Del proyecto al monumento
La obra de Rogelio Polesello fue inaugurada un año después de su anuncio por parte de la Presidenta. Desde la pequeña maqueta, hasta el imponente monumento, un recorrido por el camino que llevó desde la idea a su concreción, que quedará para siempre en la Vuelta de Obligado, como símbolo del homenaje a los caídos en la Batalla.
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Por acción u omisión hasta el presente año, el Día de la Soberanía fue conmemorado o silenciado de acuerdo al acontecer político y los múltiples enfrentamientos en el relato de la historia. Fue la Presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner quién saldó las cuestiones de interpretación llevando el justo homenaje a quienes cayeron en la batalla más heroica que se recuerde en cuanto al comportamiento de ciudadanos que dieron su vida junto al ejército frente a las potencias invasoras.
Contando apenas con cadenas montadas sobre bergantines y munición escasa diluyeron la pretensión de Francia e Inglaterra para apoderarse del Paraná dos años después de la gesta histórica. La Jefa de Estado fue la primera en echar luz plena y despojar de discusiones estériles la fecha cuando desde la Casa Rosada el 20 de noviembre de 2009, participó de la apertura de una muestra histórica con la presencia del Regimiento de Patricios.
Allí anunció la creación del Monumento que finalmente quedó en manos de Rogelio Polesello, con el diseño que ahora se erige en la Reserva Natural de Vuelta de Obligado.
La primera versión del monumento fue dada a conocer el día en que el artista y Oscar Parrilli llegaron con una pequeña maqueta para elegir el lugar de emplazamiento. El Secretario General de la Presidencia fue el que escogió la zona núcleo y descartó cualquier otra opción, convencido de que ese era el mejor sitio, amén de que era el único libre para tamaña obra.
Desde allí, comenzaron a trabajar. La Municipalidad fue a Presidencia con una carpeta de obras que querían sumar a la zona, que valió el chiste de Parrilli al Director de Turismo Fabián Bianchi: “No querés que te haga un subte, también”, a las que de todas maneras accedieron sin problemas utilizando los fondos afectados a la Unidad Presidencial del Bicentenario.
Por ello, además de la pieza artística, en el lugar se construyeron las pasarelas de cemento que recorren la reserva, las de madera que culminan en los miradores sobre la cresta de la barranca y el edificio que oficiará como puesto fijo de la Subprefectura.
Amén de las idas y vueltas, las discusiones sobre las formas y la falta de consulta del Ejecutivo hacia el Concejo Deliberante, las obras comenzaron rápidamente y tratando de preservar la “Reserva Natural” de flora y fauna que es prácticamente única en territorio bonaerense.
La obra consiste en un semicírculo de 625 metros cuadrados de diámetro y cuatro metros de altura, conformado por cadenas. A la derecha está ubicada una figura de Juan Manuel de Rosas de tres metros de alto. La base tiene forma de estrella federal de ocho puntas de 8,5 metros de largo cada una. En cada punta, un reflector brinda iluminación a la obra. En el interior del semicírculo hay un banco, una tira flexible de leds y luminarias de bronce sumergidas, sobre las que cae el agua que recorre los 850 eslabones.
