El primer día de clases
Nuestros niños, por momentos aún pequeños y de pronto ya grandes, seguros y llenos de ilusiones. Allá fueron, en su primer día de clases, con sus guardapolvos blancos, sus mochilas al hombro, y la expectativa de un nuevo ciclo escolar en su escuela. Esa escuela que hace 7 años los recibió con ternura, allí donde conocieron la realidad de la palabra “amigo”, compinches de travesuras, y el primer amor... La escuela Nº 6, que los vio crecer y acompañar con la alegría de aquel 10 y las lágrimas derramadas ante la prueba reprobada. Esos maravillosos e irrepetibles momentos transcurrieron allí en su escuelita. Este era su último año, “7º”, donde a fin de año iban a ser despedidos como todos sus antecesores, como cada año desde aquel primero, aplaudían con fervor a aquellos “grandes de 7º”, que partían por diferentes caminos. Este año ellos estarían allí, tendrían su fiesta de egresados, su viaje de estudios, como corresponde, como siempre... Pero no fue, el primer día de clases, no hubo ninguna palabra para ellos, ni un sólo comentario, sólo se escucho un: “los alumnos de 7º, 8º, y 9º se retiran a la Escuela Técnica”. Y yo les pregunto, a todos esos directivos, a todos los responsables del sistema educativo, que cada año inventan un nuevo proyecto: ¿Dónde incluyen los sentimientos?, ¿En qué lugar está la ilusión? Porque sepan que rompieron con la ilusión de muchos niños esperanzados en cursar su 7º año en la escuela que el mes de Diciembre de 2005 prometió recibir y despedir al fin del año 2006, porque hay un documento firmado por cada papá en el cual debíamos decidir en qué escuela cursarían 7º grado nuestros hijos, y los que decidimos que sea en la Escuela 6 fueron anotados allí bajo ese compromiso, cuando aun había otras escuelas como alternativa. Pero su desprolijidad hizo que hoy, lunes 6 de Marzo nos enteremos que el banco que en Diciembre estaba reservado para ellos, hoy ya no está, como tampoco está la posibilidad de anotarlo en otra escuela, tomándose la atribución de decidir ustedes sobre el destino de nuestros hijos, siendo esa una decisión que cada niño debe tomar junto a sus papás. Sepan señores que las promesas y los compromisos se cumplen, que son parte de la enseñanza que con tanta vehemencia dicen ustedes comprometerse, que es allí en las cosas simples pero verdaderamente importantes donde deben demostrarlo. Con nuestros niños no se juega. Allí estaremos presentes para recordárselos cada día. Por todos los alumnos de 7º año de la escuela Nro. 6. Adriana Mónica Barani.

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