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    Concejales oficialistas pidieron reunión a Guacone porque la paciencia se termina

    Martín Baraybar, Fabio Giovanettoni, Nicolás Macchia y hasta Dalmy Butti tienen diferencias con la gestión del Intendente. Se las plantearán en una reunión que solicitaron para esta semana. Le habián recomendado una serie de medidas que esperaban sean tomadas y de las que no tuvieron novedades. La apertura de sesiones ordinarias del Concejo Deliberante sería la fecha límite para decidir si apoyan la gestión.

    5 de marzo de 2014 | 09:54
    Concejales oficialistas pidieron reunión a Guacone porque  la paciencia se termina

    La defensa del Presupuesto 2014 durante la última sesión del Concejo Deliberante dejó heridos a los ediles que representan al Frente para la Victoria en la ciudad. Oficialistas al fin, a Martín Baraybar, Fabio Giovanettoni, Nicolás Macchia y Dalmy Butti les tocó recibir cada estocada de la oposición y contraatacar, incluso a sabiendas de que en algunas cosas el Gobierno de Pablo Guacone falla.
    En plena sesión, Macchia dijo que ellos también tenían una serie de exigencias que le hicieron al Intendente y que esperaban que algunas cosas cambien, por lo que invitaban a los opositores a colaborar en ese sentido. Sin embargo, a los ediles del oficialismo también se les agota la paciencia.
    Consultados sobre esas exigencias, desde el bloque del Frente para la Victoria señalaron que se las plantearán en persona al Intendente. Así le dijo a La Opinión el presidente Martín Baraybar: “Le pedimos una reunión a Pablo (Guacone) para esta semana, porque hay varios puntos de los que queremos conversar”.
    Sin embargo, tanto él como el resto de los ediles prefirieron no enumerar los puntos de las “exigencias” y sólo se limitaron a señalar que son cuestiones que observan que deben ser abordadas para mejorar la gestión, que esperan se pongan en marcha en el corto plazo.
    Miembros del oficialismo después de todo –su pertenencia al kirchnerismo los obliga, aunque también la decisión personal de no dejar a la deriva al Gobierno local–, sostienen que las cuestiones políticas donde se plantean diferencias internas deben resolverse en los ámbitos de debate propios del sector partidario que comparten, “antes de ser ventiladas en los medios”.

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    El ultimátum a Guacone
    Lo que no dicen Baraybar, Macchia, Giovanettoni y hasta el ultraoficialista Butti es que están cansados. Que esperaban resultados concretos desde que el 9 de diciembre pasado asumió la nueva composición del cuerpo y que aún no los vieron. Tampoco dicen lo que se torna evidente en las reuniones de comisión o en el propio recinto del Concejo: la oposición dispara munición gruesa y, muchas veces, la crítica es tan certera que los deja sin palabras.
    A mediados de diciembre pasado la relación de Guacone con tres de esos concejales no existía. Giovanettoni había dado el portazo, Macchia y Baraybar tenían un diálogo mínimo con el Ejecutivo. Sin embargo, en ese momento acercaron posiciones.
    Tras la derrota electoral en la Provincia, el kirchnerismo procuró que en los distritos haya la mínima interna posible y el mandato fue cerrar filas, equilibrar las diferencias y trabajar en conjunto con el objetivo mayor de que Cristina no perdiera fuerza por luchas intestinas.
    En ese marco, los ediles del Frente para la Victoria acordaron con Guacone ser sus espadas en el Deliberativo local, aunque plantearon una serie de cuestiones que veían como necesarias modificar a la brevedad dentro del Gobierno. Le hablaron de la urgencia de cumplir una serie de pautas que consideraban indispensables.
    En ese momento se pusieron como límite la apertura del período de sesiones ordinarias del Concejo, que será el 1 de abril, momento en el que el Intendente hace un balance del año anterior y enumera en su mensaje anual los objetivos para el ejercicio en curso. Incluso hasta le habrían advertido que si no se cumplían las exigencias de mínima se distanciarían del oficialismo.
    Como en casi todas las cosas, a Guacone el futuro le llega tan rápido que no alcanza a darse cuenta que las decisiones que debería haber tomado tras meses de análisis y elaboración las debe resolver prácticamente de un día para otro, con las consecuencias que ello suele tener no sólo para su gestión sino para la vida cotidiana del resto de los sampedrinos.

    Exigencias compartidas
    Cerca del bloque oficialista prefieren no llamar “exigencias” a los puntos planteados en diciembre y que le repetirán a Guacone cuando se reúnan esta semana. Hombres cercanos a los ediles aseguran que lo políticamente correcto es llamarles “instancias de discusión de puntos centrales que es necesario revisar”.
    El eufemismo funciona incluso puertas adentro, donde todos saben que se viene una etapa de debate político de intensidad en el HCD y hay que estar preparado. Por ello, el Jefe Comunal se va a encontrar en la reunión con cuatro personas plantadas, dispuestas a colaborar pero con una visión clara de lo que debe ser modificado de manera inminente.
    La queja dentro del gabinete de Guacone ha sido recurrente desde que tomó la importante decisión de expulsar al barbierismo y recostarse en el apoyo incondicional a Scioli y Cristina. Es, precisamente, que luego de esa no volvió a tomar decisiones de peso.
    “Pablo no define, no toma decisiones, no conduce”, dijo alguna vez un hombre que estuvo sentado en su mesa chica. “Gobernar requiere de firmeza y liderazgo político”, dijo otro conocedor del paño.

