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    Crimen pasional en “Las 150”

    Un menor de 17 años se adjudicó la muerte de Mauricio Miguel Cacho. Dijo haberle disparado a la víctima en las 150 viviendas. La policía secuestró el arma que había sido vendida. En el caso está involucrado un hermano del agresor, que fue liberado. Los testimonios apuntan a un hecho pasional.

    11 de abril de 2007 | 00:00
    Crimen pasional en “Las 150”

    Mauricio Miguel Cacho tenía 26 años cuando falleció en la vereda de la casa ubicada en Javier Rivero 1867, en pleno barrio San Miguel, más conocido como las 150 viviendas.
    Murió en la misma cuadra, a metros de distancia, del lugar en que ocurrieron otros dos crímenes resonantes en los últimos años. El primero, fue el de Miguel Invernizzi, un hombre que murió acuchillado por quien le reclamaba una deuda pendiente. El segundo, en el 2005, tuvo como víctima a Alfredo Arroyo, un joven de 33 años cuyo cuerpo apareció desnudo y con el rostro hundido a golpes.
    Los vecinos manifestaron en innumerables oportunidades que la violencia nunca cesó en esas cuadras.
    Aunque existen detalles confusos y contradicciones en los testimonios, por ahora se sabe que quien le disparó, es un menor de 17 años que se entregó en la Comisaría el domingo a la noche. La policía había detenido horas antes a su hermano, Julio César Torres de 24 años, como sospechoso. Pero el menor se adjudicó el crimen, y poco después la policía secuestró el arma utilizada. Estaba en la casa de otro vecino que dijo haberla comprado de buena fe. Ayer a la tarde, el mayor recuperó su libertad. El menor fue trasladado al Registro de Evaluación de Menores ubicado en La Plata, para que desde allí se dispusiera su alojamiento en un instituto adecuado.
    La fiscalía a cargo de la Dra. Gabriela Ates, todavía no confirmó el móvil que habría llevado a este chico a perpetrar el hecho. Pero los testimonios apuntan a un caso pasional en el que se mezclan varias relaciones complejas, cuyo denominador común es la violencia.

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    “Murió delante nuestro”
    A Cacho le decían “El Pillo”, y así lo conocían en el barrio. El viernes a la noche había discutido con su esposa, Mónica Hermosi. Los vecinos escucharon gritos y luego disparos. Los tiros se produjeron en la calle, a metros de la casa de Manuel Iglesias y Ruffa, donde este joven vivía con Hermosi y los dos hijos de ella, un niño de nueve años y una niña de seis.
    Los vecinos mantienen un estricto silencio, sólo roto excepcionalmente. Una mujer, dijo que pocos minutos antes de las 0.30 horas, escuchó gritos y al salir a la calle, vio caer a Cacho malherido.
    “Ay, Dios mío, es el Pillo, dijimos. Estaba en un quejido, otro chico lo iba a dar vuelta, pero le dije: dejálo así, llamálo a mi marido, llamá a la ambulancia, en eso vino la policía”, relató compungida la mujer. Según comentó, un móvil policial llegó inmediatamente porque los vecinos lo habían llamado antes, al escuchar la pelea entre Cacho y su esposa.
    “Cuando la ambulancia llegó, ya estaba muerto. Lo vimos morir ahí, en la vereda de Javier Rivero 1867”, dijo la mujer. “Yo no lo escuché, pero me dijeron que venía gritando pidiendo ayuda. Dicen que tenía un cuchillo en la mano, pero yo no lo ví”, dijo la mujer. “Si hubiera podido hacer algo por él, lo hubiera hecho porque es terrible ver morir a alguien así”.
    “Lo único que escuché, primero fue como un tiro de escopeta, y después dos de revólver”, agregó la testigo, que luego permaneció hasta las cuatro de la mañana en la Comisaría para declarar. “El perito vino recién a las tres de la mañana. A la que le avisaron enseguida fue a la madrastra de él, que vive a unas cuadras y vino corriendo. Después le prestaron un teléfono para que llamara al padre, y le dieron la plata que Pillo tenía en la mano. Eran 46 pesos”.
    Con asombro, algunos testigos dicen que el menor de 17 años que luego se entregó como autor del crimen, llegó esa noche a bordo de una moto a la escena del crimen. “Miró y preguntó si Cacho estaba muerto, después se fue”, dicen.
    Las sospechas abarcan a su hermano mayor, pero también a otros. “Esa noche, alguien le decía al chico que le dispare, porque total era menor de edad”, dijo un testigo.

