Nicolás Villalba, el joven sampedrino que se abre camino en los hipódromos argentinos
Con 22 años es uno de los jockey con buena reputación que cada tarde compiten en San Isidro, Palermo y La Plata. A los 11 conoció por primera vez los caballos y al poco tiempo emprendió su sueño en la ciudad del Conurbano de Buenos Aires donde comenzó a estudiar y se fue moldeando como deportista. "Se corre todos los días y es desgastante", admitió a La Opinión.
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Gustavo Nicolás Villalba tiene 22 años y es uno de los jockey con mayor protagonismo y futuro en los hipódromos de San Isidro, Palermo y La Plata donde cada tarde monta caballos de diferentes propietarios en premios donde hay mucho dinero en juego.
El sampedrino se mudó a San Isidro a los 15 años y trabaja en el hipódromo de dicha ciudad del Conurbano de Buenos Aires donde cada mañana entrena a los animales y, por la tarde, se sube a llos para competir. "Se corre todos los días y es desgastante porque, por ejemplo, hay que dar el peso. Se hace dieta con nutricionista para mantenerse aunque a mí no me cuesta tanto", relató a La Opinión el joven que en 2016 se llevó el premio Carlos Pellegrini, máxima estatuilla del turf, al jockey aprendiz porque de 2010 carreras ganó 119.
Sobre su función en la pista, sostuvo, entre risas y sin envalentonar su talento a pesar de que tiene muy buena reputación, que él "va arriba" del caballo de quien lo contrata y que "lo guía un poco". Por ello, temporadas atrás se presentó en un certamen en San Pablo, Brasil, y clasificó para competir en Dubái, Emiratos Árabes Unidos.
El primer contacto de Nicolás con los caballos fue a los 11 años en su ciudad gracias a la familia Armendariz y, desde ese momento, no los soltó más. En su afán por conocer más sobre ellos, se fue a estudiar a San Isidro y en la escuela lo moldearon para ser jockey porque, según le aseveraron expertos, tenía las condiciones ideales. "No sé si esperaba llegar a esto pero trabajando y aprendiendo me fue mucho mejor de lo que esperaba", sostuvo.
Actualmente, Villalba tiene su departamento en San Isidro y regresa seguido a San Pedro a visitar a su familia que dejó en su adolescencia en pos de cumplir sus sueños, situación que describió como "muy sacrificada" pero que no le "costó mucho".
