La marcha por la inseguridad nos dejó algo positivo, aunque nadie contestó o dio respuestas, un pueblo se movilizó exigiendo justicia y seguridad y más que nada recordando al héroe caído, al teniente Gabriel Reyna. Vi rostros acongojados, camaradas envueltos en lágrimas, decenas de policías retirados que en silencio manifestaban su dolor, las victimas de ilícitos buscando justicia después de varios meses y años.
Hubo un desahogo de un policía en actividad que, arriesgando ser sumariado por la actitud, levantó la voz pidiendo lo que otros piden en silencio. El policía está indefenso, desprotegido legalmente, donde ante la mínima duda del accionar la Justicia forma causa y pone en peligro la estabilidad laboral del efectivo.
El delincuente tiene todas las garantías a su disposición y las usa de tal manera que, cometiendo un delito, cualquiera sea su calificación, obtiene la libertad en un abrir y cerrar de ojos, y se pasea entre nosotros como si nada y vuelve a delinquir una y otra vez. Es vergonzoso detenerlos y comprobar que tienen frondoso prontuario, penas pendientes, salidas transitorias etc., etc., algunos exconvictos son punteros políticos y otros consiguen cargos administrativos en el gobierno. Así es todo, mientras tanto el policía arriesga lo más preciado, que es su vida, sacrifica más horas que un trabajador común, y sus extras, llamadas “horas cores”, no llegan a 30 pesos. Debe comprarse su uniforme, sus insignias, que a pesar de algún ascenso el Estado no provee.
En la policía pasa esto desde hace mucho pero mucho tiempo. Le pese a quien le pese, puedo decir que desde el año 1984 a la fecha fuimos cayendo en forma brusca hasta llegar a esto: una policía destruida, desjerarquizada ,con culpables políticos que asentían las decisiones de un superministro llamado Arslanian. Las soluciones están lejos, muy lejos, tal vez inalcanzables, la sociedad está cansada, la delincuencia pretende tomar la calle , el pueblo se enreja para vivir tranquilo por lo menos dentro de sus casas, y las promesas continúan y continuarán por mucho tiempo si no se toman las cosas de manera más enérgica y seria, si no se sientan los diputados y senadores a tratar el tema de excarcelaciones, y se le da una vuelta de rosca, vaya el término, a la Justicia, para que encarcele a los delincuentes, pues puede hacerlo, y no pedir pruebas y pruebas, pruebas para hacer un mísero allanamiento que termina negativo por tantas vueltas.
Hoy la policía está de luto, la caída de un hombre azul, el Teniente Reyna, no debe ser en vano. Debe ser el motor para estar más unidos que nunca.
El policía Gabriel Reyna murió en cumplimiento del deber, es la misión que corre la profesión, entregó lo más preciado de un ser humano, su vida por defender el patrimonio de la sociedad, una madre quedó sin hijo y unos hijos sin padre. Hoy la misma recibirá una bandera argentina y una gorra como consuelo, su nombre estará en el bronce de nuestros mártires, aunque para muchos gobernantes la sangre del policía seca rápido
Adalberto Ruben Leon,
Comisario inspector, Retiro activo – DNI 12.484.487
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