    “Me golpeó y roció la casa con gasoil”
    Una de las testigos clave del caso es Mónica Hermosi. Esta mujer de 40 años había contraído matrimonio con Cacho el pasado 23 de Marzo, con quien mantenía una relación compleja.
    “El salió a las 7 y cuarto de la tarde. Tengo agendado en el teléfono que lo llamaron para trabajar y estaba de vuelta en casa”, relató la mujer. “Cuando volvió estaba mal, no sé por qué empezó a enloquecerse”. Según la mujer, Cacho “vino mal de la calle, yo le pregunté qué te pasó en el ojo porque estaba rasguñado y me contestó: “qué te importa a vos” y una serie de malas palabras, me llevó arrastrando de los pelos… A las 9 y pico empezó todo esto, desenchufó el calefón, me dijo que a los chicos no los podía bañar, que no les podía dar comida…”, siguió relatando Hermosi. Entre las agresiones, la mujer recibió un corte con un cuchillo en una de sus manos y un puntazo en su espalda. “Después me agarró con una cuchilla, en la pieza de los chicos… al rato mi hijo Pablo se escapó por la ventana y un vecino llamó a la policía. Cuando él se dio cuenta empezó a gritar: Mónica, hija de mil putas, dónde está el Pablo? Vos me llamaste a los vigilantes”, me dijo. Al ratito salió, a las chapas. Después no vi nada más, yo no te puedo decir quién le pegó el tiro porque yo estaba en una habitación con la nena”, agregó.
    También dijo que Cacho roció la casa con gasoil, intentando incendiarla. “Decí que no andaba el encendedor, que si no estábamos ni yo, ni él, ni mis dos hijos”.
    Hermosi asegura que se enteró de que su esposo había sido baleado más tarde, cuando salió a la calle y una vecina se lo dijo. Pero que recién cuando estaba en la Comisaría, los agentes le confirmaron el deceso.
    La mujer asegura que Cacho había sido amenazado días antes, cuando la acompañaba a buscar a los niños que estaban en la casa de su abuela paterna.

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    Denuncias cruzadas
    Hermosi reconoció haber denunciado a Cacho en varias oportunidades por los golpes que le infringía. “Me separaba, al rato volvía con él, me iba con el padre de mis hijos, pagué como diez fletes para la mudanza”, reconoció.
    Pero la familia del occiso asegura que la mujer también lo agredía, y que dos meses atrás ella lo había apuñalado. “Lo tuvieron que llevar a La Plata”, dijo la madre de Cacho, Mónica Cuels. “Mami, se me voló la paloma, no le voy a dar más plata, me dijo un día”, dijo la mujer para referir una de las tantas separaciones de la pareja.
    Según Cuels, Cacho había purgado una pena de casi tres años por participar de un robo en Salto, pero actualmente trabajaba en el campo, como recolector de batatas. “Mi hijo sabía todo lo que iba a pasar, él puso la casa a nombre de la hermana por algo”, dijo.
    Tanto ella como Hermosi, reconocieron que Cacho mantuvo a fines del año pasado una relación con otra mujer, y que quizás ése podría haber sido el móvil del homicidio. Pero también esa historia sigue siendo muy confusa.
    Lo cierto es que el año pasado, la tortuosa relación que mantenía con Hermosi produjo otro hecho de violencia. El suceso ocurrió en Sargento Selada al 300. En el patio de una vivienda, Cacho apuñaló a un hombre que en principio, pensó que era la ex pareja de Hermosi y padre de sus hijos. Pero resultó ser el hermano de éste, José Duckart, quien fue sometido a cirugía por la grave lesión recibida.

    Menor y único detenido
    Al cierre de esta edición, la fiscalía recibía más testimonios. Todos tienen algo más para decir, pero todavía nadie puede explicar con claridad por qué mataron a Cacho a sangre fría. Las explicaciones de “ajustes de cuentas”, “motivos pasionales” o rencillas entre grupos de vecinos acostumbrados al delito, no alcanzan. Quizá están más acertados los que piensan que fue el resultado de una temible cultura de la violencia que llegó a algunos barrios para quedarse.

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    • Edición N° 784
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