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    El trabajo esclavo no cesa en la “resignación”

    Un nuevo operativo de Uatre y el Ministerio de Trabajo detectó cuarenta trabajadores oriundos de Santiago del Estero en malas condiciones de habitabilidad, seguridad e higiene. Estaban alojados en una casa y en un galpón en el radio urbano. Trabajaban para la empresa Zyrujaz SRL, en tareas de corte de guinea. Sorprenden los testimonios de las víctimas al tomar como “natural” su situación.

    9 de febrero de 2011 | 11:28
    El trabajo esclavo no cesa en la “resignación”

    El operativo tuvo lugar el martes al mediodía, en dos domicilios donde Uatre ya tenía sospechas respecto a la situación hallada con los trabajadores rurales allí alojados, en pésimas condiciones de habitabilidad, tal como los detectados en otros establecimientos, pero esta vez en pleno radio urbano de la ciudad.
    Los procedimientos fueron en una vivienda ubicada en Humanes al 1.600, donde veinte trabajadores oriundos de Pozuelos, departamento Río Hondo, provincia de Santiago del Estero, y en un galpón de Caseros al 1.600.
    Trabajaban para la empresa Zyrujaz SRL, cuyo socio gerente es de apellido Trujillo, según informaron desde la Uatre y los propios empleados.
    En la casa convivían 20 personas que dormían en colchonetas en el piso, con precaria instalación eléctrica, un solo baño que no daba abasto para todos, lo que obligó a disponer excusado y duchas precarias en el patio, donde además estaban las parrillas en las que encendían fuego para cocinar con la mercadería que luego les sería descontada de la paga final.
    En el galpón dormían distribuidos entre fardos de guinea, también en el piso, para 20 personas más, con baños químicos y hasta una carpa dispuesta en el interior del lugar. Aquí no había trabajadores en el momento en que fue realizado el operativo, lo que llamó la atención ya que las lluvias de estos días hicieron imposible que pudieran ir al campo a trabajar.
    Evaristo Silva, de 57 años, es calificado como el “cabecilla” de la cuadrilla y el “reclutador”, pero en la realidad relata que no cobra y desde hace más de una década invita a sus conciudadanos cada vez que lo llaman para ofrecer trabajo. A pesar de que las condiciones de alojamiento no respetan en absoluto la legislación vigente, la costumbre de la explotación hizo que este trabajador que reunió en Santiago del Estero a sus compañeros para venir a San Pedro señalara que está “conforme” con todo; una confirmación de la costumbre y la resignación.
    Trabajaban para cobrar “por tanto”, a razón de 1.900 pesos por hectárea cortada, entre todos, lo que luego se reparte, de acuerdo a la cantidad de hectáreas que corten en total durante la temporada a lo que le descontarán “lo que hayan gastado en comida”, un monto que todos desconocen..
    Entre las personas halladas había menores de edad, uno de ellos de 15 años, que estaba con su padre. Otro, de 18 años, aseguró que realiza estas tareas desde los 13.
    Uatre realizó la denuncia correspondiente en la comisaría local, para que tome intervención la Justicia. El Ministerio de Trabajo, por su parte, tomó registro para verificar las condiciones en las que estaban empleados, ya que los propios trabajadores desconocían si estaban o no registrados. Apenas sabían que habían sido “fichados”.
    Luis uno de los hombres degradado por la necesidad de un trabajo en su lugar de origen manifestó su queja por las condiciones de habitabilidad y consideró que estaban alojados “como chanchos”.
    Otros señalaron que los techos se llueven y que tras la tormenta de ayer se les mojaron los colchones porque entraba agua también por las puertas de la casa, que figura en venta con un cartel de una inmobiliaria.
    Al cierre de esta edición, cada trabajador prestaba declaración a los agentes de la Justicia y el Ministerio de Trabajo para determinar los pasos a seguir tanto desde el punto de vista laboral como judicial, ya que la denuncia puede dar lugar a una causa, además de las acciones propias que se desprendan de las infracciones por violación a la legislación laboral vigente.

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    • Edición N° 984
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