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Edición 1414
Publicado el: Miércoles, Mayo 8, 2019 - 13:48
Automovilismo historias

El linyera que ayudó a Oreste Berta en la Vuelta de San Pedro es Carmelo Guercio y vive en San Luis

Estuvo hace más de un mes en la ciudad y recorrió el circuito que se utilizó en la carrera de Turismo de Carretera (TC) en 1967 con el fin de recordar datos para el libro sobre su vida. Hijo de inmigrantes italianos, el hombre de 67 años se convirtió en un famoso desconocido por la anécdota del prestigioso mecánico. La Opinión se comunicó con él y reconstruyó su rica historia.

El 26 y 27 de febrero de 1967 San Pedro recibió su única carrera de Turismo de Carretera (TC) de la historia que tuvo el agregado del debut de los Torino de Industria Kaiser Argentina (IKA). Incluso, el ganador fue uno de sus pilotos, Héctor Luis Gradassi, quien lideró la prueba principal al cabo de las diez vueltas programadas en un circuito mixto montado sobre la Ruta Provincial 191 y caminos rurales.

La carrera también es recordada por el récord de público y diferentes anécdotas. Sin embargo, quien se llevó la mejor y más reiterada fue el mecánico Oreste Berta quien contó públicamente años atrás una situación irrisoria que vivió en la Vuelta de San Pedro: “Vamos a correr la primera carrera del Turismo de Carretera con el equipo Torino a San Pedro. Bajamos los autos en un camino para hacer unas pruebas, salimos con los dos primeros autos y todo perfecto. Sin embargo, el tercero, el de Héctor Luis Gradassi, fallaba. Yo en ese tiempo era Director de Productos Avanzados en Ika Renault, era Jefe de Competición y tenía diez o quince mecánicos especialistas en diferentes aspectos. Incluso, yo en carburación había estado trabajando tres meses en la fábrica Weber en Italia que eran los carburadores que se usaban. Salíamos, acelerábamos y fallaba. Estuvimos horas con eso hasta que se apareció un linyera con un palito y la bolsita colgada. Se paró al lado del auto y miraba. En un momento dice ‘Weber 45’, que en ese tiempo era la avanzada. Todos los miramos. Salimos, probamos y no seguía andando. Entonces el tipo dice ‘a ver los centradores, tiene uno puesto al revés’. Ese carburador se podía poner para cualquier lado, de un lado fallaba y de otro no, y estaba al revés. Lo pusimos como dijo y no falló más”.

El preparador, uno de los mejores de la historia del automovilismo nacional, en su relato se preguntó: “¿Quién era el hombre, de dónde salió, cómo sabía tanto? No sé. Y el auto ganó la carrera, algo totalmente increíble. Que habrá sido este tipo, ¿un gran mecánico que tuvo algún problema en su vida y se puso de linyera? No sé. Era alguien que estaba en lo último, porque era un carburador que hacía muy poco que estaba porque sólo lo usábamos nosotros”.

El linyera

Meses atrás, se presentó en el comercio de Juan Galeotti, reconocido personaje del mundo tuerca local, un “hombre” que quería hablar con él para obtener “datos” sobre la Vuelta de San Pedro. En la charla, el desconocido le consultó si sabía del famoso “cuento” del linyera y lo invitó a conocerlo, situación que asombró al sampedrino que, lógicamente, tuvo sus dudas sobre la cuestión. El verdadero protagonista de la historia estaba en una camioneta y todos juntos fueron a recorrer el circuito por donde hace 52 años maniobraron los autos. Incluso, conocía el camino y hasta preguntó por qué faltaban ciertos elementos de algunos campos.

El linyera que ayudó a Oreste Berta en la Vuelta de San Pedro es Carmelo Guercio y vive en La Pedrera en Villa Mercedes, San Luis, donde tiene una empresa de transporte, es inventor, preside la Asociación Civil Fórmula Eléctrica E-Cars y lejos está de su realidad de hace medio siglo. Su visita a la ciudad se dio por cuestiones laborales y porque un escritor está redactandop un libro sobre su historia en el que incluirá la famosa anécdota de Berta, una de las más conocidas en el ambiente por sus particularidades y que, increíblemente, muchas veces algunos se animaron a poner en duda.

Su rica historia

Guercio es hijo de inmigrantes italianos y su padre huyó de Europa hacia Sudamérica después de la Segunda Guerra Mundial de la que participó como suboficial. En Argentina, la familia se asentó en Costa de Araujo, localidad del partido de Lavalle en Mendoza que actualmente ronda los tres mil habitantes.

