En manos de nadie
Un menor de 16 años recibió una severa golpiza que puso en riesgo su vida. Fue en plena plaza Belgrano ante la vista de varias personas. En el Hospital y la Clínica San Pedro no lo diagnosticaron, hasta ser trasladado en estado gravísimo a Junín, donde logró recuperarse de un cuadro de insuficiencia renal.
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Situaciones como estas son las que preocupan, alarman y ponen en alerta una serie de cuestiones, que pasan desapercibidas hasta que se toma conciencia o trascienden. Se trata de episodios que, a simple vista, parecen aislados, pero en realidad, se repiten fin de semana tras fin de semana.
A todo esto, se suma la falta de solidaridad de quienes hacen la vista gorda pese a estar cerca para intervenir, y la ausencia de testimonios a pesar de que estos graves desmanes y golpizas, se producen delante de cientos de personas. Además de traer a la memoria casos similares, que en algunas ocasiones terminaron con menores fallecidos a raíz de las graves lesiones.
Parece mentira y hasta es muy difícil tener que aceptar que en los tiempos que se viven, se sigan cometiendo errores dignósticos. Y no sólo en los sistemas de seguridad, sino también en la salud pública y privada.
Por el celular y las zapatillas
Este caso en particular, involucró a un joven de 16 años que sufrió una terrible golpiza en pleno centro de la ciudad. Deambuló por varios nosocomios, y en ninguno de estos se le diagnosticó lo correcto.
José Ruiz, un chico de 16 años, que concurre a octavo grado de la Escuela Normal, y como todos los fines de semana, salió con sus amigos a dar una vuelta por el centro, terminó la noche de la peor manera. Solo, sin que nadie lo ayude, golpeado y herido de gravedad. El hecho se produjo el 1º de Diciembre, y la situación comenzó en la esquina de Pellegrini y Obligado, una de las zonas más concurridas del centro de la ciudad, porque la transitan cientos de autos, vecinos y turistas. Pero nadie se metió… nadie colaboró, sin siquiera para llamar a la Comisaría o alertar a cualquiera de las patrullas que habitualmente transitan el centro.
Por el relato del propio José Ruiz, lo corrieron desde esa esquina hasta la plaza Belgrano, y nadie intervino, a pesar de las corridas y la golpiza que le dieron. Sólo una persona se acercó cuando, ya, por la Escuela Normal, vio que el chico deambulaba herido y lo subió en la moto para alcanzarlo hasta su casa.
También es bueno reconocer que la actualidad del país no es la mejor; que los sistemas de seguridad no funcionan y que la gente tiene miedo. Quizás allí se fundamenta el “no te metás”. En su mayoría, a esa hora, predominan las familias que pasean por el centro y por no correr riesgo ante la presencia de estas bandas, elijen “no mirar”.
Mayor control
Si bien es cierto que tanto las patrullas municipales, como los móviles policiales recorren constantemente la zona del centro, aseguran que debería ser más intensa durante la madrugada. A partir de las 3 de la mañana, cuando la zona de boliches reúne a verdaderas multitudes, se transforma en tierra de nadie. Todos los locales de diversión nocturna, se ubican en un radio máximo de cinco cuadras, lo que agrava la situación por el movimiento de gente que ocasiona, aunque también debería facilitar el control de seguridad sobre la zona.
Pero es cierto, es muy común ver numerosos grupos, de chicos de corta edad, agresivos, ebrios y hasta afectados por algunas sustancias que hoy existen y bien pueden suplantar al alcohol.
Y el punto de encuentro es la plaza Belgrano, transformada por esas horas, en un verdadero ring, donde predominan las peleas, corridas y agresiones. Prácticamente no trascienden, y en este caso pasaron casi 15 días hasta que tomó estado público.
El reclamo de una madre
Norma, la mamá de José Ruiz, contó con lujo de detalles, qué fue lo que le ocurrió a su hijo. “Salió a dar una vuelta con sus amigos. Pero como a la una menos veinte, nos golpean la puerta de casa y era él. ¡Mamá me pegaron! nos dijo. Estaba en la heladería de Pellegrini con sus amigos y lo corrieron hasta la plaza Belgrano”, contó la mujer.
“Se defendió como pudo, con una baldosa”. “Le querían sacar las zapatillas y el celular, otro motivo no había”, aseguró.
“Los amigos dispararon, son todos chicos, todos menores, se asustaron y se fueron. Lo corrieron, se cayó y lo agarraron a patadas y a cintazos, por todos lados”. Además agregó, “El centro estaba lleno de gente, y nadie se metió a defenderlo. Nadie le dio nada para poder llamar a su casa”. “Sino fuera por un hombre de una moto que lo subió y lo trajo, lo mataban”, concluyó diciendo la madre.
