Con una lectura parcial y económica de la realidad, este semanario cubrió la noticia del juicio a tres jóvenes vecinos nuestros que se dedicaban a comercializar o consumir drogas, en la nota se destaca cuánto gastó el aparato judicial para movilizarse hasta nuestra ciudad y montar el escenario del juicio oral. Creo, sinceramente, que cualquier causa donde se juzgue el flagelo de la droga no merece ni amerita ser “medido” en términos económicos. Ni la justicia, ni la salud, ni la seguridad, ni la educación son mensurables en términos de dinero.
El tema de la droga fue esencial para que impulsáramos con el Intendente FARABOLLINI la venida de una delegación de la Policía Federal, que en la realidad de los hechos poco y nada hizo para reprimir las conductas ilícitas vinculadas con ese azote de la humanidad. Eso sí, pudimos obtener pasaportes, cédulas de identidad, y otras documentaciones con el mero recurso de ir caminando hasta la calle Millán. No era, reitero, ese el objetivo sino el otro y recuerdo hasta una denuncia del Padre CARLOS sobre jeringas y grupos en las inmediaciones de la Iglesia, a escasos metros de donde estaba la Subcomisaría… demostrando (si era necesario) la ineficacia de sus moradores.
Teniendo cuatro hijos en edad de peligro, varias veces me apersoné a hablar con sus titulares o adjuntos, la respuesta siempre era la misma: “quedese tranquilo doctor, son cuatro loquitos que consumen droga y están acotados. Son siempre los mismos”. Nunca me quedé conforme con esas explicaciones por eso siempre inquirí sobre las reuniones, amigos, juntas, hábitos de mis hijos, y esa actitud me ha costado varias rabietas y desagrado de su parte porque uno hasta “mete” la pata en esa actitud, aunque yo era bien conciente de ello, pero el miedo o repulsa a la droga superaba cualquier encono familiar.
Convengamos que el narcotráfico en la Argentina se ha enseñoreado gracias a la actitud “tolerante” de muchos funcionarios públicos de distintos gobiernos. Eso es bien sabido por la población, por eso a la sociedad sólo le queda el recurso de defenderse a sí misma, organizándose como lo están realizando el grupo de Padres en Acción y otras asociaciones, que deben articular una tarea común, destinada a prevenir y salvar, con proyectos superadores, de tamaña desgracia a nuestros jóvenes.
Como será el fenómeno de grave, en especial en Buenos Aires y sus conurbanos, que el otro día caminando por Avellaneda me encuentro con un candidato a concejal originario de una villa, el “Tiburón” Nuñez, quien luego de explicarme el “modus operandi” de los asaltos a personas, propiedades, etc. me dijo: “ a pesar que a mí me conocen de toda la vida, a la noche cuando vuelvo tarde de las reuniones me tomo un remise” y agregaba, “lo que pasa es que los muchachos se “sacan” mucho con las drogas, y no respetan a nadie”.
Como ven es bien grave el tema, y opino que el poder municipal debería dedicarle dinero pero esencialmente tiempo a trabajar para prevenir, controlar, orientar y apoyar a los vecinos. Tampoco en ese tema hemos visto nada, quizá porque no se ven bolsones, colchones o chapas y no trae votos. Otro signo de la mediocracia.
por el Dr. Elvio Macchia

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