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martes, mayo 17, 2022
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El Gobierno prepara cambios de gabinete: definen el reemplazo de Pablo Vlaeminck por Alfredo Carrasco

El lunes comenzará una ronda de reuniones clave para las modificaciones que ya están planteadas. Además de la Secretaría de Gobierno, en Palacio quieren cambiar la conducción del Hospital para dejar ir a Sualdea. A casi cinco meses desde que Cecilio dejó el Municipio en manos de Ramón, habrá movimientos.

 

Casi como si la “rosca de pascuas” también hubiera operado dentro del Palacio, el Gobierno municipal del reelecto en 2019 Cecilio Salazar que hoy conduce su hijo y primer concejal en la línea sucesoria, Ramón Salazar, prepara cambios en el gabinete que operarán, todo indica, en mayo, cuando se cumplan cinco meses desde que el jefe comunal pidió licencia para asumir en la órbita del Ministerio de Transporte de la Nación.

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Tras el verano, el Gobierno necesita “regenera la estrategia”, dicen dentro del gabinete, donde las figuras principales de la “mesa chica” de conducción, junto a Ramón Salazar, son —eran, acaso— el secretario de Coordinación, Hernán Contreras, y el de Gobierno, Pablo Vlaeminck.

El segundo, todo indica, es el primer gran cambio que se viene. Después del alejamiento de Silvio Corti no hubo modo de emular la actitud “todoterreno” que siempre fue fiel a la función de un cargo que no toda espalda y corazón resisten.

Además, la salida del director del Hospital, Javier Sualdea, es un secreto a voces que hizo mucho ruido antes y durante la pandemia, sobre todo desde que tras la asunción en el Concejo Deliberante de Daniel Creus la Secretaría de Salud la asumieron Pablo Pichioni, Lorena Elgoyhen, Roberto Borgo y Gabriel Sayago.

Cuatro espadas cuya política es la de entender que el sistema de salud es uno solo, con el nosocomio local como eje, pero integrado a la totalidad las 24 horas, sábados, domingos y feriados. Un detalle que por lo que se sabe le ha costado entender en la modalidad siempre “on” de los mensajes de WhatsApp que requieren de respuesta.

La salida de Sualdea suena desde hace tiempo en el Hospital.

Cuando se desató una crisis en el gabinete, durante el verano, hubo otros nombres que sonaron para salir del Ejecutivo. Ariel Álvarez, secretario de Servicios Públicos, con quien se limaron asperezas; Marcela Cuñer, de Turismo y Cultura, con quien no sin roces se acordó el desembarco de un director de Cultura que aún no fue designado y una continuidad que por lo pronto no pareciera estar en duda porque pertenecen a “la banda de los trabajadores”. Un detalle que Cecilio Salazar nunca dejó pasar a la hora de evaluar cualquier cambio que implique mucha foto sin “sudar la gota gorda”.

En ese momento eyectaron a Roleri y llegó Solana en Seguridad. Un cambio que también incluyó a parte de la cúpula policial, que ya produjo dolores de cabeza. Durante la última semana los profesionales de la salud pidieron la renuncia del secretario de Economía, Fabián Rodríguez, un incondicional de la gestión Salazar que tiene el puesto garantizado, aun cuando en el propio gabinete hay quienes extrañan las artes de Mario Sánchez Negrete, “un irremplazable”, como dijo el propio Cecilio alguna vez.

A los médicos los atendió Contreras, un secretario de Coordinación a quienes sus pares no siempre consideran como el gran articulador del gabinete que soñó Ramón, que también piensa en nombres para la Secretaría Legal y Técnica que él mismo dejó vacante y que supo conducir como subsecretaria Paola Basso, antes de la ruptura del radicalismo con el Gobierno local.

Roleri fue el último secretario en salir del Gobierno. Foto: Archivo La Opinión.

El lunes habrá una reunión clave. Pero hay decisiones que estarían tomadas. Cecilio y Ramón ya lo conversaron. En la mesa chica también. Por lo que pudo saber La Opinión, en la ampliada también hubo repercusiones al respecto. La puesta en perspectiva de estos cinco meses ameritan un gesto político, entienden en el entorno de los intendentes, uno en uso de licencia y el otro en ejercicio de manera interina.

Profundizar la política y la gestión, el deseo de ambos. Después de todo, 2023 está a la vuelta de la esquina y no hay más tiempo para dedicarle al “estrellato” que se impuso al calor del verano y con más show y espectáculo que dinero para sanar los bolsillos de los trabajadores de salud, que aún sienten que protagonizaron una epopeya sin más sustento que la voluntad que le pusieron al combate contra el coronavirus.

Cuando llegaron las vacunas la campaña electoral les arrebató la posibilidad de sentir que podrían ser ellos mismos los que inyectaran un poco de optimismo después de haber lidiado con 270 vecinos muertos. En ese y otros sentidos, la gestión pagó un alto precio tras el salto al Frente de Todos.

Aunque todos y todas dicen que “no hay doble comando”, el propio Cecilio bromeó en campaña, cuando todo indicaba que podría ser diputado provincial, que le tendrían que preparar “una oficinita” en el Municipio. Ahora, en funciones en el Ministerio de Transporte, se queda los lunes en San Pedro y vuelve los viernes para estar cerca del devenir del Gobierno local, del que después de todo tiene responsabilidades electorales.

