El puerto no opera por falta de dragado
Las batimetrías dan cuenta de que la profundidad actual no habilita a que salgan o entren buques de carga, por lo que sólo embarcan arroz que quedó depositado. Desde el Concejo Deliberante solicitaron la rápida intervención del Gobierno Nacional y Provincial. Las asociaciones que nuclea el Fempinra se declararon en “estado de alerta y movilización”. Temen por los 300 puestos de trabajo, que significa entre 60 y 80 millones de pesos anuales. Entregarán una carpeta a la Presidenta.
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En el último período el río Paraná tuvo un comportamiento extremo que perjudicó de manera importante la actividad portuaria local, al punto de que la profundidad lo dejó “no operativo para cargas generales”, según dio cuenta un informe del Consorcio de Gestión cuyo gráfico se reproduce en esta página. Esto significa ni más ni menos que San Pedro, hoy, tiene al puerto “de adorno”.
El titular del Consorcio calificó la situación como si “hubiese existido un terremoto”. La cantidad de limo estancado es demasiado como para que la entidad pueda dragar por sí misma, ya que “la plata que hay no alcanza para sacar ni la tercera parte de lo que existe en el puerto”, confesó Veiga.
El dinero disponible, unos 2,5 millones, hubiese alcanzado para la perspectiva normal de dragado. Sin embargo, la situación es realmente crítica al punto de que si no hay ayuda del Estado nacional a través de la empresa Hidrovía S. A., concesionaria del río Paraná, el puerto quedará sin operar, con las consecuentes pérdidas de los más de 300 puestos de trabajo, que representan una inyección anual de dinero en la economía sampedrina de entre 60 y 80 millones de pesos.
Por ello también hubo una seria preocupación por parte de las asociaciones sindicales adheridas a la Federación Marítima Portuaria y de la Industria de la República Argentina (Fempinra), quienes informaron que el Intendente Pablo Guacone le acercó al Ministro de Planificación Julio De Vido la problemática que está atravesando la ciudad.
La intervención de De Vido será fundamental, en la medida en que de él depende la Secretaría de Transporte que conduce Juan Pablo Schiavi, responsable también de las vías fluviales.
Se trata de 600 mil metros cúbicos de sedimentos estancados en el acceso, que superan ampliamente los 105 que permiten el ingreso normal de los buques.
La preocupación llegó también al Concejo Deliberante, en cuya última sesión la semana pasada el Presidente del HCD Sergio Rosa subrayó el “costo – beneficio” que representa la actividad portuaria frente a los costos de mantenimiento del canal. Apuntó que con la figura actual del Consorcio no se llega a conquistar nuevas cargas y el dinero que queda para la entidad en la ciudad apenas cubre los sueldos. Por su parte, el concejal Casini propuso pedir ayuda a la Presidenta.
Un problema Federal
La solicitud de intervención del Gobierno nacional obedece a la condición federal de la actividad portuaria sampedrina, cuya sede atiende las necesidades de carga de economías regionales de Tucumán, Salta, Corrientes y Entre Ríos, lo que lo posiciona como uno de los principales puertos cargadores de fruta cítrica, con un promedio anual de 190.000 toneladas, pese a que está diseñado como puerto cerealero y que tras la privatización de la Junta Nacional de Granos se estimaba que su elevador lograría posicionar a la ciudad como uno de los puertos de ultramar con bajos costos operativos, porque no se necesitaba de remolcadores para atracar en los muelles.
Ese mínimo detalle es en números un negocio de proporciones para quienes derivaban cargas a puertos donde la especulación estaba puesta precisamente en los remolcadores, postergando una vía excepcional para el comercio internacional. La empresa privada fue mermando sus cargas y hoy es magra su participación, pese a contar con todos los bienes que el Estado aluna vez despreció.
