Donde manda capitán…
La Uocra local fue sede de un enfrentamiento intersindical que terminó con dos personas heridas. Un intento de “copar” el gremio fue desactivado por la conducción actual que ejerce Horacio Azzoni, no sin disturbios, golpes y amenazas. Uno de los sindicatos que más situaciones violentas genera en el país tuvo su capítulo en San Pedro. La compraventa de influencias, en la mira.
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Dos heridos trasladados al hospital fue el saldo de una jornada que quedará en la memoria sampedrina como uno de los momentos más tensos que se hayan vivido dentro de los sindicatos. Los relatos de violentos enfrentamientos entre facciones de la Unión de Obreros de la Construcción (Uocra) se vivieron en pleno centro de la ciudad, en el local que el sindicato tiene en Gomendio entre Arnaldo y Oliveira Cézar.
Una especie de “toma” del gremio por parte de un sector enemistado con el Secretario General Horacio Azzoni terminó a las trompadas, con denuncias penales, armas de fuego que por suerte no alcanzaron a dispararse, movilización desde ciudades vecinas y una certeza: en disputas de poder, manda el que la tiene más grande, el que mayor fuerza puede demostrar, el que es capaz de dar cuentas de que su capacidad de destrucción e impunidad ante la ley es mayor.
Crónica de
una batahola
Todo comenzó a las 8.00 de la mañana, cuando Alberto “Popó” Casas, empleado del gremio, llegó a la sede acompañado por otro hombre que se identificó como “Juan Carlos” pero que La Opinión confirmó que en realidad se llama José Luis Romero. Con ellos había unos 20 jóvenes, vecinos de la zona de los barrios Malvinas Argentinas y Hermano Indio.
Según Horacio Azzoni, Secretario General de la Uocra local, fue Casas quien lo llamó para que fuera porque había “gente de Zárate” que quería hablar con él. Lo que sucedió desde allí en adelante es materia de discusión. Hay versiones cruzadas entre las partes, pero también una reconstrucción que este semanario pudo realizar de acuerdo a lo que tres cronistas vieron por sí mismos y lo que testigos narraron.
Azzoni llegó solo a la sede. Cuando ingresó ya estaba La Opinión. Desde afuera se escuchó que en la oficina a la que ingresó con Romero y los jóvenes –sin Casas, que se había quedado en otra dependencia– lo amedrentaban. Las armas de fuego estaban y este semanario las vio en las cinturas de los protagonistas, incluso a uno de ellos se le cayó en medio de la calle cuando cruzó a comprar bizcochos a la Terminal.
También se escuchó la voz de Azzoni que aseguraba: “Me las van a pagar”, en respuesta a lo que le gritaban allí: “Estás solo, andate, tenés todas las de perder”.
La situación del Secretario General era desventajosa, por lo que decidió retirarse. Algo podía saber: lo habían estado amenazando durante el fin de semana. Lo que tal vez no podía saber es que desde un tiempo a esta parte estaba en marcha una conjura interna para sacarlo del gremio. “Azzoni va tras los pasos de Ansaloni”, se pudo escuchar no hace mucho.
Ansaloni es Ariel. El ex Secretario de Uocra local, expulsado por múltiples irregularidades: cámaras ocultas y cobro de coimas por cifras siderales, desplazamiento de delegados, trabajadores no registrados, micros en mal estado para el traslado de los afiliados y un episodio donde un grupo de personas que responderían a él habrían baleado a un delegado del gremio. Esos cargos los dispuso el Tribunal de Etica de Uocra. Sobre Azzoni decían cosas similares personas cercanas a él mismo, aunque sin pruebas contundentes como para aseverarlo.
El titular de la seccional local radicó una denuncia en la comisaría local por amenazas. Habló de armas y de “un hombre con sobretodo y ametralladora”. El sobretodo se vio. La ametralladora, no. El resto de las armas, como se dijo, también se vieron.
Promediando la mañana, cuando la situación parecía calma y el sindicato trabajar normalmente, con los veinte jóvenes custodios –que no eran empleados de la construcción ni afiliados a Uocra, como dijeron al principio– tomando un trago, fumando tabaco y no sólo, sentados en la vereda, yendo y viniendo, volvió Azzoni.
Llegó con un grupo de acompañantes oriundos de Zárate, donde la Uocra tiene mucha presencia, especialmente en la construcción de Atucha, donde el año pasado hubo tiros, líos y cosa golda en un sangriento enfrentamiento entre facciones.
