El mejor olor, el del pan; el mejor sabor el de la sal; el mejor amor, el de los niños.
Nunca mejor empleadas estas palabras del reconocido novelista británico Graham Greene, para describir un lugar de nuestra ciudad, que está muy cerca, aunque muchos no saben de su existencia. Un lugar donde la Solidaridad, es el alimento cotidiano de las personas que participan: el Comedor Don Felipe.
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Había comenzado la segunda década del siglo pasado, cuando Felipe Begino junto a un par de primos decidieron venir a estas tierras a probar suerte. Nacido en 1898, con la mayoría de edad prácticamente de estreno, Felipe, a diferencia de sus compañeros de viaje, optó por San Pedro para afianzar sus deseos de progreso. Tuvo muchos trabajos, pero los designios de la época le mostraban que él debía aprender el oficio de la curtiembre. Su visión para nada desacertada, lo llevó a decidirse por el camino, al que luego entregaría su vida. Buscando, encontró una parcela de terreno del tamaño de una manzana con una edificación muy pequeña.
Junto a unos primos que, aceptaron su propuesta, la compraron. Pero uno de ellos pasó de socio en los negocios, a socio del corazón. Se enamoró de su prima y se casó con ella. Al mismo tiempo que la curtiembre crecía y se ampliaba, la familia también. Dos mujeres y un varón, fue el producto de un gran amor, y el comienzo de una bellísima historia.
Un cuento Americano
Felipe sabía que la curtiembre, era un negocio de esos que nunca se acabaría. En la época en la que él desarrolló el lugar, todo se realizaba con tracción a sangre, es decir, que los caballos eran el único combustible. Así fue que optó por fabricar pecheras, ente otros artículos para equinos. A medida que el negocio avanzaba, ellos también. Compraban maquinarias para producir cada vez más y poder cubrir todos los rubros relacionados a la actividad. Así fue que llegaron a ocuparse tanto de caballos de trabajo, como de paseo y andar. Con mucho esfuerzo y dedicación, Don Begino, logró montar una curtiembre que convirtió el lugar en un barrio y que dio trabajo a muchas familias. Mientras Felipe se esforzaba por hacer crecer la curtiembre, su esposa lo hacía con sus hijos y así fue como en un abrir y cerrar de ojos, los tres se convirtieron en personas de bien. Una de sus hijas se casó y se fue a vivir a Zárate, el varón se puso a trabajar con él, pero Josefa había heredado las mariposas en la panza de su padre y decidió estudiar. La Escuela Normal, le quedaba muy cerca, y no dejó pasar la oportunidad de canalizar su vocación y estudiar para convertirse en docente. Feliz, con su título en mano, Josefa se inscribió en cuanto lugarcito podía para dar rienda suelta a sus deseos de enseñar a aquellos que para ella, eran lo mejor de la humanidad, los niños. Mientras aguardaba deseosa el momento en que le dieran el permiso para compartir esas horas junto a los niños, su padre le pidió un favor. La curtiembre había crecido mucho, la producción era lo suficientemente grande como para dar trabajo a muchas familias y Don Felipe necesitaba alguien instruido y de mucha confianza que lo asistiera en su trabajo. Josefa, no pudo negarse al pedido de su padre. Como decirle que no al hombre que siempre le dio todo, que jamás la privó de nada, que la impulsó siempre en todos sus proyectos independientemente de los riesgos, cómo decirle que no a su padre. Creyendo que sería una tarea pasajera, Josefa aceptó y codo a codo con su papá ocupó su puesto de secretaria administrativa, trabajando por el progreso de la curtiembre.
Así conoció a José Schmidt, su esposo, oriundo de Arrecifes. José trabajaba para el correo, y como Josefa siempre andaba por todas partes por los trámites y las tareas que eran parte de su labor en la curtiembre, un día se cruzaron se enamoraron y nunca más se separaron. Begino fue uno de los primeros en comprarse un vehículo en la zona y Josefa que no perdía oportunidad, aprendió a manejarlo sin lecciones de nadie, no fue una de las primeras, sino realmente la primer mujer que manejó en nuestra ciudad. Era así como con el vehículo cargado de pecheras para entregar, ella pasaba a buscar a Schmidt para “andar de novio”. En nuestros días una anécdota similar pasaría desapercibida, pero en esa época, no existían mujeres que pasaran a buscar a sus novios y mucho menos al volante de un vehículo. Muy poco tiempo después se casaron y se fueron a vivir a la casa familiar, Por pedido de Don Felipe, José se puso a disposición de Begino en la curtiembre y pasó a gerenciar gran parte del negocio. Fueron épocas inolvidables.
Después de algunos años, Don Felipe y su esposa decidieron mudarse a una casa en 25 de Mayo y Aulí. Dejaron el negocio en manos de sus hijos y se dedicaron a disfrutar más de su tiempo. Don Felipe siempre se había dedicado no sólo al negocio, sino que también llegó a ser Presidente del Centro de Comercio e Industria y de la Sociedad Española, además de colaborar con muchas entidades de bien público y participar de muchas convocatorias sociales de la época. Para él, ver funcionar la curtiembre, que cada día se hacía más grande, percibir que cada uno de los empleados que tuvo y tenía siempre le agradecían por lo generoso y atento que era como patrón y saber, que sus hijos habían formado una familia y eran felices, era un sueño cumplido y la mejor jubilación que podía tener.
