El primer relato de la Batalla de Obligado
La Dirección de Cultura presentó un cuaderno manuscrito del Teniente Coronel Nicanor Lescano, militar nacido en Pergamino pero criado en San Pedro, que formó parte del Ejército Unitario que participó del sitio de Montevideo, donde observó movimientos y prácticas de las fuerzas aliadas que combatieron en nuestras costas. Su relato ofrece detalles del espionaje previo y del propio día de la batalla, desconocidos hasta ahora. Podría ser la primera narración de esa gesta histórica, que ahora se descubre para todo el país gracias a que su tataranieto acercó los escritos.
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Cada trazo de tinta que garabatean los hombres que protagonizaron la historia permite descubrir un sinfín de momentos que dan cuenta de esos grandes acontecimientos desde perspectivas inéditas. Tal es el caso del Teniente Coronel Nicanor Lescano, cuyos cuadernos manuscritos sobre sus días de armas atesoran un nuevo relato sobre la Batalla de Obligado, el primer gran hito de la defensa de la Soberanía Nacional, que tuvo lugar nada menos que en nuestra tierra.
Su tataranieto Sebastián Olmedo Barrios tenía en su poder dieciséis cuadernos en los que Lescano narró de manera detallada pormenores y anécdotas de hechos en los que su carrera militar lo había puesto como protagonista y otros en los que tuvo relación por parte de sus compañeros de armas.
Las batallas de Pavón, Cepeda y el Sitio de Montevideo por parte de las fuerzas unitarias conforman esos manuscritos. Sin embargo, la relevancia para los sampedrinos está puesta en el cuaderno N° 11, donde el militar describe acciones ligadas a la Batalla de Obligado y que ahora, gracias a que su tataranieto se puso en contacto con el Museo de Sitio local, forman parte del patrimonio histórico cultural de todos.
Un relato único
Nicanor Lescano nació aproximadamente en 1819 en Pergamino, de donde se mudó a San Pedro a los siete años, según explicó su tataranieto, quien consideró que “es un hijo de esta ciudad”, en la que un 27 de abril de 1869, a los 50 años, se casó con Doña Felisa Acosta, de 28, según da cuentas el folio Nº 24 del Libro de Matrimonios del Partido de San Pedro.
Su foja de servicios es extensa y rica en hitos históricos que forman parte del patrimonio argentino. Combatió en Pavón, estuvo en el bloqueo a Montevideo, en Caseros, en Cepeda y actuó en la Campaña del Desierto que lideró Julio Argentino Roca, que significó el exterminio sistematizado de los pueblos originarios que habitaban el suelo argentino.
Conservada en los registros del Ejército bajo el número 6.826, señala que sirvió desde 1833 y se retiró tras cumplir 52 años, 8 meses y 21 días en la fuerza.
La previa de Obligado
Lescano da cuentas en su relato de que en Montevideo, donde se encontraba en el marco del sitio, “ya se decía que las Escuadras aliadas, Francesa e Inglesa, debían de subir por el Alto Paraná y abrir la puerta a los ríos, que el tirano Rosas las tenía cerradas”.
En sus cuadernos señala que los aliados sabían que Rosas “había formado trincheras en el río Paraná en un paraje llamado ‘Vuelta de Obligado’ donde el rio era más angosto” y que las fuerzas federales “habían atravesado de una a otra costa del río una cadena de buques, sostenidos éstos por tres gruesas cadenas, encadenados unos con otros”.
Los aliados estaban enterados de que Rosas los esperaba en esta zona para presentar batalla y evitar su ingreso en defensa de la soberanía. Estaban al tanto de que el Brigadier “en la costa de Buenos Aires había formado tres fuertes baterías y en la otra costa había colocado un buque de guerra llamado ‘La Chacabuco’ y otros buques menores, en tierra costa de Buenos Aires”.
El relato de Lescano da cuenta de manera pormenorizada que los enemigos extranjeros habían hecho una tarea de espionaje muy importante, puesto que la información era detallada, al punto de que estaban al tanto de que en Vuelta de Obligado los esperaba “un Ejército de 9 a 10 mil hombres, mandados por el General Lucio N. Mansilla”.
Así, el Teniente Coronel dice en sus cuadernos que “sabiendo los Almirantes de las Escuadras aliadas que el Paraná estaba obstruido por éste aparato, hicieron un experimento en Montevideo, para ver cuál de las dos naciones cortaría primero las 3 ó 4 cadenas. Se hizo este experimento en el muelle el 31 de Octubre de 1845; se tiró á la suerte quién debía ir primero a cortar las cadenas” y le tocó a los ingleses, quienes las cortaron “en siete minutos”, a diferencia de los franceses, que lo hicieron en cinco, por lo que “al francés le cupo la gloria de ser el primero en ir a cortar las cadenas”.
