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martes, junio 15, 2021
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Día del escritor bonaerense: “La eterna marca del escritor” y un poema de María Inés Stoppani

Este 13 de mayo, en el Día del Escritor Bonaerense, María Inés Stoppani preparó amigos este homenaje. El escrito que se reproduce a continuación lleva de título "La eterna marca del escritor" y está acompañado por un poema de su autoría también, dedicado a la escritora sampedrina Mirta Mantovani.

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La eterna marca del escritor

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Por María Inés Stoppani

El escritor llega a nuestra realidad, la entrecruza con su mundo y la transforma sin querer o adrede. Nos ayuda a evadirnos de la vida, nos impulsa a comprenderla, nos conduce a aceptarla o a rechazarla.

Nos confunde, nos aclara, nos contagia sus sueños y sus miedos, su amor y su dolor. Nos hace sentir alegría, euforia, bienestar, pasión, pero además soledad, angustia, bronca, rencor, tristeza.  Nos conduce desde el lado luminoso al más opaco de la existencia.

Mientras leemos su obra vamos tocando los puntos de una circunferencia y habitamos la niñez en la vejez, la madurez en la juventud, el otoño en primavera, el invierno en verano, la miseria en la opulencia, el pasado y el futuro en el presente y a la inversa. Es que con su legado, nos envuelve en un torbellino de imágenes, sonidos, colores, aromas, deseos, abandonos…

Esos segundos y minutos, esas horas y días, esos años, que le dedicamos a su obra, nos cambian, pues en algún tiempo o lugar, un pensamiento, un hecho, un personaje, una fantasía, puede volver a nuestra mente y confundirse con nuestra propia existencia. O quizás, nuestro destino pueda estar sutilmente conducido por sus hilos transparentes y sea ese tronco en el que evadimos la realidad, buscamos una pared donde apoyarnos y compartir una alegría, o un consuelo donde llorar nuestra desesperanza. 

La obra del escritor lo sobrevive y sus manuscritos se valorizan con el tiempo, como verdaderos tesoros, pues en los mismos queda mucho de él. Por ello, a través de su obra el escritor es un ser eterno, como si fuera un mensajero de Dios en la tierra.  Al cruzar fugazmente nuestra mirada con el título de su obra, nuestro pensamiento o nuestra imaginación, se activa y deja en nosotros una huella, que es sutil, pequeña, pero que es una marca al fin.

El escritor y nosotros, nos encontramos en un tiempo y vivimos juntos esas páginas de su obra a través de un libro digital o de papel, una narración oral, o en la recreación de una película o en el escenario de un teatro. Allí, en esos pequeños espacios, se multiplica nuestra experiencia, se enriquece o reconstruye nuestra historia.  Entonces, el escritor nos deja esa huella que puede ser diferente en cada uno de nosotros, casi una huella digital, una marca especial, que llamamos la marca del escritor, y que nos va a acompañar para siempre.

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