La ventaja comparativa local frente a otros puertos para la carga de frutas tiene que ver con la presencia de los trabajadores. Expulsados de los montes frutales, ha permanecido en ellos la capacidad para la manipulación de la fruta fresca, uno de los mayores requerimientos para la exportación, ya que se trata de cargas delicadas.
Además, tras largos reclamos a la empresa Terminal Puerto San Pedro –que incluyó una solicitud de expropiación–, comenzaron a llegar algunos buques cerealeros, especialmente de carga de arroz, que este año rondó las 200.000 toneladas. En ese caso, la ventaja es que ese cereal implica cargas no demasiado voluminosas y en San Pedro la falta de actividad hace que haya depósitos disponibles.
El problema es “federal” ya que la Provincia de Buenos Aires, a la hora de analizar la situación sampedrina, se encontrará con que este es un puerto que no tiene mayor injerencia para la actividad productiva bonaerense. Sin embargo, como se dijo, está posicionado como un puerto estratégico para aquellas economías regionales con dificultades de inserción en otras terminales.
Mientras Hidrovías pasa a diario con el dragado del Paraná propiamente dicho, el canal de acceso al puerto de San Pedro permanece con serios problemas de sedimentación y ese será el reclamo que las autoridades locales harán ante las nacionales.
La idea, así, es presentarle a la Presidenta de la Nación el próximo viernes en Vuelta de Obligado una carpeta con la descripción del caso, que ya tienen Schiavi y De Vido, para que el Gobierno tenga conocimiento en su máxima representante de la importancia que tiene para la economía local el ingreso de los 300 trabajadores portuarios y el volumen en dólares de la exportación cítrica.
La historia se repite
En el 2009, y por un mal dragado realizado en 2007, la actividad del puerto había quedado casi nula. Cuando el actual Presidente del Consorcio asumió su cargo, la empresa marítima Saliva le informó a Marino Veiga que en el sector de ingreso y maniobra existían problemas con la profundidad que los buques necesitan para poder amarrar en el puerto.
En septiembre de 2007 la Provincia envió la draga Elepel IV, que prometía extraer 320.000 metros cúbicos de sedimento permitiendo la llegada de cualquier barco. Pero en 2009 un estudio de medición de profundidad marina –la batimetría–, arrojó que la profundidad no superaba los 7.28 metros mientras que el dragado realizado dos años antes aseguraba darle 1.51 metros más.
En julio de 2010, y luego de superar una creciente que no se registraba desde la década del 50’, se finalizaron los trabajos y el puerto quedó operable nuevamente.
Ayuda Nacional
y Provincial
El proyecto presentado por los ediles Mosquera y Casini, y aprobado por el HCD en la última sesión, solicita al Gobierno de Daniel Scioli y al de Cristina Fernández de Kirchner “tomar cartas en el asunto de manera inmediata, dando curso favorable a las gestiones encomendadas a las autoridades de la ciudad de San Pedro y a las entidades gremiales involucradas”.
Por su parte los gremios nucleados en la Fempinra acortaron caminos y le enviaron una carta al Secretario de la Presidencia Oscar Parrilli para solicitarle una reunión con la primera mandataria para el próximo 18 de noviembre, cuando Cristina Fernández de Kirchner arribe a la zona. Allí explican la situación actual del puerto y expresan que “de no redimirse a la brevedad, impediría la llegada de buques para la campaña 2011-2012 de carga de fruta fresca y granos de exportación”.
Hoy el puerto tiene una profundidad de 7,10 metros, cuando lo ideal es al menos lo alcanzado en agosto de 2010, cuando llegó al pico de 9,15. En 8,54 metros, el puerto deja de ser operativo para carga de graneles; en 8.00, para carga de frutas.
En estos días sólo operó un barco que cargaba apenas 15.000 toneladas de arroz, que ya estaban depositados en la ciudad. Mientras tanto, ningún operador puede venir al puerto, ya que la incertidumbre respecto de si finalmente podrá salir o no hacia el Paraná no la puede erradicar nadie.
