El Consejo Escolar no tendrá Secretario Técnico
Los discursos y promesas contrastan con la realidad de un sector que constantemente necesita atención. El Jardín Nº 913 del barrio La Tosquera, nunca contó con edificio propio, comparte tareas con la Escuela Nº 44 quien le cedió un aula para que los chicos puedan concurrir. Este año unos 25 niños se quedaron afuera por la falta de vacantes a su vez generada por la poca capacidad.
Durante el actual año lectivo 25 niños concurren al Jardín Nº 913 del barrio La Tosquera. Pero otros 25 esperan poder incorporarse aunque sea en el último año de la educación inicial.
El factor principal es la falta de capacidad con que cuenta el establecimiento, que en realidad nunca tuvo edificio, se mantiene por la buena predisposición de las autoridades de la Escuela Nº 44 que desde 1993, año en que se “abrió el jardín”, les cede un aula para que puedan dictar clases.
La falta de espacios hace que la matrícula sea inferior y que por ejemplo en este año unos 25 chicos se quedaran afuera, contrastando con la problemática social de un barrio que necesita que a los 3 años los niños concurran sí o sí al jardín.
Año tras año, las ilusiones de los padres se renuevan esperando que algún día las autoridades provinciales se decidan a tomar una determinación, pues los trámites vía Consejo Escolar se realizan. Todavía no se han obtenido respuestas. Se ha pedido la apertura de más salas, pues al haber una matrícula superior se había proyectado dividirla en dos turnos, pero todo quedó en la intención.
Al no contar con edificio propio, el Jardín Nº 913 depende demasiado de la Escuela Nº 44 ya que se comparte todo y las docentes deben coordinar las actividades para no mezclarlas con los alumnos que van desde los 6 hasta los 14 años y en total suman 150 en los dos turnos.
La problemática va mucho más allá, pues la falta de espacio ha provocado que los niños no puedan desarrollar sus tareas como en cualquier otro establecimiento, por ejemplo, quienes concurren no conocen lo que es un recreo. El patio de la escuela ya es pequeño para sus propios alumnos entonces se tomó la determinación de permanecer en el salón. Los chicos ingresan a las 8 de la mañana, desayunan, comienzan con las actividades diarias y si es necesario se hace lugar en el mismo salón, se corren las mesas y al mediodía almuerzan. Además se comparten los sanitarios, los niños se higienizan en un balde, y para hacer sus necesidades deben ser acompañados por las docentes quienes a la vez hacen guardia en el lugar.
El jardín cuenta con dos docentes que se encargan de todas las tareas, pues no tiene personal auxiliar, ni profesor de Educación Física, ni profesora de Música. Cuentan con la colaboración desinteresada del personal auxiliar de la escuela que les dan una mano, todo debido a que la matrícula no le permite incorporarlos.
La ilusión de los padres y docentes es la de poder construir el jardín en los terrenos cercanos a la escuela y a pesar del acercamiento con los diferentes gobiernos de turno nunca se supo nada, no piden mucho: con tres salas, una cocina comedor y patio “se las arreglan”, dicen.
Parece increíble que un barrio que es utilizado constantemente como plataforma electoral de muchos políticos, esté viviendo una situación increíble donde los chicos deben esperar o concurrir al jardín que les corresponde pero en inferioridad de condiciones.

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