En el año de elecciones, volvieron las tomas de terrenos
Alrededor de diez familias tomaron una manzana en Colón al 2500 y otras 16 hicieron lo propio frente al CIC. En la mayoría de los casos, se trata de jóvenes con hijos que vivían en el mismo barrio, en la casa de sus padres. La Fiscala Ates interviene ante la denuncia de los dueños del primero y del Estado en el segundo. Además, hubo intervención municipal en casos de apropiaciones indebidas de predios fiscales.
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Sin hacer una acusación directa, el Gobierno municipal deslizó sus sospechas luego de que en el lapso de cinco días fueran tomadas tres manzanas en la zona de Colón al 2500 y el terreno ubicado frente al Centro Integrador Comunitario, donde está la casa destinada al programa Envión y donde debería haber una plaza.
“Nos están usurpando demasiado y nos llama poderosamente la atención”, se quejó el Secretario de Gobierno Martín Baraybar, quien sostuvo que si bien carecen de pruebas para señalar a alguien, no dejan de pensar que hubo algún tipo de instigación por parte de lo que llamó “elementos de la vieja política” que, consideran, reaparecen en este año de elecciones.
“Pedimos que si alguien cree que el camino de cara a las elecciones es éste le decimos que encontrará un Ejecutivo fuerte y unido”, advirtió el funcionario, quien encabezó la conferencia de prensa en la que estaba prácticamente toda la plana mayor del Gobierno de Fabio Giovanettoni, aunque sin el intendente.
A la espera de la Justicia
El Gobierno busca acelerar los pasos de la Justicia para que se expida respecto de la restitución de los bienes públicos y privados tomados, aunque como bien aclaró el Director de Asesoría Letrada José Macchia es algo que “puede demorar”.
“Debemos proteger los espacios públicos. Tiene que quedar claro que esta situación no la vamos a permitir y dentro de la legalidad haremos todo lo que tenemos a nuestro alcance”, dijo Baraybar.
Además de la denuncia, el oficialismo ingresó un proyecto de resolución para “repudiar los hechos de ocupación ilegítima”, y Desarrollo Social hizo un relevamiento del que dieron cuenta en el expediente elevado al Concejo Deliberante, en cuyos considerandos señalan que “de los informes sociales realizados a las familias involucradas en estos hechos se observa que algunos de los actores son reincidentes en ilícitos de estas características, en cuanto a la forma y al tiempo de ocurrencia”.
“Entendemos la problemática social y entendemos y estamos convencidos que la ilegalidad no es la solución”, dijo Baraybar. El Secretario interino Carlos García anunció que suspendieron la entrega de materiales, ya que deben cruzar la información para establecer si algunas de las personas en situación de toma es beneficiaria de ese programa de asistencia.
El relevamiento sólo se hizo en el terreno frente al CIC, pero no en el de Colón. Los funcionarios adujeron que no podían hacerlo porque necesitaban “una orden judicial”. Para algunos puede ser novedad la labor ejecutiva en relación a la ley de minoridad que creó el Servicio local de promoción y protección de los derechos del niño. Para otros, no. Los últimos son los que saben que ese organismo debe intervenir cuando hay derechos vulnerados de menores de edad, como en este caso, donde hay chicos en carpas y precarias viviendas, algunas con riesgo de caerse.
En el predio relevado hay 16 familias, con adultos, jóvenes parejas y niños. “Estamos en la calle sin vivienda, queremos un terreno para estar con nuestros hijos”, dijeron a La Opinión. “Estamos cansados de que nos prometan y después no cumplan. Buscamos una solución a nuestros problemas”, agregaron. “Usurpamos frente al CIC porque sólo queremos algo digno para nuestros hijos. Estamos cansados de alquilar y de vivir de prestados”, fue otra de las frases.
Las fotos que ellos mismos se sacaron los muestran con una bandera de la Juventud Radical, cuyo titular Jonathan Galván dijo a este semanario: “No tenemos nada que ver, nos sorprendimos cuando lo vimos. Es una bandera que quedó de la campaña de Sergio (Rosa) de 2011, que no sé cómo llegó ahí. Vamos a enviar un comunicado para explicar que estamos en contra de toda toma, de toda usurpación, y que no tenemos nada que ver como Juventud ni como partido, ni nuestro bloque en el Concejo Deliberante”.
Un recorrido necesario
Una pala desvencijada, unos cuantos palos deformes, dos o tres hilos de alambre oxidado, chapas agujereadas, un fieltro viejo, nylons desechados por comercios, una puerta que se apoyaba en un poste a la derecha y en la nada a la izquierda, jóvenes muy jóvenes, embarazadas y niños forman parte del paisaje que pudo verse la semana pasada en un terreno de Colón al 2500.
La mayoría de los ocupantes no conoce otro trabajo que el de changarín, no sabe qué es un recibo de sueldo y, como ellos mismos dicen, no pueden “ni sacar un crédito para comprar un par de zapatillas”.
Todos del barrio, la mayoría vivía con sus padres, “de prestado”, como definieron. Mucho jugaron a las escondidas, al fútbol o a bañarse en el barro cuando llovía en ese predio que señalan como “abandonado” desde que tienen memoria.
