Femicidio de Nancy Godoy: carta abierta de una docente sampedrina a toda la comunidad
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Carta de lectores
¡BASTA DE VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS! LOS DOCENTES NO PODEMOS MÁS!
A las autoridades nacionales, provinciales y educativas, a los responsables de las políticas públicas y a toda la sociedad argentina:
Hoy alzamos la voz, una vez más, desde las escuelas. Lo hacemos con bronca, con dolor, con impotencia y con un profundo cansancio. Porque quienes todos los días sostenemos la educación pública sentimos que estamos llegando a un límite que ya no se puede ignorar.
Desde hace años y más aún en estos últimos el deterioro de las condiciones sociales, la pérdida de derechos y la creciente preocupación por la violencia nos obligan a preguntarnos qué sociedad estamos construyendo y qué lugar ocupa la educación en las prioridades de quienes gobiernan.
Las escuelas no son islas. Lo que sucede en nuestra sociedad entra a las aulas. La violencia, la desigualdad, la falta de contención y el debilitamiento de las redes de protección impactan directamente en estudiantes, docentes y trabajadores de la educación.
Mientras tanto, a los docentes se nos exige cada vez más. Tenemos que enseñar, contener, escuchar, mediar en conflictos, acompañar situaciones familiares complejas y responder ante problemáticas que exceden ampliamente nuestra función. Y muchas veces debemos hacerlo sin los recursos, los equipos interdisciplinarios ni el acompañamiento institucional que necesitamos.
¿Hasta cuándo vamos a seguir sosteniendo todo con nuestro esfuerzo personal? ¿Hasta cuándo se va a naturalizar que un docente sea agredido, amenazado, humillado o tenga miedo de ir a trabajar?
¡No aceptamos que la violencia se convierta en parte de nuestra tarea cotidiana!
El dolor se vuelve todavía más profundo ante el asesinato de Nancy Estela Godoy, docente rural de Corrientes, cuyo cuerpo fue hallado el 28 de octubre de 2026, después de días de búsqueda. Su caso conmociona a la comunidad educativa y exige que se esclarezcan los hechos y que la Justicia actúe. Su historia también nos interpela por las condiciones en las que muchos docentes rurales deben desarrollar su trabajo y por las denuncias de abandono que ella misma había realizado sobre la escuela en la que cumplía funciones.
No podemos permitir que su nombre quede reducido a una noticia más. No podemos mirar hacia otro lado mientras una trabajadora de la educación pierde la vida y una comunidad entera queda atravesada por el dolor.
No afirmamos que todas las formas de violencia tengan una misma causa, pero sí exigimos que las autoridades asuman sus responsabilidades y dejen de tratar estas situaciones como hechos aislados que se resuelven con declaraciones después de que ocurre una tragedia.
La educación necesita políticas públicas reales, presupuesto, prevención, acompañamiento psicológico y social, equipos interdisciplinarios suficientes y protocolos que se cumplan. Necesita que se escuche a quienes están todos los días en las aulas. Necesita que cuidar a quienes educan y a quienes aprenden sea una prioridad concreta, y no solamente un discurso.
A las autoridades les decimos con absoluta claridad: no alcanza con lamentar las tragedias cuando ya es demasiado tarde. Hay que actuar antes.
A las familias y a la sociedad les pedimos que comprendan que los docentes no somos enemigos, no somos responsables de todos los males sociales y no podemos resolver solos cada problema que atraviesa a nuestros estudiantes. Somos trabajadores que elegimos educar, que ponemos el cuerpo y el corazón en una tarea fundamental, pero que también tenemos derecho a trabajar con dignidad, seguridad y respeto.
No queremos acostumbrarnos a las agresiones. No queremos naturalizar las amenazas. No queremos que el miedo forme parte de nuestra jornada laboral. No queremos que otra tragedia nos encuentre preguntándonos qué se podría haber hecho para evitarla.
Queremos escuelas donde se pueda enseñar y aprender en paz. Queremos estudiantes cuidados y docentes respetados. Queremos que el Estado esté presente, que las autoridades escuchen y que las respuestas lleguen antes de que sea demasiado tarde.
Hoy, por Nancy Godoy, por cada docente que sufrió una agresión, por quienes trabajan en soledad y por cada comunidad educativa que reclama protección, levantamos nuestra voz.
¡BASTA DE VIOLENCIA EN LAS ESCUELAS!
¡BASTA DE ABANDONO Y DE RESPUESTAS TARDÍAS!
¡LA EDUCACIÓN NECESITA PRESUPUESTO, PREVENCIÓN, ACOMPAÑAMIENTO Y RESPETO!
No vamos a aceptar que el miedo sea parte de nuestro trabajo. No vamos a callarnos frente a la violencia. Defender a los docentes es defender la escuela pública; defender la escuela pública es defender el derecho de toda la sociedad a construir un futuro mejor.
Porque detrás de cada docente hay una persona, una familia, una historia y una vida que merece ser cuidada.
Que la muerte de Nancy Godoy no sea una noticia más. Que el dolor se transforme en conciencia, que la indignación se convierta en reclamo y que las palabras se traduzcan, de una vez por todas, en acciones concretas.
Firma: M.V docente de MG San Pedro, provincia de Buenos Aires.

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