El Country Music Festival regresó con gloria y más de 15 mil almas
Fueron tres jornadas multitudinarias en el Paseo Público, donde familias, fanáticos y curiosos disfrutaron, cantaron, bailaron y dieron cuenta de que la importancia del evento para la ciudad y el país. El fin de semana fue arrollador en materia turística y ya está el diagrama para pensar la edición número 12, a pesar de todo el esfuerzo. “Fue el mejor de los once”, aseguraron desde la organización.
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El viernes a las 17.00, la inauguración del San Pedro Country Music Festival en el Paseo Público hacía presagiar lo que sucedería durante las tres jornadas de esta edición número 11, que llegó luego de que el año pasado no estuvieran las condiciones dadas para que la fiesta tuviera lugar.
Entre 15 y 20 mil personas son el cálculo de los organizadores respecto al público que llegó, se quedó un día, estuvo el tiempo que llevó entre que su banda favorita subió y bajó del escenario, circuló por todo el predio, o bien se instaló durante todo el fin de semana, con reposera, conservadora, la familia y, por supuesto, el sombrero.
Fueron 24 horas de música en vivo, 48 shows, una organización que con 8 ó 10 personas hizo todo, absolutamente todo; un equipo de escenario formado alrededor del festival y que desde hace años hace las cosas cada vez mejor, al punto de que pudo verse sus rostros de felicidad ante la gratitud de cada uno de los músicos que recibieron su asistencia en el escenario, lo que se replicó para los sonidistas, que en esta primera experiencia en el festival cumplieron más allá de las expectativas.
Pedro Ibáñez fue, como siempre, el locutor oficial, que dialogó con el público entre banda y banda para mantener la atención y recordarles a los que estaban en el césped que ellos también son los protagonistas. El domingo se le sumó nada menos que Lalo Mir.
Tres jornadas históricas
Jorge Castillo de Grass & Billy; Juan y Los Planetas; Fede Petro; Blues & Trouble; Muñe & The Poor Boys con su tributo a Creedence; Radio Texas y Rock And Rule Swing Band estuvieron el viernes.
El cierre, hasta alrededor de las 22.30, ya con frío pero con la fidelidad del público, estuvo a cargo de John Mc Inenry con su show Elvis Vive. El protagonista de la película El último Elvis, de raíces sampedrinas, brindó un impecable espectáculo.
Desde su banqueta y con su guitarra eléctrica, acompañado por un guitarrista con electroacústica, un tecladista, un armoniquista y tres coreutas, Mc Inerny recorrió piezas clásicas y no tanto del repertorio del Rey, para demostrar una vez más por qué es uno de los principales intérpretes del país de la música de Elvis Presley.
El sábado superó todas las expectativas. Al mediodía, con los primeros acordes, el Paseo Público ya estaba colmado. A mitad de la tarde calculaban 10 mil personas. La calidad de los espectáculos fue excelente. Mientras bajo el escenario los bailarines levantaban polvareda con su clásica coreografía –imposible para los no iniciados pero tan natural en ellos–, lo que sucedía arriba era de un nivel que, como confirmó Gustavo Laurino, mejoraba lo de años anteriores. “Fue el mejor de los once, artísticamente hablando”, sostuvo.
Para destacar, la precisión interpretativa de Marcos Lenn –con una banda integrada por históricos como Ciro Fogliatta de Los Gatos y Alberto Rodríguez, de Sui Generis–; la expresividad escénica y rockera de Melody Penan & Co –cuyo minishort acercó a las tablas a la platea masculina–; las reversiones de clásicos por parte de la chaqueña Lorena Sartorio –cuyo acordeonista sorprendió por su versatilidad–; y el set de Gabriel Taborda All Show, que comenzó con una versión de Back in USSR de The Beatles, porque no todo es cosa de cowboys en la vida del festival.
Para el final de la segunda y más concurrida jornada, los clásicos: Yulie Ruth y las Ruedas del Sur y Max con los Line Dancers.
El primero recorrió sus discos desde “El country vino para quedarse” –toda una declaración de principios de quien fuera bajista de Pappo–, y dejó para lo último su canción Juntos a la par, que popularizó El Carpo.
Por su parte, Max puso todo: country, folk, sombreros, botas y el show de los Line Dancers sobre el escenario. Sus 25 años de trayectoria se hicieron sentir en el Paseo Público. El sábado había quedado en la historia.
El domingo amaneció con lluvia. El cielo encapotado generó algún temor, pero nada amedrentó al equipo organizador. Al mediodía, The Twin Leaves entregaban lo suyo, tal como hicieron luego Richard Lake, los sampedrinos de música negra King Bee, Chery Collins, Maverick, Joe Moreno, Bronco, Roxy Indica, Ale Verziera, Gabriel Gratzer, los Hickory Wind, Far West, No Bull, Pasto Loco, Southbound, Adrián Tigen, Lajtavary Family Band y Billy La Rocka.