“Esto no es de nadie, y si tiene dueño hace añares que no le da pelota. Nosotros lo limpiamos todo, hasta ratones salían”, le dijeron a un cronista de La Opinión mientras bajo la intensa lluvia del miércoles pasado por la mañana cavaban zanjas para que drene el agua.
El predio tiene dueño. Se trata de los hermanos Luzzi, quienes, vaya paradoja, la misma semana fueron a firmar la escrituración de lotes para los vecinos de ese barrio que se llama “Villa Lolita” en homenaje a Lola, su madre. De las tres manzanas, una fue donada al Obispado para la construcción de una escuela.
Estado de abandono
El terreno está ubicado en la última cuadra de Colón, cuyo final choca contra un paredón que separa el barrio de la estación de servicio Petrobras de Crucero General Belgrano.
Por Colón, una fila de casas pequeñas y humildes, algunas prefabricadas que dan cuenta de que alguna vez los pobres también pudieron comprar un mínimo techo para sus familias, se corona con la propiedad del advenimiento de algún nuevo rico, de esos que saben aprovechar la miseria del resto: donde debería haber una casa, hay cinco departamentitos.
Según contaron en la zona, costarían alrededor de 2.000 pesos al mes, que ninguno de los que está en situación de toma podría pagar, claro está.
De esquina a esquina se nota la ausencia del Estado: la lluvia de ese día hizo que los remiseros que llevaron y trajeron a La Opinión bufaran un poco por el barro y los pozos. El “palomar” citado no parece haber sido inspeccionado por Obras Públicas, como tantos otros no tan alejados.
En la otra punta, una plaza de la que se reiría cualquier chico del centro es el único divertimento para los pibes del barrio. Una estructura miserable de la que penden dos hamacas entre una maraña de pastos que los vecinos cortan cuando pueden, cuando de paso arreglan un poco los columpios para que sus hijos no se lastimen. Un zanjón separa el predio de lo que debería ser la calle 50.
El terreno tomado está custodiado en una esquina por el Gauchitio Gil. “Salud, trabajo y amor para vivir dignamente / con encendido fervor viene a pedirte mi gente”, dice una de las tantas canciones dedicadas al santo correntino. Lo mismo piden los rostros tristemente envejecidos de los veinteañeros que protagonizaron la toma.
De política y políticos
“Acá no vino nadie”, dijeron. La mayoría conoce Desarrollo Social. Muchos tramitaron materiales para construir “una piecita en el fondo” de la casa de sus padres y están a la espera de que se los envíen. Los que sí pasaron fueron efectivos de la Policía. El martes a la noche, varias veces y sin parar, primero; el miércoles, ya con la denuncia y para relevar los datos de quienes estaban en el predio, la segunda.
La manzana no tiene postes de electricidad ni caños de agua. Algunos vecinos curiosos miraban de cerca, otros de lejos. Los primeros no se hacen problemas porque, aseguran, “son todos pibes del barrio”, un barrio que “deberían llamarlo La Paz, porque no sabés lo tranquilo que es”. Los segundos reciben alguna cargada hostil por parte de los que tomaron.
De política no hablan o se cuidan de hablar, como en casi todas las tomas. “Si vienen para ayudar, mejor”, dicen sobre los políticos. Algunos nombres los conocen. De otros, no saben ni que existen. De todos sospechan. A todos le dirían que sí.
En cada año electoral las tomas de terrenos son moneda corriente y nadie puede descartar que algunos datos que estos jóvenes esgrimen pueda provenir desde algún sector.
A un vecino “empresario” lo señalan como el que le habría dicho a un par suyo que dispusiera del terreno. Cuando sucedió la toma, estaba de vacaciones. “No le va a gustar nada cuando vuelva, porque él se cree que manda en la barrio”, contaron.
#DécadaPerdida
Por Lilí Berardi
Para quienes peinan canas las usurpaciones se siguen llamando usurpaciones. Para la mirada posterior a los 90, son “tomas” o en todo caso “ocupaciones irregulares” que encuentran sustento en la exclusión sistemática de un sector de la población tras los gobiernos de Menem y De la Rúa.
Los pobres hoy se denominan “sectores vulnerables” aunque sigan siendo pobres y el nuevo lenguaje no alcanza para tapar una realidad a lo que calificamos como fracaso de las políticas públicas de asistencia y garantía en la igualdad de oportunidades.
Lo que sí ha cambiado es la actitud. Quienes antes estaban condenados a la sumisión hoy se envalentonan frente a cualquier poder. Son descendientes de planes sociales otorgados por punteros políticos que robaron el voto de sus padres para condenar a la indigencia a sus hijos.
Las consecuencias de estas décadas perdidas se reflejan sólo en el cambio de terminología y nunca en el recupero de la dignidad o el derecho a reclamar lo que la Constitución Nacional dispone en clarísimos términos.
El estado local, provincial o nacional le deben explicaciones a los bebés que crecen en las panzas de estas embarazadas. Están obligados a cuidar de su salud, brindarles buena educación y generar trabajo como única garantía de un “comienzo” mejor que el de sus jóvenes padres y abuelos.
De otro modo, solo cambiamos adjetivos y sustantivos. Algo que poco importa a quien padece y molesta mucho a los que miran.
