¿Concurso?
Como es sabido hace poco la Dirección de Cultura de San Pedro convocó un concurso para diseñar un logotipo que conmemore los 100 años de San Pedro. Como yo soy sampedrina y diseñadora gráfica, me entusiasmó mucho el proyecto y, dado que estoy viviendo en el exterior, le pedí a una amiga que pidiera las bases para inscribirme. Pero en la Dirección de Cultura, el señor Donati le comunicó a la persona que fue de parte mía que yo no podía participar, ya que no residía en San Pedro. En las bases del concurso, redactadas por el señor Donati, dice textualmente: “Podrán participar del presente concurso todas las agencias de publicidad; creativos y demás profesionales vinculados a la actividad artística y comunicacional, que se inscriban en el lugar destinado al efecto”. Como se aprecia en el texto citado, en ningún momento se excluye a los sampedrinos radicados afuera. Y como es de conocimiento público en todo concurso (y he participado en varios), lo que no está prohibido, se deduce que está permitido. El argumento de la Dirección de Cultura fue que si en el futuro es necesario adaptar el logotipo a otras piezas gráficas, es necesario que el autor del proyecto esté cerca para facilitar los trámites. La persona que fue a inscribirme le recordó entonces al señor Donati que estamos viviendo en el siglo XXI, y que contamos con todo tipo de facilidades hoy en día para comunicarnos y enviar archivos y mensajes (mails, fax, correo ftp, etc.) y que los diseñadores gráficos en la actualidad trabajan para otros países y ciudades sin ninguna dificultad. (¿cómo harán?). No obstante, el argumento de la Dirección de Cultura podría ser válido, ya que es dicha entidad la que tiene la facultad de decidir cómo quiere organizar un concurso. Pero eso debería haberse contemplado en las bases antes de publicarlas por respeto a los concursantes, y no salir luego a aclarar de palabra que hay un impedimento para participar, cuando tal vez los aspirantes a concursar ya tenían parte del trabajo realizado (como era mi caso). Pero esto no termina aquí. Lo que más llamó mi atención leyendo las bases del concurso fue lo que dice en su artículo 7º sobre la forma de presentar los trabajos. El texto dice textualmente: “La entrega del material debe efectuarse en sobre cerrado, identificando claramente el nombre del concursante. La propuesta...”. Es de público conocimiento entre la gente que participa en concursos que los trabajos deben siempre presentarse con un seudónimo y no con el nombre real del participante (que irá incluido en un sobre cerrado junto con toda la presentación). Esto se hace para garantizar la transparencia del concurso. Cuando se elige la propuesta ganadora, se abre el sobre adjunto para conocer el nombre del participante. Pues parece que en este concurso las cosas son diferentes y los nombres importan mucho. Yo le hice saber esto a la Dirección de Cultura mediante varios mails, pero no tuve respuesta a ninguno. Yo no quiero sugerir con esto que el concurso esté arreglado, puede ser que a los organizadores se les haya pasado este detalle, pero en ningún momento los organizadores rectificaron este error, aún habiendo sido advertidos del mismo. Entonces sí me da que pensar. He participado en varios concursos en España donde vivo, he ganado un concurso por diseñar el logotipo de una ciudad que está a 500 km de mi lugar de residencia, y en ningún momento se me impidió participar por estar lejos. Y esto es lo que más indignación me produce. Que en mi propia ciudad, donde he pasado la mayor parte de mi vida y la conozco como a mi propia familia, no me permiten participar en un concurso para el diseño de su logotipo. En un concurso plagado de defectos, por cierto. Fabiana Estévez.

:format(webp):quality(40)/https://opinionsemanariocdn.eleco.com.ar/laopinion-static/images/logo.png)