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    Puntos de urgencia
    Los ediles le pedirían a Guacone la puesta en marcha con urgencia de puntos precisos sobre los que han debatido internamente pero también con la oposición. El déficit mensual presupuestario, de entre 1,5 y 2 millones de pesos, es uno de los temas centrales, y la mayoría de las medidas apuntan a abordar ese problema.
    Saben que sin resolver ese problema de fondo, cualquier política irá al fracaso, ya que la falta de fondos detiene todas y cada una de las ideas que surgen en áreas con muchas ganas de trabajar pero que ante cada propuesta se encogen de hombros al saberse sin recursos.
    Las medidas Guacone ya las conoce. Fuentes del gabinete aseguraron a que el Intendente las recibió por escrito y que los cambios de gabinete y la emergencia por el temporal retrasaron su debate en profundidad entre los funcionarios.

    Bajar los sueldos,
    controlar y recaudar
    Entre las principales medidas a tomar, los ediles habrían pedido una decisión que ya fue debatida sin éxito y tiene que ver con el bolsillo de los funcionarios. En principio, crear un escalafón que permita establecer categorías para secretarios y directores que incluya topes salariales, incluido el del Intendente. Es difícil, porque habría hasta rebaja en el sueldo básico para todos.
    Pero aún es la propuesta de derogar el famoso decreto 48/08, el de las bonificaciones por título, que beneficia a funcionarios con hasta un 90,9 por ciento del sueldo y alimenta la fiesta desde que el exsecretario de coordinación de Barbieri Facundo Vellón lo ideó. Además, la sugerencia es que ningún funcionario de la planta política reciba incremento este año.
    Como ya publicó incontablemente La Opinión, los sueldos, bonificaciones y horas extras son parte de un verdadero carnaval que exprime las arcas municipales. Los “premios por amistad” –como las horas extras exageradas que publicó este semanario la semana pasada–, implica que por ejemplo haya más de 20 personas con categoría 29, la de “Director”, un cargo político que oficialmente sólo cumplen un puñado de funcionarios.
    El plan de intervención sobre el costo laboral apunta en principio a los funcionarios, pero no sólo a ellos. Controlar el festival de horas extras es una obviedad a esta altura. De hecho, está decretado en el famoso “plan de racionalización”, aunque hasta ahora ningún área logró bajar ese gasto.
    Reducir horas extras y guardias médicas es parte de un proceso que además debe hacer cumplir tanto a empleados como a médicos las horas de trabajo por las que se les paga. Por supuesto, entre las propuestas aparecerá la necesidad de que un médico laboral haga un seguimiento exhaustivo sobre la gran cantidad de licencias vigentes por inverosímiles dolencias y afecciones, generalmente psiquiátricas y extendidas por otros amigos.
    Otro de los puntos que está relacionado con los empleados tiene que ver con la decisión política que debe tomarse en torno a unos 40 trabajadores en condición de pasar a cobrar del Instituto de Previsión Social bonaerense (IPS) vía retiro voluntario.
    La recaudación también es materia de las preocupaciones de los concejales oficialistas. Sobre todo porque notan que la Dirección de Rentas no tiene al día de hoy –ya marzo–, las herramientas para cobrar los nuevos gravámenes que prevé la ordenanza fiscal e impositiva, aprobada en diciembre.
    Aún no habrían comenzado a cobrar, por ejemplo, el derecho por camión cargado a las areneras, a las que por otro lado siguen sin controlar activamente para evitar que el exceso de peso siga destruyendo las nunca reparadas rutas de salida de la ciudad.
    Tampoco habrían agilizado el recálculo de la tasa de seguridad e higiene para las grandes empresas, que de acuerdo a lo aprobado implicará un incremento importante respecto a lo que tributaban. El cobro de cartelería también necesita un aceitado mecanismo que aún no ha sido puesto en marcha con precisión.

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    Un futuro necesario
    La visión del Partido Justicialista es que Guacone está dilapidando el capital político de todos los peronistas y que ello allana el camino para un regreso triunfal de Barbieri. Muchos lo dicen sin tapujos: “Si esto sigue así, nos arrastra a todos y vamos a tener ‘Mario Sigue’ quién sabe hasta cuándo”.
    Claro está, muchos miran el futuro político propio. Están quienes creen que lo de Guacone “es un ciclo cumplido” pero que debe llegar al fin del mandato con la capacidad de que el peronismo pueda plantearse como una “continuidad con transformación y profundización” de esta etapa. Otros le endulzan el oído al Intendente y le proponen su reelección.
    Por lo pronto, no se sabe a quién escucha Guacone. Si es que escucha a alguien cuando está en San Pedro, que son las menos de las horas. La semana pasada, por ejemplo, al menos cuatro de los cinco días de la semana estuvo ocupado con sus clásicos “viajes de gestión”.

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