De 8 a 180 peregrinos de María
Como desde hace 11 años un grupo de peregrinos sampedrinos, se toma una semana de oración y sacrificio para rendirle homenaje a la Virgen María y cumplir con sus promesas.
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Ni el sol, ni el frío, ni la lluvia, ni el viento, pueden detener la fe de los peregrinos. Todos aquellos, que por distintas circunstancias de la vida, se unen en un mismo camino que conduce a María. Lo que hace más de diez años, era responsabilidad de la diócesis de San Nicolás, en la unión de todos los fieles de la región que deseaban cumplir las promesas a la Virgen de Luján, hoy se ha convertido en la tarea de un grupo que desde nuestra comunidad, desinteresadamente y sólo por amor a la Virgen, ayuda a llegar a todos aquellos que quieran que sus pies los conduzcan al altar de la Inmaculada.
Una docena de sampedrinos trabaja cada año y todo el año, para que todo esté en condiciones y que el grupo formado por unas 50 personas, emprenda el viaje espiritual hacia el altar de la Basílica de Luján. Con mucho esfuerzo, a través de rifas, venta de parrilladas de pollos, donaciones de vecinos y el apoyo de familias que tienen la posibilidad económica de ayudar, pero que prefieren quedar en el anonimato, estas personas juntan los casi 3000 pesos que necesitan para que todo el grupo pueda decirle a María “aquí estoy, vos cumpliste, yo también”. La mayoría de las personas que participan de esta peregrinación tan especial son humildes, y no siempre tienen el dinero para costear una empresa semejante, es por esto y para que toda esa gente no se quede sin poder cumplir, es que este grupo dedica su tiempo y esfuerzo de forma voluntaria, para que, llegado el momento, los que quieran participar lo hagan sin ningún obstáculo.
Una historia de Fe
Daniel Leiva es el fundador de este grupo de peregrinos que cada año decide visitar a la Virgen de Luján con sacrificio, fe y agradecimiento. Este joven, que cuando hace más de 10 años, invitado por unos amigos emprendió por primera vez el camino a la Basílica, creía en Dios pero no tenía ganas de caminar hasta la casa de María a quien, no tenía nada que agradecer, porque no había prometido nada. La primera noche luego de una larga caminata, en la primera parada, tuvo un ataque de arrepentimiento por haber accedido. El galpón que la familia Di Palma prestaba generosamente a todos los peregrinos de la zona para descansar, parecía un centro de refugiados, medias colgadas, colchones tirados en el piso y más de 500 personas compartiendo historias, comida y oración. Esa noche no pudo dormir, el frío, la ropa húmeda por la lluvia que los había castigado todo el día, los nervios, la ansiedad de no saber que hacer y el cansancio no permitieron que Daniel conciliara el sueño. Con los primeros rayos del sol, el guía los levantó para reanudar el camino. Esta vez, Leiva sin darse cuenta se unió a la cadena de oración, sin querer ya cantaba como todos y sin pensarlo siquiera cargó a María sobre sus hombros. Durante esa semana tomó su comunión y al llegar a la Basílica, su confirmación, pero justo en el momento en que su padrino retiraba la mano para caminar hacia fuera del lugar, el propio Obispo puso la mano en su otro hombro y le pidió que no se fuera y que esperase junto a otro grupo de hombres al lado del altar. No entendía nada y se sentía muy cansado y confundido. De pronto la imagen de la Virgen María estaba nuevamente en sus hombros, pero esta vez era la inmaculada de la Basílica y la estaban bajando, junto con otros, del altar. Cuenta que mientras caminaba, “sólo sentía que la gente me tocaba y agradecía, que saludaban a María y le daban gracias” Cuando llegó a la puerta, un cura le dijo, ”sos un privilegiado, hacía trece años que la Imagen de María no era bajada del altar” Leiva cuenta que en ese momento dijo “madre mía yo en mi comunidad voy a convocar a esta experiencia, voy a hacer que crezcan los fieles del padre y los de tu hijo”. Así fue como durante seis años se responsabilizó solo, de la tarea de organizar y coordinar las peregrinaciones. Hasta que por suerte, o como dice él “porque María los puso en mi camino” han conformado un grupo que, como los apóstoles, tienen la tarea y el compromiso, además de la responsabilidad, de llevar a adelante cada año, el grupo de peregrinación, de prepararlo y de darle y darse fuerzas para seguir a pesar de todo.
De qué se trata
Durante todo el año y Domingo de por medio, se reúnen en la Capilla del Hospital de San Pedro todos aquellos que quieran participar de la peregrinación conjuntamente con este grupo coordinador. Rezan y se preparan para el “gran día”. El 30 de Septiembre es la fecha de salida y quince días antes, todos dejan de reunirse. El día señalado se juntan los que quieren participar y comienzan a caminar rumbo a Luján.
Con un camino trazado de 250 Km., caminan de día y descansan de noche. Acompañados por vehículos, asistencia médica, un patrullero y la Imagen de la Virgen, el grupo camina hacia el encuentro de la Madre de todos los católicos. La organización es impecable y el apoyo está muy bien armado. En cada parada los peregrinos tienen un servicio de asistencia completo, desde su estado físico hasta los alimentos que deben ingerir según la hora del día y que no están elegidos al azar, sino de acuerdo a las necesidades fisiológicas que se deben cumplir, en casos de exigencia física, como esta caminata. En la semana se realizan dos fogones muy especiales en donde cada uno da testimonio de la razón que lo impulsa a hacer esta peregrinación. Las personas cuentan espontáneamente sus promesas, esto se da por la experiencia de convivencia que produce un sentimiento de fraternidad entre los integrantes del grupo. Es una de las características que diferencia a esta, de otras peregrinaciones. La experiencia vale la pena, es lo que dicen todos los que regresan de esta expresión de fé organizada por Daniel Leiva y todo su grupo, es por esto que aquellos que quieran vivir una semana distinta en su vida no debe dejar pasar la oportunidad y el próximo 30 de Septiembre iniciar su paso hacia Luján.
El reglamento
El grupo coordinador tiene una serie de pautas que se entrega a todos aquellos que deseen participar que son: Escencia peregrina (rezar), asistir a todas las misas, ser solidarios con sus compañeros y peregrinos de otras ciudades, respeto ante todo, ser cuidadoso con sus pertenencias, colaborar con la limpieza, bolsos y colchones, llevar mochila: plato, vaso, cuchara, tenedor, aguja e hilo, respetar a los guías, prohibido consumir alcohol en la semana de peregrinación, prohibido llevar armas blancas, horarios para acostarse 22:30 hs. (no salir del lugar), ante cualquier duda consultar a los coordinadores, el que haga lo contrario a esto ¡¡¡ se vuelve !!!!
+ info
Para saber más, comunicarse con Daniel Leiva, coordinador del grupo de peregrinación Caminemos con María, al teléfono 03329-15415354, por email a [email protected], y para mayor información se podrá visitar próximamente el sitio web: peregrinosanpedro.com.ar