Con ese grupo de acompañante, Azzoni se sacó la campera, rompió un vidrio de la puerta e ingresó, mientras ocho se quedaron afuera por las dudas, cuatro en cada esquina.
Adentro había una “reunión” de la que afuera sólo podía escucharse gritos. Hasta que en el pasillo apareció la figura de José Luis Romero, a quien golpeaban brutalmente en el piso, hasta que fue arrojado fuera del local, golpeó contra un bicicletero en el que había una bicicleta atada con candado y cayó junto a todos esos elementos, manchando de sangre vereda y calle.
Detrás de él, los 20 jovencitos salieron corriendo en dirección hacia el escape y no se los vio más. Al rato, y tras una serie de nuevos gritos, Alberto “Popó” Casas también fue arrojado a las trompadas, con el cuero cabelludo sangrando por lo que él asegura fueron golpes “con la culata de una 9 (milímetros)”.
“Yo no le pegué a nadie”, se defendió Horacio Azzoni. Como golpeados hubo, ante la repregunta dijo: “Yo no les puedo atar las manos a todos” y agregó: “Si a un compañero le ponen un arma en la cintura, usted salta por sus compañeros”. También dijo: “Afuera no vi lo que pasó, yo estaba adentro”.
Sin embargo, las fotos que ilustran la tapa son elocuentes. Las imágenes, capturadas por el canal de televisión local, muestran cómo Azzoni golpeó a un hombre mayor que estaba afuera del gremio y que había estado allí desde temprano, cerca de Casas, Romero y los jovencitos armados.
También se ve a la policía cuando lo abordan. A pesar de que el Comisario Bustamante, de la policía local sostuvo que ellos habían llegado luego de los incidentes. En las imágenes se ve a dos efectivos. Lo que no se sabe es si no le informaron al Comisario, o éste prefirió no enterarse ni dar cuenta a la Fiscal en turno Gabriela Ates.
Tras el incidente de los golpes, la situación se tornó aún más tensa. Azzoni había recuperado el control de la oficina y aquellos que habían llegado a “expulsarlo” de hecho estaban en el hospital y su “fuerza de choque” huidos.
Lo que siguió fue una importante demostración de poder de Horacio Azzoni. La llegada de micros con personas dispuestas a todo por defender a su “compañero” de San Pedro dio cuenta de ello. Desde Zárate y desde San Nicolás, el Secretario General recibió hombres con banderas, bombos y cara de pocos amigos.
Eso de la intervención
Cuando Ariel Ansaloni fuera expulsado de la Uocra hubo una intervención contra su gestión. De hecho, el titular designado para el interinato fue el propio Azzoni, que luego ganó las elecciones y ahora aspira a conducir la CGT local.
Casas aseguró en diálogo con este medio que “había llegado una comisión de Zárate, que tomó una determinación de que quedaba a cargo el señor César Sánchez, de la delegación de Zárate”.
Por su parte, Azzoni señaló que “la realidad es que no hubo ninguna intervención, yo no fui notificado. Cuando fui amenazado dentro del gremio con armas de fuego y me fui”.
Por estas horas la situación está calma, aunque dentro de la Uocra continúa la tensión y una investigación iniciada para determinar qué pasó con algunos elementos que faltaron tras la “toma” del lunes por la mañana. “Faltó documentación, una notebook, plata de la obra social, no hay nada”, dijo Azzoni. Un apoderado legal del gremio tuvo a su cargo el inventario, tras lo que hubo una nueva denuncia en la comisaría. Ayer la fiscal Ates recibió una denuncia de Casas contra Azzoni por amenazas con armas y agresión.
El que manda
La calma no deja de ser tensa en un gremio donde históricamente y a lo largo del país los entuertos se resuelven por la fuerza. Madonna Quiróz, la interna de Zárate, las de La Matanza y Bahía Blanca, todos casos del último año que dan cuenta de ello.
Por eso el temor al “vuelto”. Por un lado, de los que salieron victoriosos y continúan al frente, que demostraron que su fuerza les permite recuperar lo que perdieron por un par de horas con sólo hacer unos cuantos llamados y movilizar algunos compañeros. Por el otro, los que perdieron y están heridos, después de pasar por el hospital.
Lo que pueda suceder en los próximos días es un misterio. Lo que es certidumbre es que la impunidad, el poder y la fuerza siguen siendo los elementos que ganan.