Wanted tuvo a su cargo el último show, con su despliegue cien por ciento country, como si San Pedro fuera Nashville esa noche.
Luego, en medio de los fuegos artificiales, todos los músicos presentes cerraron la edición número 11 del San Pedro Country Music Festival, que fue una fiesta inolvidable, sampedrina, para el país y Sudamérica.
Un balance más que positivo
Para Gustavo Laurino, el festival no sólo cumplió con las expectativas sino que es más de lo que se imaginó como regreso de la fiesta, luego de que el año pasado decidiera no llevarla adelante. “El nivel de todo el festival fue maravilloso”, señaló y aseguró: “La respuesta fue fantástica, emocionante”.
“Hay gente de San Pedro que lo quiere más que yo al festival, lo sienten propio”, analizó Laurino, cara visible de Country2, a cargo de la organización que, una vez más y en un contexto político particular, tuvo muchas miradas encima.
Llamó la atención la ausencia de funcionarios municipales, con excepción honrosa del Secretario de Producción Pablo Ojea y el Director de Turismo Yoyi Villafuerte. El intendente, bastante afecto a mostrarse en eventos públicos, no pasó ni a saludar.
“El año que viene volveré a golpear las puertas en marzo o abril para evaluar lo que necesito y si se puede, lo haremos”, dijo Laurino a La Opinión el lunes, con el resto de voz que le quedó después de la fiesta.
Para el Director de Turismo el fin de semana fue “muy bueno” y analizó que “el Festival es muy importante, más allá de que fue de gran calidad el espectáculo. Los porcentajes de ocupación fueron muy altos, los negocios trabajaron mucho en el centro, hubo mucha gente en toda la ciudad”.
Siempre hay cosas por mejorar
La poca presencia del Estado local se hizo notar. Si había personal de Inspección en el Paseo Público, en los alrededores todo estaba casi librado al azar.
Independencia tuvo a su cargo la cantina, con quejas por algunos precios, venta de alcohol en un espacio público abierto, una disputa con algunos puesteros y una afluencia de gente que por momentos los desbordó.
La venta de alcohol estuvo a la orden del día dentro y fuera del predio. Hasta el hijo de un Secretario del Gobierno municipal aprovechó la fiesta para vender cerveza artesanal en cuyas etiquetas no hay señales de registro sanitario o comercial.
La feria de los músicos, ubicada al ingresar al predio, fue un éxito en todo sentido. Muy bien dispuesta y con atención personalizada, su aspecto y temática contrastaba con lo que sucedía más cerca del río, donde los puestos de venta lejos del concepto “artesanal” tenían desde juguetes a camisetas de fútbol no oficiales, pasando por lentes de sol de plástico y relojes dorados.
El único hecho policial de relevancia registrado fue la detención de dos personas oriundas del sur del conurbano que tenían en su poder 60 gramos de marihuana y dos porros, sospechados de comercializar la droga entre el público.
El Balneario, en medio de la polémica
La cantidad de turistas que llegó a la ciudad colmó la capacidad de reacción y, una vez más el Balneario se vio envuelto en la polémica. Una gran cantidad de acampantes entraron “de prepo” –así lo graficó Yoyi Villafuerte–, a pesar de que les advirtieron que no sólo no se podía acampar sino que no había agua y luces en varios sectores y que los baños no estaban en condiciones.
“No había forma de que entendieran, eran muchos y era incontenible”, dijo el funcionario a La Opinión y confirmó que le solicitó ayuda a los Moto Ratones. “Estaban desbordados y tomaban mucho alcohol”, señaló, al tiempo que desestimó las versiones que daban cuenta de que se les había cobrado. “No es el turismo que queremos en San Pedro”, disparó.
Consultado sobre el puesto de venta de comidas y bebidas –alcohólicas incluidas– ubicado en la esquina sur del Balneario, donde pudo verse colaborar al concejal Horacio Neyra, Villafuerte explicó: “Eso lo autoricé yo. Era el club San Roque, la escuelita de fútbol, hicieron un pedido formal y yo lo autoricé”.
El lunes, luego de la polémica, el Intendente se hizo presente junto a su gabinete en el predio para ratificar que no quiere un camping allí. “Pablo (Guacone) fue muy claro: basta de carpas, se acabó”, dijo el Director de Turismo.
El martes comenzaron a trabajar con máquinas para desarmar la traza de camping: levantar parrillas, bancos y mesas deteriorados, cables y postes de electricidad. “El fin de semana largo que viene no vamos a permitir carpas, vamos a señalizar bien todo”, dijo el funcionario.