En una extensa charla telefónica con La Opinión, Carmelo recordó que fue maltratado muchas veces por su progenitor y hasta lo ató varias ocasiones a la cama cada vez que se portaba mal porque, según admitió, era muy “vago”.  Para evitar los castigos, su madre lo envió un tiempo a la casa de una familia en San Luis pero pronto regresó. Sin embargo, con apenas 13 años dejó su hogar y partió a Pehuenche, al límite de la frontera con Chile, donde empezó a trabajar en una empresa que se dedicaba a ensanchar caminos.

En su trabajo, el pequeño Guercio cumplía diferentes funciones, desde cocinero hasta mecánico. Por ello, un compañero suyo le encomendó arreglarle el Renault Alpine a una pareja de antropólogos franceses que viajaba por la ruta y cuyo auto había sido arrastrado por la creciente de un río. La tarea le llevó varias semanas porque el agua arrasó con el vehículo. Sin embargo, al probarlo, fallaba una y otra vez. “Yo muy metedor de mano, saqué el carburador Weber 45 que tenía el Renault Alpine, le doy vuelta el centrador, lo pongo al revés, el auto no falló más y a los pocos meses los franceses se lo llevaron su auto”,  recordó sobre cómo solucionó el inconveniente.

La llegada a San Pedro

Concluido su trabajo en la empresa, Carmelo Mario comenzó a vagar por Argentina y tenía como sueño conocer al Che Guevara. Incluso, sin DNI, llegó a Bolivia y Perú. Con el dinero que ganó en su trabajo en Pehuenche, se compró una radio con la que se informaba de lo que sucedía en el país mientras caminaba el territorio y se las “rebuscaba” arreglando autos en la ruta. “En ese tiempo era normal que los carburadores de los autos se tapen, entonces los arreglaba y me ganaba algunas monedas y que me llevaran”, relató con su voz pausada pero ávida de recuerdos.

Una vez en Salta, el chico de 16 años escuchó a través de su radio que en San Pedro debutarían los Torino en el TC y no dudó en partir hacia el norte de Buenos Aires. “No sabía ni dónde quedaba, caminaba alrededor de 30 kilómetros por día, a veces agarraba algún camión que me llevaba y adelantaba más”, explicó. Y, sobre la anécdota de Berta de la que es principal actor, rememoró: “Llegué el 24 de febrero a San Pedro. Estaba haciendo un mate cocido con leña y vi que hacía rato un Torino les fallaba. Por el ruido la falla me hizo acordar a esa falla del Renault Alpine que arreglé en la frontera. Entonces me arrimé y vi que eran los mismos carburadores. Cuando dije "Weber 45" me miraron y me quedé ahí. Yo tenía mucha barba, pelo largo y estaba mugriento. Estaban tan perdidos que me escucharon lo que dije, que tenían que poner al revés los centradores y el auto no falló más. Todos festejaban y yo pensé en pedirles algo de comida”.

Sobre por qué desapareció y Oreste Berta nunca le pudo agradecer su ayuda, el “croto” explicó que la Policía llegó a la zona donde él estaba y, como no tenía documento, huyó entre la gente. “Yo le tenía mucho miedo a la Policía porque antes era bravo. Me subí al primer camión que me cargó y me fui, no me quedé a la carrera”, contó Guercio quien tuvo la suerte de que el camión iba hacia Costa de Araujo, su pueblo. En el trayecto, relató, el conductor lo quiso bajar por el olor que tenía pero aceptó llevarlo con la carga de frutillas que transportaba y él, con hambre, aprovechó para alimentarse.

Un famoso desconocido

El linyera es famoso pero Carmelo Guercio no y en gran parte se debe a que su humildad hizo que la historia sólo la conozca su círculo más cercano. Ni siquiera, aunque alguna vez tuvo la oportunidad, le dijo a Oreste Berta que él fue quien lo ayudó a hacer funcionar correctamente el Torino de Gradassi.

“Yo no necesito nada ni busco nada, soy un laburante muy conocido acá en San Luis y ya tengo mi vida hecha. No me interesó nunca decir que yo era el linyera porque muchos podían pensar que no era yo”, dejó en claro de por qué jamás se identificó con la historia. Y recordó: “Una vez estaba en mi empresa y un empleado me contó asombrado la anécdota de Berta. Yo me reía porque sabía que era yo”.

En San Luis Carmelo conoció a su amigo quien hace varias semanas lo acompañó a San Pedro a reconstruir parte de su vida y, también, rememorar una de las anécdotas más conocidas del automovilismo. Es la misma historia que un escritor bonaerense que vive en San Luis explicará con lujo de detalles en el libro sobre la vida de película de Carmelo Mario Guercio que, de no mediar inconvenientes, se publicará en los próximos meses y coincidirá con un hito del Torino.

EDICION IMPRESA #1428
Viernes 16 Agosto 2019

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