La escuadra aliada salió del puerto de Montevideo el 5 de Noviembre de 1845, “compuesta de los buques y vapores siguientes: cuatro vapores, “El Gorgon”, “El Faiban”, “El Fulton” y “El Lagarto”; cuatro corbetas, “La Coqueta”, “la Comus”, “La Esperitive” y “La Gata”; cuatro Bergantines: “El Delfin”, “El Pan Duro”, “El Purvés” y “El San Martín”; en éste último, montaba el Almirante inglés”.
Precisión poética
Como se puede apreciar, Lescano describe con la precisión de quien conoce a la perfección los temas que ocupan su relato. Pero no sólo hay detalle bélico sino también un ritmo narrativo íntimamente emparentado con la bella caligrafía del autor, que en letra grande y trazos gruesos narró con exactitud la jornada del enfrentamiento en las costas sampedrinas.
“El 20 de noviembre de 1845 se dio la memorable Batalla Naval que se llama ‘Vuelta de Obligado’ en el Paraná. Ese día amaneció con una neblina muy cerrada que no se podía distinguir y la Escuadra aliada se arrimó todo lo que pudo. Mandó unos buques a las cadenas en protección de la lancha que iba acortarlas, y mandó otros buques á la costa de Buenos Aires. Se mandó á la lancha francesa con 15 hombres que era la que había caído en suerte primero. Esta lancha sucumbió toda echándola á pique con los fuegos de las Baterías y de la ‘Chacabuco’”.
Así comienza el relato, que adentra al lector en el escenario de la batalla y a través del que se puede no sólo reconocer los elementos que la conformaron sino además el contexto climático, la espesura de la niebla, el ruido, los colores y los olores, que ingresan en la historia que derrama Lescano, producto de su capacidad narrativa.
“Marchó la segunda lancha con sus 15 hombres y le sucedió lo mismo. Entonces determinaron bombardear las baterías y a la ‘Chacabuco’. Se arrimaron las dos Escuadras de las dos naciones más poderosas y orgullosas”, describe.
“Vino la corbeta ‘La Coqueta’, que montaba el Almirante Francés, y fondeó a dos lanchas, una a popa y la otra a proa, bajo los fuegos de las baterías. Lo mismo hizo el Bergantín “San Martín” que montaba el Almirante Inglés, fondeó dos lanchas muy cerca de las barrancas; también fondeó en esta misma posición la corbeta “Comus” y empezaron a hacer un terrible y espantoso fuego en descargas de bala raza, bombas, granadas y metralla sobre las baterías enemigas”.
Según señala Lescano, las balas de los aliados eran de calibre 80, “las primeras que se veían en éste país” de ese tipo. A las 7.00 de la mañana “se hizo el combate general porque se arrimaron también los demás buques”, dice el Teniente Coronel unitario, que a pesar de esa condición vierte en su relato palabras elogiosas para los federales.
“Ese día se portaron los soldados argentinos como verdaderos leones; éstos bravos soldados probaron ese día que eran hijos de titanes y se portaron a la altura de sus antepasados, sosteniendo un combate tan desigual”, dice.
La intensidad
de la batalla
“En el segundo disparo que hizo el Bergantín ‘Pan Duro’, al principio del combate, metió una bomba de 80 en la Santa Bárbara de la ‘Chacabuco’ que voló en el acto con todo lo que tenia. Entonces aprovecharon las circunstancias de la destrucción de la ‘Chacabuco’, la gran humareda del combate y la neblina, y mandaron la tercera lancha a cortar las cadenas, ésta fue mandada por los ingleses y cortó las tres cadenas”, describe el autor del manuscrito.
A partir de allí, el relato es intenso: “Entonces entraron todos los buques en combate sobre las baterías y comenzó un terrible fuego. Al mismo tiempo flanquearon los cuatro vapores arrimándose el ‘Gorgón’ y el ‘Fairban’ casi por retaguardia por el recodo que hacía el Paraná. Sufrieron éste mortífero y terrible fuego los bravos soldados argentinos como unas estatuas, todos en sus puestos. Caían las balas razas, bombas, granadas y metrallas como gotas de agua. Quedó el monte arrasado completamente”.
Tiempo de valientes
Como se dijo, Lescano, que era soldado unitario, tiene en su relato palabras de elogio para sus pares federales que defendían el territorio nacional. “Los vapores el ‘Fulton’ y el ‘Lagarto’ quisieron hacer un desembarco, pero los valientes soldados argentinos, bajo el fuego de la metralla, defendieron la costa cargando a la bayoneta. Los dos vapores, al ver á éstos soldados tan decididos a la defensa de la costa retrocedieron al medio del Paraná”.
