Dos chicas golpeadas y amenazadas para robarles la moto y la cartera
Sucedió el sábado alrededor de las 22 Horas en el Barrio Los Aromos. Una de las jóvenes tenía en la cartera el dinero del sueldo y las vacaciones. El robo no figuraba en el parte policial. Un vecino siguió a los delincuentes y vio donde ingresaron con el rodado, pero siguen sueltos.
“Veníamos por la ruta, bajamos a la calle María de Gomendio, como la calle tiene bastantes pozos mi amiga bajó la velocidad, vemos dos hombres, se puso uno de cada lado, nosotras quedamos en el medio, el que venia de la derecha me pega una piña y nos tira de la moto, se notaba que estaban muy alcoholizados”.
Así lo relato una de las víctimas. La joven de 23 años vivió una experiencia que le dejó el trago amargo de la inseguridad. Se trasladaban en una moto Mondial gris, propiedad de su amiga de 20 años que había salido de trabajar; la joven atiende al público en un kiosco de la zona céntrica de la ciudad. Le habían pagado las vacaciones y el sueldo, equivalente a $ 1.600, un mes de trabajo que terminó en manos de dos malvivientes violentos que siguen impunes por las calles de nuestra ciudad.
Ellas son vecinas y se dirigían a sus casas, cuando los delincuentes a cara descubierta las interceptaron, robándoles el ciclomotor, la cartera con el dinero y los celulares.
“Después que me pega la piña, nos quisimos levantar y arrancar la moto, es ahí cuando nos empujan tirándonos contra un alambrado lastimándonos, nos amenazan y nos dicen que no nos movamos”.
Mientras ellos tomaban la moto, su amiga le implora que se lleven todo menos el rodado, a lo que responden que se callen, con mirandas amenazantes. Luego subieron a la moto e inmediatamente cayeron del vehículo, no pudiendo manejar por el estado de ebriedad.
Cuando se fueron una de las jóvenes se dirigió a su casa ya que se encontraban muy cerca. Desde allí le gritó a su papá pidiendo auxilio, “mi papá se sube a su moto y sale a perseguirlos, pero no los encuentra, mientras tanto llamamos a la policía, que tardó 15 minutos y tuvimos que llamar dos veces para que vengan”. Quien corrió con mejor suerte, aunque de poco sirvió, fue un solidario vecino que al conocer la situación siguió a los delincuentes detectando el lugar donde ingresaban. Cuando el móvil policial llegó, puso en conocimiento a los uniformados sobre el destino que tuvieron los elementos robados, pero nunca fueron a la dirección brindada por el arriesgado sampedrino que los siguió en su auto.
La policía dijo que habían pedido una orden de allanamiento que demora más de 24 horas, “imagínate que mientras llega la orden, la moto ya la vendieron y la plata ya se la fumaron”
Misteriosamente el hecho no figuraba entre los hechos del fin de semana que publica la Comisaría local en su parte policial diario, la noticia llega en la voz de la madre de una de las víctimas. Liliana se comunicó indignada a La Radio para hacer público el caso: “Me llamó la atención que no estuviera en el parte, porque le robaron varias cosas y las golpearon, sacando la cuenta le robaron 7 mil pesos, ¿como puede ser que no lo hayan dicho?”.
El testimonio continúa con todo el relato de lo que vivieron las dos chicas, ante la consulta sobre la actuación de los oficiales dice: “Los vecinos reconocieron a los chorros, le dimos los nombres, uno lo siguió, sabíamos dónde estaban y nada, no pasó nada, fueron a la casa de fulanito, vieron que estaba todo tapera -porque no van a dejar la luz prendida- y la moto estacionada afuera y con eso se quedaron, no hicieron nada”. Y agregó: “Por qué no lo dijeron, a mi hija le rompieron las rodillas, me partieron el alma pobrecitas”. Las chicas sufrieron un ataque de nervios producto de la difícil situación a la que se enfrentaron, la suma de impotencia, el miedo, la pérdida de su plata ganada en buena ley, y el desamparo por parte de la Justicia que se sumó a la tardanza de la policía.
“Somos dos chicas que trabajamos, dos empleadas a la que nadie nos regala nada y trabajamos mucho para ganarnos lo que tenemos”, dijo una de las víctimas con tono resignado y un dejo de furia.

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