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martes, enero 25, 2022
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Crimen de Nelson Lillo: Piden orden de captura para Marcos Bruzzone, señalado como tercer miembro de la banda

Fiscalía pidó la orden de detención contra el joven oriundo de Río Tala. Noé Gabriel Marcos Bruzzone, de 26 años, está acusado de haber sido quien "rescató" a Roberto Branto Ayala de la escena del crimen, en una moto. Vivía en la parte de atrás de la casa del abatido Pablo Morel en Baradero y testimonios señalan que huyó al conurbano en remis y con parte del botín del asalto al camión de galletitas.

 

El Juzgado de Garantías interviniente en la causa por el asesinato del efectivo de la Policía Local Nelson Lillo analiza la solicitud de una orden de captura para un joven de 26 años oriundo de Río Tala, quien está acusado de formar parte de la banda que planificó y cometió el asalto al camión de galletitas en Rivadavia y Oliveira Cézar.

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Se trata de Noé Marcos Gabriel Bruzzone, quien vivió durante casi toda su vida en Río Tala y desde hace un tiempo residía en Baradero, en una pieza ubicada en la parte de atrás de la casa de Pablo Morel, el delincuente abatido por la policía durante el robo.

Su nombre fue aportado por testigos al otro día del hecho y se lo señala como el conductor de la motocicleta que habría rescatado a Roberto "Tito" Branto Ayala de la escena del crimen para trasladarlo hasta el lugar donde estuvo guarecido 55 horas hasta que lo entregaron a la policía.

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Bruzzone se había ido a vivir al terreno donde tenía su casa Morel hace poco, con su actual pareja, a la que el día del hecho envió en un remis a la casa de la madre, luego de regresar a Baradero, informar a la familia Morel que el joven estaba muerto y escapar.

En remis y con parte del botín, Bruzzone habría ido a “Buenos Aires”, presumiblemente a alguna ciudad del conurbano, a la casa de una tía, con sus hijos, los de él y otra mujer, domiciliada en González Catán, La Matanza.

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El joven en cuestión no nació en Río Tala pero ese pueblo fue su hogar. Allí creció, fue al colegio, jugó al fútbol de chico y trabó muchas amistades. En esa localidad murieron sus padres, producto de las consecuencias del HIV.

Había quedado a cargo de sus abuelos, dos reconocidos vecinos del pueblo. Desde “Buenos Aires”, como se llama a todo lo que esté más allá de Escobar, lo reclamaban otros parientes. Estuvo un tiempo con ellos. Cuando volvió a Río Tala, ya era adicto. En su barrio dicen que su abuelo, ya viejo, murió afligido por el cambio de su nieto.

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Comenzó a frecuentar las banditas de delincuentes del pueblo. Muerto su abuelo, vendió la casa para comprar una en un barrio usurpado, por pocos pesos, donde fue a vivir con su abuela y su pareja, la madre de sus hijos.

Ambas mujeres sufrieron sus arrebatos violentos. La joven decidió dejarlo y se fue. Su abuela, un buen día, también dejó la casa, aunque aseguran que él seguiría cobrándole la jubilación.

Hay quienes lo sindican como uno de los últimos en ver con vida a Nicolás Castillo. Eso lo convirtió, en algún momento, en uno de los tantos sospechosos. Vinculado a las redes de venta de drogas al menudeo, también se lo ubica dentro del auto del que salió la balacera que acabó con la vida de Jesús Gutiérrez. El 24 de febrero cumplirá 26 años. Tiene tres nombres, los tres bíblicos, y un apellido italiano.

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