Cecilio era un intendente de 24 horas, los 365 días del año y no había quien resistiera dentro de su equipo una llegada tarde sin sonrojarse. Arrancaba temprano y odiaba que no le respondieran el teléfono. Peronista al fin, siempre creyó en la máxima del General que dice que “los hombres son buenos pero si se los controla son mejores”.

Cuando se fue al Belgrano Cargas, Cecilio se llevó con él a quien fue el jefe de campaña de las Generales, artífice acaso de revertir la derrota electoral de las PASO, Alfredo Carrasco, que dejó la Secretaría de Desarrollo Económico en manos del saliente presidente del bloque de concejales del Frente de Todos, Martín Baraybar, quizás el único que podía suceder a Corti.

Concejal en uso de licencia en Hurlingham, exfuncionario del Gobierno nacional junto a Rogelio Frigerio durante la presidencia de Mauricio Macri, Carrasco es un hombre joven de la política, no tiene ni 40 años, pero con trayectoria caminada y contactos imprescindibles.

Por eso es el nombre que se impone para corregir el rumbo del gabinete y todo indica jurará como secretario de Gobierno en reemplazo de Pablo Vlaeminck a menos que se rompa y se doble una decisión que estaba tomada desde la semana pasada.

El lunes comenzará una ronda de reuniones clave para las modificaciones que ya están planteadas. Además de la Secretaría de Gobierno, en Palacio quieren cambiar la conducción del Hospital para dejar ir a Sualdea. A casi cinco meses desde que Cecilio dejó el Municipio en manos de Ramón, habrá movimientos.
Cecilio Salazar tiene una confianza total en la capacidad de gestión y política de Alfredo Carrasco.

La estrella del expresidente del club de Pescadores y concejal en uso de licencia cuya banca hoy ocupa Rosa Celié —fue quinto en la lista del Frente de Todos el año pasado— se fue apagando de a poco, pero hubo al menos tres mojones que en las últimas semanas pueden señalarse como los que sellaron su futura salida de la Secretaría de Gobierno.

Uno fue la virtual toma de la Municipalidad por parte del Movimiento de Trabajadores Excluidos que tiene asiento en La Tosquera. Las promesas no cumplidas provocaron una movilización que en el Municipio esperaban como una reunión con referentes y fue un verdadero caos, con el Palacio interrumpido por manifestantes y bombos durante toda la mañana.

La situación la destrabó Martín Baraybar, que desde Desarrollo Económico asumió compromisos en nombre del Gobierno que se entendieron como respuestas concretas a las demandas planteadas. Ese día alguien recordó que él fue secretario de Gobierno de Giovanettoni. Otro volvió a plantearle si no le gustaría regresar al cargo. El equipo de confianza de Cecilio y Ramón abrió ese día la última ventana para Vlaeminck.

Pablo Vlaeminck y Hernán Contreras, la “mesa chica” de la conducción actual del Gobierno. Foto: Prensa Municipalidad.

Semana Santa precipitó todo. La noche en la que el intendente en uso de licencia tuvo la desgracia de encontrar sin vida a su sobrino en la puerta de su casa, hubo quienes entendieron que “el show debe continuar” y que alguien tenía que quedarse con Carmen Barbieri en la peatonal de calle Pellegrini. El domingo, Vlaeminck llegó tarde a la obra Jesús de Nazaret y se quedó lejos de la silla que le tocaba, al lado de Ramón.

Parecen datos menores pero no lo son, porque llegan acompañados de un cúmulo de desaciertos en el conocimiento de una función que requiere de entrenamiento previo, formación política y, por sobre todas las cosas, conocimientos profundos de administración municipal: por sus manos pasan todos los expedientes y no sólo hay que firmarlos.

El análisis político y de gestión al interior del Gobierno, más allá de tal o cual gesto, abre las manos y encoge los hombros: la conducción de la mesa chica necesita cambios, capacidad de articulación, estrategia, gente capaz de caminar pasillos ministeriales, conocedores de los actores políticos, sociales y económicos de la ciudad, en fin un equipo de Gobierno dispuesto a dejarlo todo por la gestión, más allá de las fotos y los brindis.

“Hay secretarios de Gobierno que ofician como Primer Ministro y otros, como Primera Dama”, analizó un conocedor de la política local que mira el devenir actual desde el ostracismo pero sin perderse lo que ocurre. Vlaeminck cumplió bien el segundo rol: se mostró, se sacó fotos, representó al Gobierno en lugares donde había que poner el rostro, presentó conferencias de prensa, atendió a quien correspondía y no discutió con nadie.

Los del primer rol, del que la historia local puede nombrar a funcionarios como Abel González, Eduardo Descalzo, Carlos Rotundo, Facundo Vellón, Raúl Cheyllada o Silvio Corti, entre otros, son los que se denominan “animales políticos”.

Aquellos que tienen todo el Gobierno en la cabeza: la historia, la política, los expedientes, la estrategia y el futuro. Son los que no hacen otra cosa que vivir imbuidos de política y gestión. Sin la férrea conducción de Cecilio —Ramón tiene otra impronta y le gusta hacerla valer—, hace falta un coordinador con muñeca, un número dos, un político para la contención y la proyección. Hacen falta cambios.

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