La magnitud de la obra del Monumento a la Soberanía y sus complementarias sendas que cruzan la barranca del sitio histórico con sus correspondientes miradores siguen generando opiniones diversas entre los visitantes y lugareños. Si bien este paraje ha incrementado notablemente sus visitas por la notoriedad que le aportó la presencia de la Presidente de la Nación Cristina Fernández de Kirchner para su inauguración, a escasos dos meses de habilitado para la recorrida pública pueden notarse los primeros deterioros. Con cierto resentimiento, algunos pobladores marcaron los arreglos de “mal gusto” y discordantes tanto con el paisaje como con el estilo realizados en el mirador principal, ese al que se asomó la Presidente para contemplar el Paraná en su esplendor. Pueden verse sobre los escalones que llevan al punto más cercano al río, gruesas capas de fibrofácil clavadas desprolijamente sobre los durmientes de quebracho, quizá con la intención de que nadie pueda caer hacia abajo, que fueron dispuestos cuando vino la Presidenta, pero descuidando totalmente la obra en si. Habrá que notar también que será un arreglo para hoy y desarreglo para mañana si tenemos en cuenta la facilidad con la que se destruye este material. Esto sería lo mínimo, en cuanto a estética, lo peor es que aún no ha sido habilitado el destacamento de Prefectura, que cuenta con una excelente y flamante construcción pero no está habilitada como tal, por lo cual dos efectivos permanecen en el lugar “sólo como custodia del edificio”, sin mobiliario, ni una pequeña embarcación para las recorridas por la zona donde, a pesar de la cartelería existente que lo prohíben, decenas de turistas se bañan en las peligrosas aguas del Paraná. Otra de Obligado: los contenedores de basura permanecen llenos durante una semana esperando la recolección, cuando la circulación de personas se ha triplicado en los últimos meses.
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