Idas y vueltas
Este episodio no quedó así. Comenzó otra historia que también preocupa. “Lo llevamos a la guardia del Hospital”, dijo la mamá. “Llamé la ambulancia porque lo veía muy mal, devolvía y devolvía, le dolía todo”. “En el hospital le pusieron un calmante, y el Dr. de guardia que nos atendió dijo que era una crisis de nervios por la situación que había pasado”.
“Con ese diagnóstico, nos volvimos caminando porque no encontrábamos remis”, continuó relatando Norma. “Cuando pasamos por 11 de Septiembre, José mira para atrás y reconoció a uno que estaba allí, como uno de los que le había pegado. Mi marido lo encaró pero se escapó. Andaba con una gorrita y un buzo azul”. “Es un grupito que vive en las 150”.
“El domingo siguió vomitando, con dolores en la cabeza y el cuerpo”, contó la madre. “Entonces lo llevamos a la Clínica San Pedro. Allí lo internaron, le aplicaron suero y le hicieron análisis. El martes, el Dr. Paladini le hizo una ecografía a la mañana, nos dijo que estaba todo bien, que nos quedáramos tranquilos. Mientras tanto, José seguía con dolores de estómago y dolor de cabeza”.
“Mientras tanto, yo me fui a mi casa y cuando volví a la tarde me encontré que vomitaba sangre”, dijo.
“Volvieron a sacarle una placa en el pulmón, y el doctor dijo que estaba bien”. “Increíblemente, como a la medianoche el médico de guardia llamó a Paladini porque se había complicado, y a mi hijo tuvieron que colocarle un respirador artificial. Y a las 3.30 horas lo trasladaron a Junín”.
“A mi hijo no le funcionaba un riñón y le dañaron un pulmón, y nadie se dio cuenta”, relató con impotencia la madre.
“Lo único bueno fue que mi hijo en ningún momento perdió la conciencia. Me preguntó porque lo llevaban y le explicamos que acá no había los elementos suficientes”. “Mi hijo estaba en manos de Dios. Me puse a rezar, y todos sus compañeros de la Escuela Normal también lo ayudaron”.
“José, es un chico sano, no es de salir, no tiene antecedentes, no tiene nada… no puede ser que cualquiera lo agarre y lo mate a palos. Estos pibes se equivocaron con mi hijo”, subrayó.
Evolución
José Ruiz, estuvo internado en la Clínica Centro de la ciudad de Junín, acompañado por su padre Juan Carlos. Tras los estudios pertinentes ,se determinó que el menor presentaba insuficiencia renal y había alojada sangre en sus pulmones. Permaneció en terapia intensiva hasta la tarde del miércoles de la semana pasada, cuando los médicos que lo atienden decidieron pasarlo a una sala común. Considerando además, que había superado el riesgo de vida. En la tarde del viernes fue dado de alta y regresó a su casa, en donde se recupera de la terrible golpiza recibida.
La familia realizó la denuncia al día siguiente que golpearon al menor, pero hasta el momento no hubo ninguna novedad. Según la propia familia, el médico de policía no fue a observarlo, sólo se comunicó con el médico del Hospital y dictaminaron heridas leves. Días después lo citaron a declarar pero para esto José Ruiz se encontraba internado en grave estado.
Mientras tanto, se espera que con la situación provocada luego de haber efectuado la denuncia, la carátula de la causa cambie. Además, en el hospital se deberá establecer que fue lo que ocurrió la madrugada que Ruiz ingresó a la guardia y el médico que lo atendió subestimó su situación, tal vez por lo común de las golpizas de los fines de semana. Idéntica situación debería establecerse en la clínica privada, pues la familia todavía no entiende como “pueden equivocarse tanto”.
Lo de Román será un escarmiento
Hace poco más de una década, episodios como el que protagonizó este jóven, provocaban escándalo y hasta movilizaciones. Este medio siguió por entonces, paso a paso, el caso del joven Román Pando. Un baraderense que junto a sus amigos había venido a festejar sus 15 años a nuestra ciudad. Mientras huían de sampedrinos que los perseguían, recibió un impacto de bala. Cuando llegó al Hospital, los médicos dijeron “está borracho, dejalo en la camilla que ya se le pasa”. Transcurrieron las horas, hasta que comenzaron las convulsiones y sus padres llegaron a San Pedro, decidiendo su traslado. En Buenos Aires, descubrieron que tenía una bala en la cabeza. Romás murió unos días después. Tiempo después en juicio oral y público fue condenado solo uno de los jóvenes, quien cumplió una condena, pese a que no habria sido él quien disparó el arma asesina, sino otro que por contar con buenos abogados pudo eludir su responsabilidad.
Todos pensaron, por entonces, que el caso sería un escarmiento social y que jamás volvería a suceder cosa semejante. Por el contrario a la vija de este niño se sumaron varias, como la de Aldo Daniel Pereyra que hasta hoy no tiene responsables pese a las decenas de testigos que vieron lo que sucedió aquella noche en el pub Terra Media.
