasaron muchos empleados que acompañaron a la familia Aguilar a llevar adelante el proyecto. Mary recordó: “La persona que más estuvo trabajando fue Luis Américo Doña que trabajó con nosotros durante 50 años, desde los 13 años hasta los 63, que era el día en que se jubilaba. Mandó el telegrama de renuncia un sábado de Junio y falleció al día siguiente. Era una persona muy querida, por nosotros y por los clientes; de mucha confianza. Falleció en el año 1997”. También hizo mención a dos personas que pidieron seguir trabajando allí, incluso luego de jubilarse: “La primera fue Isabel Manresa, una persona divina. La otra fue Celia Aguilar, que también estuvo muchos años”. Pidió perdón por todas las personas que no estaba mencionando y lamentó no tener a su alcance el libro de sueldos, donde, sin duda, encontraría todos los nombres que en ese momento no le venían a la memoria. En estos últimos tiempos, Mary estuvo acompañada por “Peti” Ramírez: “es una persona de lo mejor”, y los hijos de esta última: Facundo y Fernando Gómez: “cada vez que los necesito no tienen problemas en venir a ayudarme”. También mencionó a dos de sus amigas, Herminia y Karina, que siempre estuvieron dispuestas a colaborar.

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    El legado
    “Es imposible calcular la cantidad de pares de zapatos que se vendieron en todos estos años”, comenta Mary. Es que se trata de un negocio tradicional, un legado que se pasa de generación en generación. Allí compraron las abuelas, las madres y los nietos. “Hay gente que me reprocha que cierre. No saben dónde van a ir a comprar ahora”, dice entre risas. También se emociona al recordar a todas esas personas que pasaron durante los últimos días por el negocio para saludarla y expresarle su cariño.
    Ahora se aproximan tiempos de grandes cambios y de aprender a vivir sin el negocio. “Mi hija está contenta con la decisión que tomé porque piensa que esta es la forma en la que yo voy a poder empezar a disfrutar un poco. Uno siempre está con la preocupación aunque no esté en el negocio, así que ahora espero tener una época más tranquila”, cuenta Mary, quien espera poder aprovechar el tiempo para hacer algunos viajes que tiene pendientes.
    En el lugar donde está hoy Aguilar, comenzará a funcionar otra zapatería, que abrirá sus puertas durante el mes de Febrero. “El dueño es del Gran Buenos Aires, que por razones de seguridad se muda. Él tenía dos locales, uno en Escobar y el otro en San Miguel. Cerró el local de Escobar y se quedó con el de San Miguel porque lo asaltaron dos veces a mano armada. Pero este año decidió mudarse y se lo comentó a sus proveedores que también son los míos”. Así fue como se conectaron: a través de los proveedores quienes le comentaron a Mary, a quien la idea le resultó atractiva.
    Mary no puede dejar de agradecer a todos los clientes que la acompañaron durante todos estos años, no solo a los sampedrinos sino también a los habitantes de las zonas aledañas. También a todos los proveedores y a todas las personas que colaboraron para que el comercio pudiera mantenerse en pie durante todos estos años. Ni tampoco puede no recordar todo lo vivido dentro de esas paredes. “Acá estuvieron los chicos, es decir, mi hija y mis nietos también. Venían incluso algunas amigas de mi hija a jugar; se vendían entre ellas”.

    En tanto tiempo, por supuesto, hubo buenos y malos momentos. Y el negocio fue acompañando, y afrontando, los vaivenes de la economía nacional. “Nosotros tuvimos épocas de oro. Por ejemplo, durante la década del 60, 70 y parte del 80, el negocio funcionó muy bien. Después la cosa ya se empezó a complicar. Tuvimos la hiperinflación de Alfonsín que fue tremenda. En el año ´86 no sabíamos como hacer para mantener abierto el negocio. No sabíamos a que precio vender porque cambiaban constantemente. Incluso en un momento decidimos cerrar y tomarnos unos días”. Una vez superada esta situación, comentó Mary “empezó la época del cuentapropismo. Las grandes empresas cerraban y la gente venía a instalarse con pequeños comercios. Ahí fue cuando surgió el principal problema de la competencia. Antes de la hiperinflación habría seis o siete zapaterías; ahora, en cambio, hasta los kioscos venden calzados”. Del 86 en adelante, dirá Mary, “fueron 20 años de lucha”.
    Además la Zapatería Aguilar es dueña de un extraño récord: en más de 30 años, jamás fue asaltada. Mary explica: “es que este negocio está protegido por los ángeles. En más de una vez he dejado alguna de las dos puertas abiertas y me han ido a avisar a mi casa para que viniera a cerrarlas”. Parece extraño en un país donde los delitos son moneda corriente. Sin embargo, Mary dice que ella no tuvo la misma suerte: “En el año ´86 yo iba a comprar mercadería a una fábrica y, en la puerta, me quisieron robar. Fue un intento de asalto a mano armada”. Por suerte, el susto no pasó de eso: “El señor me abrió la puerta de al lado, me empujó y se sentó en el volante. Yo me salvé porque él no encontraba la palanca de cambios y yo, aprovechando el momento, comencé a oprimir la bocina. A unos 50 metros estaba el cómplice a bordo de un auto. Yo no sé si cuando escuchó la bocina habrá pensado que se había activado la alarma, pero la cuestión es que le hizo una seña a la persona que estaba conmigo, que salió corriendo y se subió al auto. Así que, finalmente, no me robaron nada”.

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