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miércoles, septiembre 22, 2021
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Condenaron a 12 años de prisión a Arturo Paz y absolvieron a su hermano Juan Carlos

Ayer el Tribunal Oral de San Nicolás le impuso esa pena al responsable del crimen del menor de 17 años. Arturo Paz, el mayor de los dos hermanos detenidos por el mismo homicidio, recibió la mayor condena al ser considerado como el autor material del disparo que dio muerte al joven la tarde del 16 de Noviembre de 2002, en el barrio de la Escuela Nº 11. Juan Carlos de 29 años, fue absuelto por esta causa, pero se lo sentenció a seis meses de prisión en suspenso por un robo simple cometido en septiembre de ese año.

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Al cierre de esta edición, el Tribunal Oral de Rosario daba a conocer el veredicto del juicio oral y público que tuvo lugar la semana pasada por el crimen de José Ramón Crespién, el joven que falleció a los 17 años al recibir un disparo en el barrio de la Escuela Nº 11, en Noviembre de 2002.
Los hermanos Arturo y Juan Carlos Paz eran los únicos imputados en el homicidio, aunque con diferentes carátulas. El primero, de 35 años, estaba acusado como autor material del homicidio por ser quien supuestamente disparó el arma homicida, mientras que a su hermano Juan Carlos de 29 años, se lo consideró partícipe secundario en el hecho, aunque también se lo juzgaba por una causa por robo que tenía pendiente. Se trata de un robo simple cometido el 1º de Septiembre de 2002, del que resultaron víctimas Martín Barbieri y Marcia Bueno.
La decisión del tribunal nicoleño, según se conoció ayer por la tarde fue condenar a Arturo a 12 años de prisión efectiva por considerárselo autor de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego. Sin embargo, consideró que su hermano Juan Carlos no tenía responsabilidad en el hecho y por eso lo absolvió por esta causa, pero lo sentenció a seis meses de prisión en suspenso por la comisión del robo simple.
Aunque los dos hermanos permanecían alojados en el penal de San Nicolás, la situación de Juan Carlos era diferente desde hacía tiempo porque gozaba del beneficio de salidas temporales e incluso había solicitado la excarcelación. Con la absolución del tribunal y teniendo en cuenta que estaba detenido desde hace casi cuatro años pero fue condenado a cumplir sólo seis meses, su libertad depende ahora sólo de trámites administrativos.
El debate oral y público se desarrolló la semana pasada y contó con una gran cantidad de testigos porque desfilaron unas 25 personas por el recinto, según confirmaron fuentes del tribunal. Durante dos jornadas, el miércoles y el jueves, declararon ante los tres jueces, y al término se leyeron los alegatos.
El fiscal había pedido entonces la pena de 15 y 10 años para los imputados respectivamente, pero la defensa a cargo del Dr. Gotardo Migliaro por su parte solicitó la absolución de los hermanos y subsidiariamente que se considere el hecho como un homicidio en riña, para lo cuál se debería aplicar el mínimo de pena.
Un aspecto sobresaliente de este juicio, fue que los tres jueces que integraron el tribunal asumieron recientemente por cuestiones de fuerza mayor. La Dra. María Belén Ocariz, quien se desempeñaba hasta hace unos meses como fiscal, presidió el cuerpo ante la licencia por problemas de salud del Dr. Martín Aramburu. Los otros dos jueces, fueron el Dr. Héctor Lescano y Dr. Guillermo Martínez, ambos provenientes de dos Juzgados Correccionales.

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Cuatro años atrás
José Ramón Crespién tenía 17 años cuando el sábado 16 de Noviembre de 2002, murió a causa de un disparo que recibió por la espalda.
Su muerte fue el resultado de una serie de acontecimientos que no estaban entonces demasiado claros pero que habrían comenzado un tiempo atrás, con la relación que este menor tenía con la ex mujer de uno de los hermanos Paz.
Juan Carlos, a quienes los conocidos apodan “Juana” o “Juanita” que entonces tenía 25 años y su hermano Arturo, apodado “Cabezón”, de 31, fueron sindicados inmediatamente como los responsables del crimen. Varios testigos, entre ellos un tío de la víctima, dijeron que el joven había sido golpeado y cuando huía, recibió el disparo fatal.
José Ramón había concurrido esa tarde pasadas las cinco, a una vivienda ubicada sobre la calle Cruz Roja al 300, a metros de la zona de barrancas. La familia explicó después que el chico fue engañado, al recibir una invitación para “ir a jugar a las cartas” a ese lugar, donde estaban los hermanos Paz y otras personas reunidas bebiendo cerveza.
Aunque algunas versiones indicaban que el menor también habría intentado sacar un arma, otros testigos dijeron que el chico llegó en shorts, descalzo y sin remera, y en una bicicleta prestada. Al llegar, habría sido atacado por los imputados que lo apuntaron con un arma, y por eso José Ramón se tiró al suelo asustado. Cuando huía, recibió el disparo pero siguió caminando hacia su casa ubicada en el barrio Hermano Indio. Nunca llegó. Cuando cruzaba el patio de una vivienda ubicada en Saavedra 1500, cayó malherido. La dueña de casa, testigo del caso, estaba “tomando fresco” en ese momento y fue quien llamó a la ambulancia. Familiares y vecinos del muchacho llegaron casi inmediatamente. Antes de morir, José Ramón habría manifestado que el autor del disparo era el “Cabezón” Paz. La herida en el hemitórax izquierdo le produjo la muerte minutos más tarde.
El abogado de los hermanos Paz, basó la defensa en la posibilidad de un tercer atacante que habría sido autor del disparo mortal. De hecho, un amigo de los hermanos, Juan Eduardo Cardozo que entonces tenía 31 años, también había sido detenido en un primer momento pero recuperó su libertad sin que se le adjudicara ninguna responsabilidad.
El Dr. Migliaro explicó en algunas oportunidades que algunos testigos dijeron haber escuchado dos disparos, pero su defendido, Arturo Paz reconocía sólo haber disparado una vez al aire, sin intención de herir al menor.
El caso, más allá de los detalles, fue uno de los tantos vividos en barrios donde la violencia es una cuestión cotidiana. Los mismos barrios en los que todos los días se escuchan disparos, y desde donde se trasladan continuamente heridos de armas de fuego que en general, suelen tener más suerte que la que tuvo hace cuatro años José Ramón Crespién.

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