Coca, una historia perruna que refleja la desidia y la inacción
Coca es una de las perras del puerto que espera un mejor futuro. Abandonada a su suerte, su última cría fue de doce cachorros que sobrevivieron por solidaridad. Todos esperan adopción responsable
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Coca fue en principio “la tetuda del puerto”, así la identificó el matrimonio que día tras día va a la zona de pesca para alimentar a varios callejeros abandonados a su suerte. Coca es grandota y lo primero que se le distingue al verla son sus prominentes mamas agrandadas a fuerza de amamantar cachorros nacidos por desidia y en absoluto abandono, no se sabe cuántas veces.
El origen de Coca (nombre en honor a Isabel Sarli y para no seguir diciéndole “tetuda”) es desconocido. Puede haber sido abandonada en la zona del puerto por alguien de manera intencional o quizá haber nacido de otra historia similar a la suya.
Su pelaje blanco y negro no ocultaba la inmensa cantidad de garrapatas al momento de darle el primer puñado de comida que devoró sin disfrutar, con desesperación.
Ella, Manchita, la Loca, Papá, la Renguita y otros tantos y tantos se van sumando al grupo de alimentados por estos vecinos que llegan hasta el lugar todos los días con el único objetivo de protegerlos, de hacerles saber que le importan a alguien, que algún ser humano, de tantos que los espantan mientras pescan en el sector del desagüe cloacal, los ve. Ellos y otros tantos que desaparecen de un día para otro.
A la carrera llegan todos en busca de su ración en cuanto identifican el auto de quienes les llenan la panza y hacen más feliz su día. Coca se ríe; sí, ríe: muestra sus dientes y mueve la cola intensamente porque sabe que va a comer, babea de felicidad y retuerce su cuerpo.
Coca siempre fue invisible para todos a su alrededor como también lo son sus compañeros, nunca recibió una vacuna, nunca una caricia, una palabra ni fue castrada ni bien alimentada y mucho menos respetada.
No se sabe cuántas veces fue mamá, pero sus mamas indican que han sido muchas y esta temporada de celo, otra vez gestó sus cachorros a la intemperie, con días y noches de intenso calor, entre la tierra y los pastos del descampado.
Como quizás no lo hacen muchas madres humanas, busco un lugar protegido entre matorrales para parir 12 saludables cachorros.
Ante la proximidad de una tormenta, aún recién parida, cavó una fosa con sus patas y hocico y uno por uno trasladó unos cien metros a sus crías hasta el nuevo lugar, más seguro.
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Coca fue rescatada junto a su docena de hijitos bajo la lluvia, una tarde de tormenta y a tres días de parir. Le hicieron un lugar en un garaje para que no pase frío, ni hambre, para curar sus heridas físicas y también las otras, porque aunque sea solo una perra, siente miedo, tristeza y dolor.
Coca es buena con los niños, no “ensucia adentro”, reclama salir, cuida a sus cachorros y espera que su destino y el de sus hijitos no sea tan cruel.
A pesar de los pronósticos desfavorables, sus doce cachorros crecen alimentados, a veces ayudados por mamadera. Ya fueron desparasitados y están a la espera de sus vacunas.
Por estos días hacen sus primeras incursiones en la alimentación sólida por sus propios medios y luego llegará la difícil tarea de incorporarlos a una familia que los adopte de manera responsable y cariñosa.
Apenas pasen los 45 días de crianza, Coca será castrada, así lo han prometido sus protectores.
Al menos ya fue liberada de pulgas, piojos y garrapatas, bien alimentada y cobijada bajo techo.
Los grupos de rescatistas están sobrepasados de casos como el de Coca. Ella representa a cientos en estado de abandono, desidia, maltrato y descuido.
Los lugares de tránsito son escasos y las cuentas en las veterinarias a pesar de la buena voluntad de los profesionales siguen sumando deudas que solo unos pocos ayudan a cancelar.
El Estado local parece poco preocupado y menos ocupado del tema. Y aunque se trate de una cuestión de salud pública, la sobrepoblación de perros y gatos sigue sumando víctimas.
Si se realizaran castraciones constantes, no solo de hembras, quizá la cuestión podría resolverse en algunos años (se estima que en cinco) y de esta manera ir dando solución a la cuestión.
Entre todos podríamos darle mejor vida a esos abandonados invisibles, responsabilizarnos de lo que corresponde como Estado, como comunidad y como humanos.
Abril es el mes contra el maltrato animal, treinta días para tomar conciencia sobre el respeto que merecen quienes no tienen voz, que necesitan de la protección y cuidado de los humanos porque son seres vivos.
El de Coca es sólo un ejemplo de los cientos que se conocen a diario. Un caso más, que valdrá la pena hacer conocer para darle una oportunidad de una mejor vida a estos trece.
Desde finales de abril estará disponible la adopción de esta docena de portadores de amor y fidelidad, con seguimiento y obligatoriedad de cuidado y controles veterinarios.
Las familias que deseen incorporar como miembros a estos cachorros o a su mamá pueden comunicarse al 3329 60 6005 o al 3329 52 7886.

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