Tiempos de cambio
A medida que los años pasaron, ninguno de los nietos de Don Felipe se dedicó al negocio, a pesar que en una época de adolescentes se propusieron modernizar el lugar y dedicarse al rubro de la marroquinería. Cuando comenzaron a averiguar los costos de las maquinarias que les permitieran realizar el trabajo fino del armado de zapatos y carteras, se convencieron que ese no era el tiempo, al menos por el momento y con los años la idea se fue diluyendo y quedó en la nada. El matrimonio Schmidt, también decidió retirarse del negocio y entre todos decidieron cerrarla. Para ese entonces el barrio Banfield ya estaba consolidado y el lugar no era más que parte de la geografía. Las puertas de la curtiembre tuvieron llave por casi 10 años.
El sueño de Josefa
Josefa Begino de Schmidt, siempre quiso ser docente, era su vocación. Amaba los libros, las letras, la narración, siempre había querido ser profesora de lengua. Una anécdota define impecable su perfil de enseñar. En la época que ella trabajaba en la curtiembre toda la administración se realizaba a mano y en papel, el elemento más moderno del que Josefa se servía para realizar las cuentas era una calculadora a manija y de metal. Así que cada factura, boleta que recibía, ella la leía y la contabilizaba en su libro mayor. Pero lo destacable era que, mientras la leía, sacaba la pluma roja y corregía todas las faltas a la ortografía que veía, igual que si se tratara de un dictado.
Así fue que, cuando la familia sacó todos los papeles de la curtiembre en un momento de limpieza generalizada, se encontraron que todas las boletas, pedidos y recibos, estaban corregidos por la maestra. Ella amaba a los niños, y amaba enseñar. Hace unos seis años, el esfuerzo de Josefa tuvo su recompensa. Un grupo de madres del barrio, a través de la Municipalidad pidió las instalaciones de la curtiembre, para armar un lugar de enseñanza de oficios a través de talleres de rápida salida laboral, además de un comedor infantil. Cuando sus hijos transmitieron la inquietud a la señora Begino, ella no dudó ni un instante, sus ojos brillaron de felicidad, ninguna idea podía superar esa que para ella era la mejor propuesta que le habían hecho. Un lugar donde los chicos puedan estar aprendiendo, donde encuentren las oportunidades para progresar. Josefa sostenía que la nutrición, la educación y el trabajo eran la fórmula para el progreso del ser humano, que si algo de eso faltaba no se llegaba a ningún lado.
Así nació el Comedor “Don Felipe”. Un lugar donde más de cien chicos reciben su comida diaria, un lugar donde todas las madres del barrio colaboran, el lugar donde Josefa cada semana iba a encontrarse con sus chicos. Hasta que su salud se lo permitió, la señora Begino de Schmidt, visitaba el comedor una vez por semana para llevarle regalos a los chicos y para compartir con ellos el lugar. Supervisaba todas las tareas a pesar de no formar parte directa de la comisión responsable de llevar adelante el comedor. Una colaboradora de las tareas de limpieza en los primeros tiempos del proyecto cuenta “Josefa vino un día y me regaló una radio, “para que la escuches mientras haces tu trabajo así estás informada”, al día de hoy la conserva como el recuerdo de una persona que sabía por donde pasaban las cosas importantes de la vida.
Mucho por hacer
El comedor Don Felipe convoca a todo el barrio, ubicado en la calle Bozzano entre Las Provincias y Los Andes, la gente con ayuda de la Municipalidad, lleva adelante y mantiene el lugar. El deterioro edilicio por falta de inversión es bastante pronunciado, pero eso no es excusa para los vecinos del lugar. De a poco se ha convertido en el Centro Social de la zona, hicieron una cancha de fútbol en la parte trasera, donde cada fin de semana organizan torneos y se reúne toda la familia durante el día. Por la noche, realizan encuentros donde participan todos grandes y chicos con entretenimientos. Sin duda, este es un claro ejemplo que, con oportunidades, hay mucha gente que trabaja para mejorar y ayudar a los demás, que con mucho o poco siempre se puede encontrar la forma de salir adelante. Porque como dice Oscar Wilde: “El mejor medio para hacer buenos a los niños, es hacerlos felices”.
El 16 de agosto el Comedor Don Felipe cumplió su 6º Aniversario. Ese día los chicos festejaron con mucha alegría, junto con todas las personas que a diario colaboran en el lugar en tan solidaria lucha. Todos aquellos que quieran acercarse al Comedor Don Felipe para ayudar, pueden dirigirse a la calles Bozzano entre Las Provincias y Los Andes. Cualquier tipo de donación será bien recibida por todos los niños que participan de este lugar.
