El proyecto para ordenar los boliches ya es materia de debates
Manchone le entregó el borrador a Giovanettoni. Lo analizan Victoria Vitale y Nicolás Macchia. Pretende suspender nuevas habilitaciones, trasladar la actividad a un predio alejado del casco urbano, definir con precisión qué puede hacerse en cada lugar, entre otros puntos. Dentro de los conocedores del rubro hay quienes creen que profundizaría el oligopolio existente y otros que consideran que es necesario que se termine la proliferación de aventureros. En exclusiva, los detalles de la propuesta.
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La Opinión adelantó el jueves el borrador que el Director de Seguridad, Tránsito y Nocturnidad Raúl Manchone elevó ese mismo día en reunión de gabinete al intendente para que comience el análisis interno de un proyecto de ordenanza que el nuevo funcionario redactó durante su anterior gestión junto a la hoy coordinadora de Defensa Civil y secretaria multiuso Mariel López, y que retocó para aggiornarlo a una realidad que muta: la diversión nocturna.
El proyecto, de diez páginas y 33 artículos, busca regularizar la situación de los locales de esparcimiento nocturno, poner “cada cosa en su lugar” y, sobre todo, evitar la apertura de comercios con la inexistente figura de “habilitación provisoria”, al tiempo que implica severidad a la hora de plantear qué puede y qué no cada establecimiento, según para qué haya sido habilitado.
Son al menos cuatro los puntos que más polémica generan y que ya provocaron intercambios en las redes sociales, luego del adelanto de este semanario: la suspensión de las habilitaciones hasta diciembre; la mudanza en un plazo no mayor a tres años de todos los boliches a un predio que podría ser el de inmediaciones de Crucero General Belgrano y 3 de Febrero; la garantía propietaria de alrededor de 800 mil pesos que deberá presentar quien quiera poner a su nombre un negocio de estas características; y la precisión respecto de qué se puede y qué no en un bar, un restaurante, una discoteca, etc.
El sueño relocalizador
El plan de reubicar los boliches tiene su tiempo y ha sido muy debatido. Los comerciantes del rubro siempre se quejaron; los concurrentes a esos locales también, sobre todo teniendo en cuenta que hay un público acostumbrado a pocas manzanas con actividad.
El plan es que la ordenanza establezca que el municipio determinará un lugar de concentración para el rubro. Manchone sugiere para ello el triángulo ubicado frente a Terminal Puerto San Pedro y lindero con la cancha del club Defensores Unidos.
En ese lugar se reunirían no sólo los nuevos boliches que surjan una vez que levanten la veda de habilitaciones, sino además los que están hoy en funcionamiento, quienes tendrían un plazo de tres años a partir de la promulgación de la ordenanza para trasladarse.
“El Estado Municipal deberá garantizar la afluencia de transporte público de pasajeros a la zona (micros, taxis, remis), como así también que los nuevos locales cumplan con todos los requisitos de construcción planteados en la presente y en toda legislación vigente al respecto”, dice el texto en análisis.
Manchone ya se lo había propuesto a Guacone, quien por acción u omisión lo cajoneó. Ahora vuelve a la carga y redobla la apuesta. Entre los empresarios de la noche consultados por La Opinión, ninguno dijo haber tenido conversación alguna con el funcionario sobre el tema.
“Trasladar el negocio, a no ser que te den el predio y te faciliten la construcción, es imposible, el rubro genera mucha inversión”, aseguró un conocedor del negocio de importante vínculo con los empresarios, a quienes conoce en profundidad, tanto como para asegurar que a los titulares de boliches “no les gusta ceder un peso”.
“Los empresarios no quieren, la gente tampoco; la veo complicada”, dijo un exempresario de la noche que prefiere seguir mirando desde afuera.
Las cuestiones sociales relacionadas con la seguridad en materia delictiva y la relacionada con el tránsito también deberán ser parte del debate.
Mudarse o cambiar
En San Pedro funcionan hoy dos discotecas y una serie de bares que hacen las veces de pubs con lógica de boliche. Los dos primeros son propietarios de sus inmuebles y mudarse les implicaría un verdadero dolor de cabeza. Al resto, la situación también los ataca desde otro frente: qué son y qué pueden hacer.
“Si tengo que dejar de hacer shows para no entrar en una categoría, me quedo como bar hasta las 2.00 de la mañana. Lleno de mesas, bajo el volumen y listo”, analizó una persona vinculada a un negocio de esas características.
