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domingo, diciembre 5, 2021
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El operario muerto en la isla hacía tareas prohibidas y denunciadas por el Municipio

Horacio Esteban Slamoiraghi falleció el sábado en la isla Barbé, propiedad de Forestadora del Delta S. A. Estaba trabajando en una máquina averiada sobre un terraplén cuya construcción está prohibida en esa zona. Se trata de la misma empresa que el Municipio denunció el año pasado por esas obras ante la fiscalía y el Organismo para el Desarrollo Sustentable. El dueño, de apellido Gooding, había enviado representantes suyos a la Municipalidad tras una inspección de fines de enero.

 

La muerte de un joven el sábado pasado a la mañana en una isla frente a la zona de bajada de Chávez, un día antes de que cumpliera 35 años, es investigada por la Fiscalía local para determinar si hubo responsabilidades penales, teniendo en cuenta cómo sucedieron los hechos.
Horacio Esteban Salmoiraghi, conocido en el barrio El Amanecer como “Calabaza Arán”, murió el viernes aproximadamente a las 7.30 de la mañana cuando guiaba una máquina retroexcavadora por el terraplén que la empresa Forestadora del Delta mantiene en la isla Barbé, frente a la zona donde el Municipio le cedió por 15 años para disponer una balsa.
El Fiscal Marcelo Manso informó que el joven estaba sobre la máquina, que era remolcada por un tractor, ya que “no funcionaba por sí misma” y “aparentemente se trabó la dirección y volcó”.
Algunos de los varios testigos del accidente relataron a La Opinión que la retroexcavadora no sólo tenía la dirección rota, sino que tampoco tenía frenos. Dijeron que Salmoiraghi intentó “clavar la pluma” de la máquina cuando le gritaron que se tirara, porque el vehículo se caía.
“Hay una zanja grande, trataron de levantar la retroexcavadora con tractores y sacar el cuerpo”, relató Manso. Los datos de la autopsia que llegaban al Fiscal –que entró ayer de licencia porque va a ser padre– establecerán si murió por ahogamiento o por aplastamiento.
El funcionario judicial ordenó un peritaje mecánico para establecer los problemas de la retroexcavadora y su antigüedad. Además, investigan las responsabilidades penales de la empresa, si existen.

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Forestadora especializada en desmontes
Forestadora del Delta S. A. adquirió la isla de Barbé cuando compró la quiebra de Celulosa Jujuy. En ese momento, su titular era Carlos Eisler. Hubo un traspaso en junio del año pasado a otro hombre de apellido Gooding. Eisler fue favorecido por el Gobierno de Mario Barbieri y el Concejo Deliberante de ese momento con la cesión del terreno sobre la costa para construir una balsa. El lugar original era frente a la baja de Chávez, pero una protesta de vecinos logró que fuera ubicado más al norte.
El terreno primitivo de la isla adquirida por la empresa era de 250 hectáreas de forestación. En el lugar, hacia 2002 comenzaron los incendios y desmontes para el cultivo de oleaginosas, principalmente soja y maíz. La actividad ganadera, vacuna y equina, también se desarrolla allí.
Antes de una modificación que el Concejo Deliberante hizo ad hoc a pedido de Eisler, en la zona de islas sólo se podían realizar producción ganadera o avícola, no así de cultivos, ya que forma parte de los humedales declarados como Reserva Natural protegida.
La modificación de la zonificación permitió lo que ahora es visto por el actual gobierno y los ambientalistas como una verdadera depredación del paisaje natural sampedrino.
En 2002 comenzaron los incendios en la isla. El ambientalista Enrique Sierra, investigador del tema desde 1998, contabilizó ese año unos doce. Según sus relevamientos, en 2006 fueron veinte; y en 2008, cuatro.
Los incendios son parte del proceso de desmonte iniciado en esa isla, cuya imagen satelital de 2007 reproducida en este semanario mostraba aún buena parte del terreno en verde, con árboles; la otra imagen que ilustra estas páginas corresponde a 2010; lo negro sobre la superficie, el cultivo de oleaginosas.
La isla fue desmontada y profundizaron los trabajos para las plantaciones de soja, con la construcción de un terraplén que cruza toda la isla, cerca del Paraná propiamente dicho. Personas que trabajaron en parte del desmonte confesaron a La Opinión que el proceso “fue terrible, con motosierras y máquinas, sin parar. A la noche hacían andar las retroexcavadoras para el terraplén, se alumbraban con reflectores”. Explicaron que “constantemente tienen que estar trabajando sobre el terraplén, aplastarlo y mantenerlo”.

Una empresa denunciada
Forasteradora del Delta S. A. fue denunciada por el Municipio el año pasado, en agosto, luego de que detectaran tres máquinas trabajando en terraplenes. Ante la falta de autorización, expediente y estudio de impacto ambiental correspondiente, la decisión del Gobierno local, a instancias del Director de Turismo Fabián Bianchi, fue realizar una presentación judicial, al tiempo que anoticiaron al Organismo Para el Desarrollo Sostenible (Opds) provincial, cuya resolución 2009 establece que toda construcción en el delta debe tener ese informe aprobado.
La empresa ya no pertenece a Carlos Eisler. En junio del año pasado, la asamblea del Directorio –con domicilio legal en Arroyo al 880, Capital Federal– nombró Presidente a Alejandro Gooding y Directora suplente a Margarita Elisa Murray, para formalizar el traspaso.
En la isla, el representante encargado se llama Mario Pascual, quien hacia fines de febrero tuvo que llegarse hasta la Municipalidad luego de que una inspección municipal fuera hasta el lugar para constatar la información que Prefectura había reportado sobre la reanudación de las tareas clandestinas sobre el terraplén.
Pascual se reunió con autoridades locales, quienes le señalaron que no podría continuar con la obra y que debía iniciar el expediente que corresponde y presentar el estudio de impacto ambiental obligatorio.
Pidieron la intervención nuevamente del Opds y en estos días harían lo propio con la Secretaría de Ambiente de la Nación. Desde el Ejecutivo sostienen que las obras deben detenerse para siempre y blanden como argumento el convenio firmado en febrero del año pasado con el Ministerio de Turismo nacional, la administración de Parques Nacionales y los seis municipios bonaerenses de la costa del Paraná para la preservación de la naturaleza en el delta.

Modificar la modificación
Teniendo en cuenta ese convenio firmado, que fomenta la protección de la reserva natural con fines turísticos, el Concejo Deliberante debería estar preparado para reparar lo que sus integrantes anteriores perpetraron por la mayoría que tenía el oficialismo, a pesar de las quejas de los vecinos y de la oposición.”
Había “muy buena relación entre el intendente Barbieri y el empresario”, que hizo a los ediles de ese momento considerar que “no había por qué desconfiar”, dijo a La Opinión un funcionario que ahora opina que “es una locura lo que han hecho ahí”. Barbieri, Eisler y los concejales que aprobaron esa modificación a la ordenanza, ya no están. “La solución es volver al estado anterior de la ordenanza que no se permita el cultivo”, sostuvo Sierra.
El permiso de uso y ocupación de ese terreno a Forestadora del Delta S. A. no especificaba medidas. El destino era la “construcción de una terminal sobre el continente de una balsa-trasbordador” y quedó “prohibido ser utilizado para transporte de ganado, colmenares y/o almacenamiento de cereales y /u oleaginosas”.
La mayoría de ello no se cumple y la isla, que originalmente era de 250 hectáreas, hoy abarca más de 600, incluyendo el arrendamiento de tierras vecinas.

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