Eso fue lo que pagó un sampedrino por la torta mallorquina. La familia había invitado a un grupo de turistas y decidió agasajarla con una ensaimada. No sólo estaba rancia y vencida, sino que oblaron por ella, casi el doble de lo que cuestan en cualquier comercio de la ciudad. Una verdadera vergüenza para quienes promueven el turismo.
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