Es que el proyecto no sólo piensa mudar los locales de actividad nocturna sino además establecer con precisión rígidas categorías que permitirían hacer algunas cosas y otras no, de acuerdo al tipo de habilitación que se tenga.
Las categorías son Confitería, “donde el usuario no asiste a bailar, se expenden bebidas, se sirven comidas”; Cabaret, “donde se realicen bailes, se presenten atracciones, variedades e intervengan personas contratadas para bailar o alternar con el público”; Discotecas, “donde se difunde música, con pista y actividad de baile”, a las que pretenden obligar que tengan “como mínimo 600m2 libres”; Salones de fiestas; salones de baile; bailes populares; restaurante con o sin espectáculos en vivo; café concert; y el hoy polémico “bar”.
La definición de esta última categoría es la que, si se respeta como corresponde –algo que, hay que decir, bien podría hacerse ahora mismo con la normativa actual– queda definido de la siguiente manera: “Establecimientos donde se sirvan bebidas, infusiones, sandwichería, copetín y similares. Atendidos por personal de mozos sin música o con música funcional suave sin estridencias, con luces blancas, sin cobro de entradas y/o consumición o tarifa mínima”, cuya superficie ”deberá estar ocupada por mesas, sillas y mostrador no debiendo existir entre cada mesa con sus correspondientes sillas y el resto una superficie libre mayor de 1,00 m ni menor de 0,90 m”.
Tiempos modernos
La noche cambió desde que Manchone ideó este proyecto, basado en la experiencia San Nicolás. De hecho, en su momento quienes alguna vez fueron calificados como “los dueños de la noche” –un grupo de empresarios que acordaron trabajar en conjunto y “cartelizaron” la actividad– habían dado su visto bueno a la propuesta, con la condición de que el control sobre los bares sea efectivo y evitar así la competencia desleal.
Sin embargo, el mapa de los hombres de la noche cambió mucho. El articulador de los locales Andrea Taboada ya no tiene injerencia, a pesar de haber sido hasta no hace mucho el principal decisor de lo que sucedía en el rubro. De los tres locales que estaban dentro del famoso “acuerdo” sobre calle Pellegrini sólo abre uno, que cambió de propietarios.
“En 20 años que estoy en la noche siempre escuché lo mismo: que el bar es bar, y el boliche es boliche. Mentira, nunca controlaron. Desde La Cabaña en adelante, siempre existió ese problema”, dijo un ahora retirado nightman.
La salida de los “cartelizados” tiene un motivo similar al que expresó el citado: la noche ya no es la misma. El verano 2015 lo demuestra: no hay público para todos; cortar entradas es un milagro para pocos; a quienes salen les alcanza con estar en el lugar de moda, aunque sea en medio de la calle y con un sonido pésimo.
El factor dinero es importante: una cerveza cuesta alrededor de 50 y 60 pesos. Eso hace que muchos hayan elegido la casa del amigo con pileta o patio generoso para pasar los fines de semana, previa compra en los supermercados o un negocio cuyos precios superan cualquier expectativa de pagar barato.
El dueño debe ser dueño
El proyecto plantea una serie de requisitos importantes que deben cumplirse para obtener una habilitación en este rubro. Una de las más polémicas y que analizan los abogados del municipio antes de entregar el proyecto definitivo es la que establece que el o los propietarios del comercio “deberán presentar garantías inmobiliarias de las que deben ser titulares por un total de 200 unidades funcionales (sueldos mínimos categoría 23 de la planta municipal de nuestra ciudad)”.
“Los demás comercios que se encuentren encuadrados en la ordenanza la garantía deberán ser de 100 unidades funcionales de la misma categoría”, dice el texto.
Esto significa que quien quiera ser dueño de un boliche o bar debe contar con una propiedad de más de 800 mil pesos y quienes quieran poner un restaurante, por ejemplo, de más de 400 mil. Con la baja valuación fiscal que tienen las propiedades en relación al precio de mercado, será cuesta arriba contar con esa garantía, aunque el proyecto no aclara todavía qué parámetros tomará.
El motivo es claro: evitar los testaferros, práctica a la que los empresarios de la noche son muy afectos en todos lados. Recuérdese uno de los casos más resonantes de este verano: la clausura de Pueblo Límite, en Pinamar, uno de los complejos más importantes del país, donde funcionaban boliches cuyos dueños eran insolventes jovencitos de 20 años sin siquiera una tarjeta de crédito a su nombre.
