Martes 30 de Junio de 2009: Sra. Directora, después de saludarla muy cordialmente paso a comunicar a Ud. el motivo de la presente: El Martes 2 de Junio hasta ese momento el día más frío del año, me presento en la Municipalidad para renovar mi carnet de conducir, son las 08:00 Hs. y me comunican que me anteceden nueve personas antes de mi turno que lleva el número 12; para mi asombro la espera debe hacerse fuera del recinto donde se atiende al público, o sea en ese pasillo de paredes viejas y húmedas sin iluminación y calefacción, en penumbras y donde el frío allí reinante es igual o mayor que en la calle, para colmo de males, una puerta que daba al exterior y que todo el que pasaba se empeñaba en dejar abierta hacía más terrible nuestra espera y puedo asegurar que era un gran desfile de pinches, ñoquis y amigos los que entraban y salían.
Adentro del recinto de atención era un mundo aparte, totalmente iluminado y con calefacción, donde el mate, el café y las facturas eran el motivo principal de la mañana. También se escuchaban alegres risas de mujeres y hombres felices de estar en ese lugar mientras nosotros esperábamos temblando de frío a pocos metros de allí. Todo esto ocurría ante la presencia del Sr. Bronce, jefe de ese sector que entró y salió varias veces del lugar. Ajeno e indiferente a nuestro infierno y que bien podía haber ordenado hacer pasar la gente al recinto ya que sobra lugar para ello.
Al fin fui atendido por un empleado con aires de Zar de Rusia, totalmente desganado y tomándose todo el tiempo del mundo. Ese pequeño trámite me llevó una hora y 47 minutos, casi dos horas ¡Gracias a que ahora hay computadoras, sino cuanto más!
Pregunto entonces ¿por qué esa falta de consideración y de respeto o hacia quienes con nuestros impuestos pagamos los sueldos, ropas, calzados, comidas y hasta ese mate y café mañanero de nuestros empleados? Porque les guste o no, son nuestros empleados, todos ellos, desde el que barre los pisos hasta el Sr. Intendente.
Sr. Director/a, ruego a Dios se digne Ud. a publicar esta carta y que esta sirva para que desde ahora en más cambie la atención al público, casi siempre nuestros mayores que deben sufrir estos atropellos en bancos, hospitales y clínicas y en todo lugar en el que está detrás de un vidrio se cree que ha subido un gran escalón y que para seguir subiendo hay que pisar sobre los demás.
Carlos Ismael Martínez – D.N.I: 4.686.867.
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