Don Antonio celebró –junto a su digna esposa– las bodas de oro de su unión matrimonial. Feliz ellos, feliz sus hijos, sus nietos, sus amigos… Es un acontecimiento íntimo hermoso, que Dios regala a quienes merecen…
Pero en este modesto mensaje, quiero decirles a los más jóvenes que Don Antonio fue durante muchos años, cuando el INTA era su “hogar”, el que recibía todo tipo de consultas de fruticultores, viveristas y todo hombre de campo que quería hacer lo mejor e ir adaptándose a la tecnología que ya avanzaba a pasos agigantados.
Con su sapiencia, su paciencia y su vocación de servir, acudía al primer llamado llevando su consejo y generalmente la solución. Así era Don Antonio, como ahora, sencillo, amable y cumplidor.
Simplemente quería decir esto, que seguramente muchos no conocían y habiendo sido testigo sentía la necesidad de expresarlo como regalo a su hermoso acontecimiento.
Eduardo Luis Donatti.
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