El sampedrino por adopción se muestra asombrado por la bravía de los hombres al mando de Mansillla. “Los bravos soldados argentinos que sufrieron ese terrible fuego mejor que un soldado de línea eran simples guardias nacionales, ciudadanos armados, hombres que había hecho traer Rosas de la campaña, soldados improvisados, sin instrucción ni disciplina”, señala.
En ese sentido, agrega que “no dejaron sus puestos hasta que no vieron que ya no tenían un solo cartucho, que fue cuando los hizo retirar el General Mansilla, que ya eran las 6.00 de la tarde” y asegura: “Con ésta clase de soldados, batió Rosas a las dos naciones más poderosas del mundo”.
“Entonces fue cuando dejaron a sus tres malas baterías con sus 20 cañones, 17 de hierro y 3 de bronce que se componían de los calibres siguientes: 6 de a 24; 3 de a 36; 8 de a 18, y los tres de bronce. Con éste aparato sujetó todo el día a esas dos naciones tan poderosas”, describe.
Entre los logros de “los bravos soldados argentinos” Lescano enumera: “Pusieron ese día fuera de combate al ‘San Martín’. Tenía éste 10 balazos, que fue preciso favorecerlo, de lo contrario se iba a pique. Lo mismo le sucedió a ‘La Coqueta’. También la pusieron fuera de combate con 119 balazos; de éste buque sólo se salvaron el Comandante y un guardamarina, que los demás todos sucumbieron y si no andan tan pronto, también se va a pique. Pusieron también fuera de combate a la corbeta Comus, con 106 balazos y muchos otros buques que algunos se fueron a pique”.
Además, señala que “después que dejaron las baterías los bravos soldados argentinos, porque ya no tenían municiones, desembarcaron 1.000 hombres de la Escuadra Aliada y echaron los cañones al agua, llevándose los de bronce” y relata que “en esta batalla perdió la Escuadra 568 hombres, entre muertos y heridos”.
El fin y después
El relato del Teniente Coronel Lescano no se reduce a la batalla propiamente dicha, sino que, como se vio, suma detalles importantes sobre los días previos al 20 de noviembre. Pero además, puesto que su relato se construye a través de fuentes testimoniales (que se desconocen) que le narraron la historia en Montevideo, desde allí ofrece cómo siguió el conflicto.
“A los 15 días después (de la Batalla) regresaron las fuerzas que había en la Escuadra a Montevideo; allí había grandes apuestas, unos a que no pasaban el Paraná en ese punto y otros a que pasaban. En fin, pasaron”, señala.
En su cuaderno, Lescano escribe que “a los cinco días después de la batalla marchó parte de la Escuadra al Alto Paraná convoyando 150 buques mercantes que iban hasta el Paraguay a traer frutos de aquel país y al regreso se encontraron con unas fuertes baterías en Santa Fe, que el tirano Rosas las había mandado construir en la costa del Paraná en un paraje llamado ‘Barranca de San Lorenzo’. El día que apareció la Escuadra de regreso con el convoy, se encontró con este obstáculo, que tuvo que batirse cinco días con sus noches para poder hacer pasar el convoy”.
En el marco de esta batalla, “perdió esta Escuadra al vapor ‘Lagarto’, que se arrimó demasiado a la costa sobre las baterías y se varó. Por mucho trabajo que hicieron, fue imposible sacarlo y lo tomó el enemigo”, relata.
Lescano da cuentas de que la Escuadra también perdió “siete buques cargados de frutos que prefirieron pasar sobre un banco por dispararle a las baterías y se vararon, tomándolos el enemigo”. Aquellos que lograron pasar con la escuadra retornaron a Montevideo. En Vuelta de Obligado quedaron las naves “Cómus” y la “Esperitive”.
Lescano asegura que él también fue “desgraciado en este convoy”, ya que perdió “400 patacones” que tenia de sus ahorros y que “los había juntado con tanto trabajo”.
Narra que “se los había dado al comerciante D. Tomás Risso y éste perdió dos buques en ésta empresa, uno en costa brava y otro en las baterías de San Lorenzo. Risso hizo un llamado de acreedores y nos abonó el 12 por ciento, que nos contentamos con esto por no perderlo todo”.
Esa es la anteúltima línea en la que Nicanor Lescano habla en sus cuadernos sobre la Vuelta de Obligado y la famosa batalla de la Soberanía. La última dice que ese fue “el fin de ésta memorable batalla naval dada el 20 de Noviembre de 1845”.
