El Hermano Indio es tierra de nadie
Los vecinos de la zona son víctimas cotidianas de un grupo que intenta apoderarse del barrio. Ya usurparon varias casas, expulsando a sus moradores. Apedrean patrulleros, gatillan en la cabeza de niños, caminan por los techos y tienen atemorizados a todos. Nadie se anima a decir nada por miedo a lo que les pueda pasar. Una historia que ya se vivió en otros asentamientos. Hasta ahora hay un solo detenido.
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Cuando cae la tarde y en el centro de la ciudad se encienden las luces de las vidrieras, hay barrios donde los vecinos se encierran en sus casas bajo siete llaves y rezan al dios que más tienen a mano para que no les pase lo que ya ocurrió en alguna casa cercana: robos, tiroteos y una modalidad que no es nueva pero que tiene epicentro ahora en el barrio Hermano Indio, donde una pandilla atemoriza a todos y ya expulsó a varios de sus viviendas, a punta de pistola.
La Opinión pudo contabilizar al menos ocho situaciones como esta en el último mes. Desde parejas jóvenes a una mujer sola con sus hijos, pasando por un anciano que al volver del médico se encontró con la casa usurpada.
Por la noche, los pasos se escuchan en los techos de las viviendas que alguna vez fueron precarias en ese barrio Hermano Indio, que nació como un asentamiento irregular en los años 90’, cuando un grupo de familias tomó esos terrenos, donde comenzaba el límite con la zona rural.
“Los pasos arriba del techo son lo de menos”, dijo una vecina que habló con La Opinión mirando para todos lados, con el miedo de que alguien pueda reconocerla y agregó: “Acá están a los tiros todo el día y ya no se puede salir; si te vas, cuando volvés los tenés adentro”.
Con los muebles
afuera
“La policía viene y lo único que hace es esperar que uno saque todas las cosas”, dijo otro vecino que vive con su familia y teme dejar a sus hijos solos. “Los vagos roban y meten todo ahí atrás”, aseguró.
En el barrio no falta quienes sostengan que la presencia policial no genera confianza alguna. Hablan de ciertas complicidades que son difíciles de probar pero que no extrañarían a nadie.
“Ellos tienen todo el tiempo del mundo, están buscando hacer lo mismo que en el 2 de abril”, reflexionó otra vecina que conoce desde hace mucho el movimiento de la zona. Su referencia trae a la memoria lo que sucedió en ese otro sector, donde un grupo de jóvenes dedicados a la delincuencia supieron expulsar a los que habitaban el callejón. Algo similar sucedió en El Caserito.
El Hermano Indio sufre lo mismo. “A un muchacho lo cortaron, le robaron la moto y se le metieron en la casa, se tuvo que ir”, relataron quienes se animaron a hablar, que indican que el grupo –de los que identifican a algunos con nombre y apellido– va ganando terreno para quedarse con las viviendas, que por otra parte son difíciles de reclamar como propias, ya que carecen de título alguno.
“Una familia vendió la casa, cansados; otro matrimonio compró y se le metieron, le pegaron a la chica y se fue, cuando vino el muchacho la prendió fuego a la casa, pero los chorros la apagaron, llamaron a los bomberos y se quedaron con la casa, que ya la vendieron, por supuesto”, precisó una mujer que asegura que no sale “ni a hacer los mandados”.
“Nosotros tenemos chicos, trabajamos los dos, no sabemos qué hacer, porque a veces los pibes quedan solos”, dijo preocupado un padre de familia. “El tema se pone bravo, si pudiéramos irnos, nos vamos, porque no sabemos qué puede pasar”, aseguró.
Otro caso habla de una señora que salió a pasear con sus hijos y cuando regresó se encontró con sus pocas pertenencias en la vereda. “La policía lo único que hizo fue custodiar que ella pudiera llevarse sus pocas cositas”, relataron.
Encañonaron
a una niña
El lunes 13 de octubre, cuando todavía no había salido el sol, una joven llamó desesperada a su familia que vive en otro barrio porque un grupo de personas estaba pateando sus ventanas, habían hundido una puerta y roto las rejas. Ese día fue un patrullero, por lo que no alcanzaron a entrar. Cuando el móvil se fue, la joven fue insultada y amenazada: “La próxima te rompemos toda la casa”, le dijeron. No lo hicieron. En su lugar, volvieron a entrar a los diez días y se quedaron con su vivienda. El lunes 24 de octubre a la tardecita, mientras un patrullero era apedreado, la joven aterrorizada volvió a llamar a su familia. El día anterior habían entrado a su casa para robarle. Según consta en la denuncia, un joven identificado como Fabián Romero encañonó a una niña de dos años y hasta le gatilló varias veces en la cabeza, sin que saliera bala alguna del arma.
Ese lunes, mientras la joven resignada se iba con su familia, comenzaron a amontonarse alrededor de la casa para agredirlos, y amenazaron con prenderla fuego con gente y todo. A los pocos minutos, la hermana de uno de los cabecillas de la banda de delincuentes que amedrenta al barrio rompió la cerradura y se metió en la vivienda con sus hijos.
El único detenido
Héctor Fabián “Vaca” Romero, un joven de 19 años, es el único detenido hasta el momento tras esta serie de hechos que preocupa a todo el Hermano Indio. Es quien había sido denunciado por ingresar violentamente a una vivienda y tomar como rehén a la niña de dos años, a la que le apuntó con un arma de fuego en la cabeza.
Romero es sindicado como uno de los cabecillas de la banda que intenta apropiarse del barrio y que tiene a todos los vecinos atemorizados. Lo atraparon en una de las casas que había usurpado, tras un allanamiento.
Haciendo cruz con esa vivienda, hay otra usurpada recientemente. Señalan a las mismas personas. Algunos de los damnificados recibieron ayuda de la Secretaría de Desarrollo Humano. Mercaderías, colchones y frazadas son parte de esa ayuda, aunque para muchos no alcanza, ya que se encuentran parando en casas de amigos y familiares.
El sospechoso fue apresado en inmediaciones de la calle Hermano Indio al 900 y quedó a disposición de la Justicia alojado en la Comisaría local. Además, sobre Romero pesa una investigación por un homicidio acontecido hace un año atrás y otros hechos graves que protagonizó cuando todavía era menor de edad.
