Un nuevo micrófono se ha encendido en San Pedro. A base de silbidos y cantos, se puso en el aire la puesta del pensamiento crítico tan vital, tan ardiente, tan necesario…
Un cúmulo de calidad radial, talentos colectivos y voces penetrando ese vacío de la imaginación que hace tan incorruptible la radio. Un crujido de tensiones político-culturales, una hendija histórica para mover las estanterías del presente, siempre en manos de los estáticos.
Un micrófono que se escucha aun fuera del aire, que vino a interpelarnos como sociedad, como tensión entre los ruidos diurnos de la rutina y el rato de reflexión eterna para ver dónde estamos parados. Lo antecede la transmisión de una pasión argenta como el fútbol, y la preside esa pausa rítmica; ese devenir de la crítica pensante; ese incondicional abrazo de los que buscamos ser interpelados por una trinchera comunicacional.
Silbando bajito nos acomodó un escenario, colocó sus luces mágicas, restauró la vieja madera de hacer radio, preparó uno a uno los asientos del escuchar y nos advirtió que todos podemos protagonizar el acontecer de los días, mientras la dignidad de la voz siga siendo moneda corriente.
Ya somos parte de un silbido que irá creciendo en la radio sampedrina. Los invito a todos a la gran mesa que Romàn Solsona hace apenas un par de semanas nos preparó para escuchar-nos, interpelar-nos, y convertir un programa de radio en estímulos colectivos que nos conviertan en biógrafos de nuestro presente.
Mis felicitaciones al silbador, a su silbido y a quienes lo hacen posible.
Patricio Rosales
[email protected]
Ads Ads Ads Ads Ads

:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/laopinion-static/images/logo.png)